lunes, 27 de abril de 2026

Una conversación sobre el amor


 


Una conversación sobre el amor es un diálogo transformado en texto para el #15 de Hormiga Roja. 

 Por Gabriel Delacoste (G) y Lucía Naser (L)  - Diseño de imagen Gabriela Sánchez 

 

Hablar de amor con quienes lo hacemos a menudo puede ser más difícil que con amigues e incluso desconocides. Este diálogo nace del deseo de compartir algunos meollos, fantasías y preguntas en torno al amor por parte de dos personas que conviven en el intento. No faltan en él desacuerdos y diferencias: es desde la intuición de que los lazos más resistentes son los que más se bancan los disensos que nos metemos en el problema del amor, íntima y públicamente. 

L: Me gustaría hablar de la alianza entre pensamiento monógamo y capitalismo. Pienso que la lógica de posesión y acumulación sumada a las de concentración del capital sexual y jerarquías, hace que la sexualidad sea funcional y hasta pedagógica del capitalismo. Entonces la hegemonización capitalista de los sentidos del sexo se une a las reglas del matrimonio y a la reproducción heterosexual de la vida. Hay todo un pensamiento monógamo, que incluye a la infidelidad como su parte necesaria. Entonces poder y exclusividad, control y dependencia, lealtad y engaño, enamoramiento y desencanto, vigilancia y castigos, forman guiones que nos hacen mal. En la cama se performa todo lo aprendido en el resto de la vida. Y esto es un huevo, porque nuestras vidas no son un experimento. Nos rompemos el corazón, nos quedamos destruidos, nos quedamos sin red de contención, en un presente devastador donde recursos afectivos mínimos pueden ser la diferencia, si no entre la vida y la muerte, entre querer vivir y querer morir. Entonces el problema es cómo logramos modos de compañía, de cuidado, de incondicionalidad –en otras palabras, de amor– que zafen de estos guiones basados en cadenas de extorsiones. Incondicionalidad en términos de no tratarnos como cosas, de no salir corriendo al primer desacuerdo o incomodidad. Porque al final amor es prestar atención a lo que le otre necesita y que eso te importe.

G: El amor es dos cosas al mismo tiempo: es una emoción y una institución. La emoción oscila, y al mismo tiempo se compone de muchas sensaciones que son intensas y a veces caóticas (atracción, euforia, nerviosismo). La institución de algún modo se propone organizar la emoción, y usa su fuerza para organizar cuestiones sociales, económicas, de cuidados. Para funcionar necesita de mucho trabajo, cintura, arreglos extraoficiales e improvisación. Entonces tanto la emoción como la institución tienen su torpeza. La gente tiene opiniones muy fuertes sobre eso porque ahí se juegan deseos, miedos, traumas, necesidades y conveniencias profundas. Peor aún porque hablar de estas cosas muchas veces da vergüenza, y por eso la poesía, las drogas y la noche son tan importantes para hablar de amor. Pienso que el amor, al ser una institución, es evaluable políticamente, y que, en su mejor versión, está muy relacionado a la libertad radical y la propiedad común. Y, en la peor, puede ser una cosa explotadora y opresiva. Pero también creo que las formas de politización de estos temas en los últimos años han tenido muchos problemas. Sobre la pregunta de cuál es la mejor forma institucional de organizar las emociones y la vida económico-social de pequeña escala, las discusiones y las experimentaciones de los últimos años no nos han dado una respuesta clara. Más aún porque después vino una ola reaccionaria que quiso anular ese proceso. Pero no niego que, más allá de nuestras confusiones, fallas ideológicas y falta de coraje, algo aprendimos.

L: Está bien criticar, reconocer que hay mucha destrucción de los vínculos en nuestros experimentos; que hay horizontes utópicos que se fueron alejando en vez de acercando, etcétera. Pero hay que valorar las prácticas de libertad que se fueron habilitando y transformando nuestras vidas.Gracias a que la diversidad sexual es algo mucho más accesible en nuestras vidas que hace 20 años, se han ido abriendo conversaciones, acuerdos, experiencias. Y eso nos modifica, más allá de lo sexual, en un plano existencial y colectivo. Nos acerca a la diferencia, con les otres diferentes y con la posibilidad de ser y hacer cosas diferentes a lo largo de nuestras vidas.

G: De acuerdo. La diversidad sexual en sus diferentes formas de existir es necesaria, inevitable, buena. Pero eso no implica no discutir con las formas de politización que se desarrollaron en torno a la sexualidad. Se desplegó en torno a esto un lenguaje que está lleno de problemas. Uno de ellos es que le cuesta dar cuenta de la complejidad de la realidad, quizás tanto como a los discursos de la sexualidad estereotipada.

L: Me convoca mucho pensar las formas de politización de la sexualidad. Porque venimos de un proceso que ha hecho mucho énfasis en el abuso; visualizando cómo el poder y la violencia son parte de la vida sexual y social. Esta lucha contra el abuso es potente, necesaria y en sus términos emancipadora. Pero hay muchas formas de politización de la sexualidad. Ahora en mayo empezaremos junto a Silvio Lang la tercera edición de un club de lectura que justamente llamamos “Repolitización sexual”, y una de las preocupaciones que nos vienen movilizando es en torno a la generalización de un pánico sexual y un punitivismo en nuestras relaciones íntimas y afectivas. Hablábamos recién de que en el sexo se manifiestan un montón de relaciones sociales, pero también es un espacio tremendamente productivo. Prácticas sexuales más libres generan también transformaciones en la vida que no solo afectan al sexo sino a cómo y con quiénes vivimos. El pánico sexual, la persecución de las disidencias prosexo incluso a la interna de algunos feminismos son muy funcionales a este neofascismo, lleno de incels y resentimiento. La crisis de la sociabilidad es también una crisis sexual (y viceversa). En el otro extremo, tengo que decir que habito comunidades donde hay mucho experimentalismo sexual pero cuesta mucho hablar y pensar las relaciones. Hay mucha banalidad, mucha desinteligencia afectiva, también mucho fundamentalismo del “yo siento” muy basado en un egocentrismo que no está dispuesto a dejarse afectar por lo que siente le otre. El trauma de una historia de ninguneo a las emociones produjo una sobrecompensación por la cual las emociones se toman como verdades indiscutibles y el diálogo no llega ni a empezar. De esas experiencias veo que mucha gente sale malherida a buscar refugio en relaciones convencionales. Yo no quiero dejar atrás estos intentos como un (mal) sueño adolescente. 

G: Nosotros tuvimos suerte, y encontramos un balance entre lo convencional y lo no tanto. En este punto es donde yo creo que hay que reivindicar la estabilidad y la posibilidad de proyectar cosas en el largo plazo. Para mí el nexo entre la mejor versión del amor-emoción y el amor-institución es la confianza, que nace de la repetición de buenas experiencias, o de la buena gestión de malas experiencias. La confianza es una gran habilitadora de la libertad. Estoy convencido de que la pareja convencional no es la única forma de hacer eso. Sí es la más fácil, pero solo porque está favorecida histórica, institucional y culturalmente.

L: Estamos en un momento social estallado, en el que las relaciones amorosas son, lejos de un sostén, una de las mayores fuentes de inestabilidad de la vida afectiva y material. Quizá tenemos un vocabulario para practicar e imaginar la “estabilidad” en la pareja, pero a mí me interesa pensar en la durabilidad, en la sustentabilidad, en las temporalidades de nuestros vínculos, sean amorosos-sexuales, amorosos-amistosos, amorosos-vecinales, amorosos-sanguíneos. Cómo estamos juntes a través de dificultades, etapas y desencuentros no se resuelve con una receta. Pero de lo que sí me agarro es de la idea de que se necesita interrumpir el narcisismo para estar con otres. Creo que nos faltan palabras y hasta hay un cierto tabú en torno al compromiso. Es una palabra cooptada por la normatividad, por la izquierda tradicional, por una ética que ha mostrado sus falencias. Sin embargo recuperar la pregunta me urge. Con qué y porqué nos comprometemos con personas, causas, vínculos, colectivos. Un compromiso que acompaña pero también sobrevive a las microcrisis que tenemos todo el tiempo con las cosas. Yo no quiero hablar de compromiso solo en la pareja: quiero pensar quién va a cuidar enfermes o de viejes a les amigues y amores que están construyendo sus vidas por fuera de la estructura familiar, por fuera de la heterosexualidad, la pareja y les hijes. A mí me gustaría comprometerme a estar tan seriamente para elles como para vos. Siento que hemos naturalizado dejarnos soles. En seguida viene la pelea, la expulsión, el rompimiento irreversible polenteado por el orgullo. Creo que ahí la monogamia ayuda mucho a esas escaladas en términos de lo que plantea Sarah Schulman en “El conflicto no es abuso”. Las lógicas de propiedad hacen que se pierda de vista al otro. La selfie no es solo una producción visual, sino que crea un imaginario narcisista que nos entrena en mirarnos a nosotres mucho más que a les otres. Incluso refuerza esta lógica de los afectos como mercancías cuya acumulación genera acumulación. Estás con le otre para mostrarle como “tu vínculo”. Imaginamos a le otre a través de nosotres y a nosotres a través de le otre. Y apenas ese espejo se distorsiona nos toma el impulso de la huída. Entonces ¿cómo estamos imaginando las relaciones? ¿Cómo esas imaginaciones condicionan los afectos y los acuerdos que construimos?

G: Creo que en este punto no está mal salir al encuentro de cierto conservadurismo. No en el sentido de la ideología política, sino de cierta simpatía hacia lo viejo, hacia el realismo. Eso de “lo viejo sirve”, incluyendo a la vieja izquierda. 

L: Pensar en lo viejo me hace pensar en la relación entre amor y tiempo. Podemos pensar por ejemplo entre la relación entre el tiempo más dinámico y fugaz, de la experimentación, y un tiempo más largo, lento y duradero de la vida misma. Entonces, ¿cómo se juegan los acontecimientos que suceden en experiencias más libres, más espontáneas, más pasajeras, y los que van como acompañando el decorrer de toda una existencia? El tiempo es un ingrediente de las relaciones y se organiza mucho por lo que Vasallo denomina el “pensamiento monógamo” (que está relacionado pero no es lo mismo que la monogamia). El relato monógamo es progresivo y exitista: empezamos a salir, nos hacemos novies, conocemos a la familia de le otre, nos vamos a vivir juntes, etc. La cosa va bien si sigue ese guión. Si no, si algo baja, es señal de que no es por ahí. Hay una expectativa, casi una exigencia de intensidad por etapas que borra la importancia de lo experimental y lo fugaz y sobre todo nos saca de la atención a qué está pasando y qué nos está pasando realmente en cada encuentro.

G: Para mí ahí hay un trabajo muy fino y muy difícil, que es como el reverso de la crítica a la monogamia. Digamos que está todo mal con la monogamia. Ahora, cuando uno quiere pensar qué sí quiere, se tiene que hacer la pregunta de qué de la monogamia hace que funcione tan bien. No porque sea algo bueno o disfrutable. Para algunos lo es, para otros no. Lo que estoy diciendo es que se logra reproducir como institución. Entonces vos podés decir que si no hay progresión se entiende que la relación falló, y eso es por el pensamiento monógamo. Está bien, pero también las cosas sí fallan. O sea, me parece que no podemos negar el hecho de que sí suele suceder que cuando un vínculo está aumentando de intensidad y después baja, esa baja tiene que ver con que algo no nos gustó, con que algo no cuadró. Aunque también esos momentos que pueden ser dolorosos a veces producen reconfiguraciones lindas. No es que las cosas siempre tengan que subir: me parece que justamente un amor libre bien organizado implicaría no tanto eso, sino que las relaciones logren ensamblarse siendo que todas existen. Y ese pensamiento es importante, no solo en relación al sexo, sino también en la familia, las amistades, hasta el trabajo. O sea, poder pensar que las múltiples cosas que pasan en la vida del otro no son una amenaza a la relación, y que es posible ensamblarlas de forma inteligente, más allá de los estereotipos que tenemos a la mano en la cultura dominante, que son muy limitantes y poco realistas. Al mismo tiempo, consignas como la abolición de la familia no me cierran, por lo menos para nosotros, que lo que tenemos y queremos tener es una familia. Entonces la pregunta es cuál es el objetivo: ¿romper una institución o reconfigurarla para construir mejores formas de relacionarse?

L: No es un pensamiento contra toda institución, prefiero plantearlo como qué tipos de acuerdos colectivos que podemos ir actualizando son permeables a aprendizajes y a la diferencia. Por eso me parece interesante esto del amor-institución que traés, y qué tipo de instituciones alternativas son posibles. Yo cada vez desconfío más del espontaneísmo. Creo que necesitamos marcos colectivos que nos orienten, que nos (dis)pongan a crear sentidos con otres. En nuestro caso estamos construyendo una familia que de lejos se puede ver como una emulación sin fisuras a la tradicional pero que desde dentro tiene sus fugas a veces ruidosas, a veces invisibles, a veces ambiguas, a veces acordadas, a veces a los tumbos. Fugas de la lógica patriarcal y la asignación de derechos y deberes según nuestros géneros. Fugas de la lógica económica de la familia capitalista por la cual tendríamos que estar ocupades en acumular y asegurar un futuro para “les nuestros”, fugas de la dinámica familiarista llena de exigencias, consumos y estándares. ¿Las fugas son totales? No. Pero hay varios devenires típicos de la familia típica a los que no respondemos y yo no necesito más que esas prácticas para sentir que no estoy reproduciendo la estructura familiar que no quiero y de la que huí en mi adolescencia. Lo excesivamente reactivo termina siendo super dependiente de lo que quiere combatir. Ciertas estructuras vinculares; la normatividad de la vida familiar, los estilos de crianza, las jerarquías, los silencios, las culpas, las lealtades, las opacidades, las dependencias, de todo eso sí me gustaría zafar. Mucho tiempo estuve convencida que el único modo era evitar tener hijes y hasta el amor. Pero –con mucha terapia de por medio y empatizando al infinito con esa yo del pasado– más tarde me permití ver que en el fondo sí tenía ganas de todo eso y aunque fuera un intento riesgoso quería atravesarlo. Pero no fue en abstracto, ese deseo apareció por el encuentro con otre (contigo) y la confianza que se fue generando ahí. Ahora, las mismas preguntas que tengo sobre el poder y el amor, me las hago como xadre, llena de dilemas éticos y del deseo de cierto horizontalismo como antídoto a la jerarquía patriarcal-matriarcal y adultocentrista. 

G: Estoy de acuerdo con eso, hasta cierto punto. Cuando tenés hijos muchas decisiones las tienen que tomar los adultos. Y eso no es una jerarquía arbitraria, es una autoridad legítima, necesaria y buena. Pero eso también tiene su reverso, porque la autoridad te la tenés que ganar. No lográs que el otro haga lo que tiene que hacer cagándolo a pedos (aunque a veces lo cagás a pedos), lo lográs técnicamente y éticamente, con el ejemplo y el manejo inteligente de las situaciones. Pero igual es autoridad. Entonces, yo estoy de acuerdo con lo que decís, lo que me cuesta es cómo relacionar eso con un lenguaje muy total contra la familia, contra la pareja, que me parece que habla de cosas que no son estos problemas.

L: Claro, pero la reproducción heterosexual de la vida que la familia típica se encarga de encauzar y policiar es un problema real. Cómo se distribuyen las tareas domésticas, cómo se reparte la energía de producir seres humanos, qué se espera de una mujer en términos de atenciones y tareas, de cuidados y acompañamientos, de las preocupaciones por el detalle. Lo que rechazo son las enormes y vigentes diferencias en lo que un hombre y una mujer “de familia” tienen permitido hacer o no hacer, la actualidad del arquetipo de la madre que ha sido reforzado por una nueva alianza entre consumo naturista, crianza respetuosa, y la doctrina de “tradwife”.

G: Sí, pero hay que ser más precisos. Porque por ejemplo mencionar a la madre en general como algo que es problemático… es hablar en consignas muy totalizantes que hacen difícil que entendamos qué es bien lo que estamos diciendo. Creo que justamente se trata de poder separar ideas como padre, madre o familia de esas ideologías reaccionarias que están proliferando con cada vez más fuerza.

L: Es evidente que no estamos del todo de acuerdo. ¿Qué te parece que es lo que sí nos encuentra?

G: Bueno, cuando hablás de las dinámicas de la lealtad, el engaño, el desencanto, el abandono… el problema de la incondicionalidad me parece crucial. La necesidad de escuchar lo que el otro necesita. Entender que nuestra realidad no es un experimento, sino la única vida que tenemos, lo que hace que sea necesaria cierta inteligencia para la experimentación. También cómo en el sexo se ponen en escena muchas cosas que suceden en el resto de la vida. Para mí entrar en esas cuestiones es muy importante. La crítica gruesa ya está hecha, y tiene grandes problemas. También por las limitaciones de quien escucha, y me incluyo en eso. Creo que la gente que está más adentro, de forma académica o militante, de estas discusiones, sabe interpretar las consignas, las sutilezas, no escucha de forma literal. Para los que no estamos tan adentro es más difícil.

L: Claro, a mí me interesa pensar en las cosas que nos pasan y no en un ideal impracticable. Pero en un punto sí hay un horizonte medio utópico que me gustaría tener en cuenta, que esa estabilidad de una red afectiva, que si pudiéramos elegir, aparte de hacerla de a pares me gustaría que se desplegara más expansivamente. Eso nos modificaría nuestras maneras de amar y de coger y de todo. Incluyendo nuestra economía. Y viceversa, si pudiéramos transformar las experiencias más expansivas y experimentales, en formas vivibles de hacer comunidad… Eso implica sacar al amor de la limitación de la estructura de pareja y familiar. Por ejemplo, cuando nos ha pasado de tener otros vínculos en los que de repente pasan cosas muy fuertes, que no son solo sexo, sino amor, el escenario de temas y afectos no respondía solo al encuadre del “sexo libre”, sino justamente al amoroso. Reconocer eso, lo que nos va pasando. Los momentos de desfasaje entre el amor-emoción y el amor-institución, que se producen y mucho y necesitan de actualización de ambos.

G: Eso es real. Es importante al mismo tiempo entender que esa parte nunca la terminamos de lograr. Hubo momentos en los que quizá estuvo más cerca. Pero es muy difícil. Un verdadero defensor del amor libre nos diría: obvio que les pasa eso, porque tienen una pareja jerárquica y eso hace estructuralmente imposible que eso otro funcione. Es un argumento válido. Pero más allá de eso, yo creo que lo interesante es pensar en las geometrías de cómo las relaciones puedan enganchar, que tengan sus asimetrías pero también sus simetrías. Es difícil.

L: Las comparaciones nunca van a cerrar. La igualdad entre los vínculos no existe, más allá o más acá de vínculos “prioritarios”.Tampoco da hacia adentro de las relaciones, por ejemplo esta, que es una junta entre un demisexual y una pansexual con cierto gusto por el sexo anónimo y no recurrente. Que a veces queremos y otras veces ni queremos coger. Porque hay que reconocer que cargamos con tremendo cansancio emocional por el estado del mundo y de las vidas.

G: Eso sin duda es así, es algo de época. He visto muchas relaciones romperse simplemente por cansancio. Pero creo que también es interno al problema en el sentido de que una pareja, con toda su complejidad, es de todos modos una cosa relativamente sencilla. Una comunidad donde existen múltiples relaciones que incluyen parejas convencionales, parejas abiertas, exparejas, amantes, gente que no está ni ahí con que pasen cosas, diferentes orientaciones sexuales, es una cosa extremadamente compleja, que requiere un nivel de inteligencia individual y colectiva altísimo. Y además tenés que sumarle a eso la dificultad para hablar estas cosas: “a mí me atrae tal, pero eso está jodiendo esto otro, entonces tenemos que…”.

L: O reconocer las dificultades de sostener un acuerdo, o llevar a palabras las emociones que no encajan con los relatos ideológicos que tenemos sobre el amor. Ahí se pone divertido, ¿no? Si vos quisieras resumir lo que querrías decir, ¿cómo sería?

G: Por un lado que estamos en un momento de subestimación del amor-institución y de todo lo que eso trae en términos de estabilidad, confianza, capacidad de pensar a largo plazo, tranquilidad. Yo creo que eso es muy importante. Pero también que de algún modo hay que despegar el problema abstracto del amor-institución del problema de la forma estereotipada de la institución. Si vos querés criticar cosas de cómo funciona eso, de todos modos en tu vida necesitas compañía, estabilidad… Eso es una reivindicación del amor libre en el sentido que vos eso lo podés hacer de mil maneras. Después es difícil, pero poder, podés. Y una vez que funciona, que organiza la vida, es institución. Hay una relación muy compleja entre experimentaciones que existen de forma discreta y otras que se transforman en institución. Para mí en los últimos años fue todo un aprendizaje, pero que al mismo tiempo reconozco como un proceso fallido en el sentido de que no pasó lo que esos momentos más utópicos permitían avizorar, y sin embargo no es que no pasó nada.

L: A mí la palabra que me viene es amistad. O sea, qué forma pueden tener relaciones largas en las que esté en juego la incondicionalidad. Me parece que arrimar y frotar un poco al amor con la amistad puede ser un camino. Pienso en momentos en los que aparece el amor en un vínculo sexual que no responde a la “evolución progresiva” de la monogamia romántica. Ante ese imaginario tan poderoso socialmente, lo que sí tiene chances de ocurrir o ocurre muchas veces nos decepciona, nos cuesta creer en su valor. Y ahí la frustración nos aleja. Quizás si hubiéramos podido desactivar la expectativa o la demanda, la frustración no hubiera sucedido y hubiera sido otro el devenir. En los casos en que se siente un gran amor conviviendo con una alegría sincera por lo que está pasando en la vida de le otre y de la que no sos el centro: eso es una belleza. A mí me interpela esa cuestión de las jerarquías entre parejas, pero el problema puede estar en cómo las relaciones, digamos “secundarias”, se comparan todo el tiempo con la “principal”, en qué términos, desde qué lógicas de competencia. Y vinculo eso al tema de las temporalidades de los amores: cómo lo que aparece convive con lo que ya existe y ya organiza la vida; cómo lo que vivimos antes afecta los presentes relacionales que inauguramos o fantaseamos. El tiempo… será muy cuarentona mi reflexión, pero estoy en eso. 

G: Y eso requiere un entrenamiento. Hay que poder bancarse ser el secundario de otro, y entender lo que implica ese rol. Que bien organizado puede ser precioso, pero que, igual que todos los demás, tiene sus angustias, e implica poder aceptar límites y negociaciones que al interior de esa relación aparecen como arbitrarios. En un punto, fallan las dos cosas: porque uno podría decir que el problema es que como hay una progresión implícita, al momento que aparece un límite por la forma como está organizada la vida previa de la otra persona (sea monógama o no, porque a veces se encuentra un límite porque la otra persona sabe que quiere estar sola, o tiene una idea muy precisa de lo que quiere) el proceso se disuelve porque solo podía seguir existiendo si seguía progresando; pero también sucede que simplemente no funciona, o sea que vínculos en los que quizá nunca estuvo implícita esa progresión de todos modos no le encuentran la vuelta. Y eso en buena medida son fallas de negociación, en las que no se logra poner arriba de la mesa las cosas. La pregunta para mí, siempre que nace una relación (de casi cualquier tipo), es: qué hay para hacer ahí, y si yo estoy para hacerlo. Puede pasar que sí o que no, y también que me tenga que hacer la pregunta si hay que cambiar algo de la situación anterior para poder hacerlo, y si estoy dispuesto. Porque cuando uno entra en la vida de una persona, uno no va a hacer lo que uno quiere, sino que solo puede hacer algo si es compatible con lo que la otra persona quiere. Pero para que eso funcione todos tenemos que saber lo que queremos, y tener el mínimo de inteligencia y autocontrol para no cometer errores idiotas.

L: Claro, no es solo una pregunta sobre las múltiples formas del amor, sino de las formas como se encuentran o no sexo y amor. Para mí ahí aparece también este tema del individualismo. Hay una paradoja en cómo estar en contacto con las emociones implica una introspección que encierra a las personas en sí mismas, cuando en realidad las emociones, los afectos son fundamentalmente cómo nos afectamos con otros, son sociales.

G: Incluso para mí hay un punto en el que la expresión inmediata de la emoción muestra un déficit de capacidad de darle lugar al otro, e incluso una manipulación. Atrás de la autenticidad descontrolada algunas veces hay un ejercicio del control. Hay una línea muy fina en cómo evitar el egocentrismo pero no anular lo que efectivamente nos pasa. Cualquier relación exitosa requiere mucha generosidad, no para reprimir las emociones, pero sí para algo que es incluso más profundo que reprimir: poder modularlas conscientemente, amplificar, desenfatizar emociones para que las cosas sean posibles. Pensarlas, y ofrecerlas al otro ya más o menos pensadas para no tercerizarle el trabajo que en realidad corresponde a uno.

L: Estamos en un momento de paranoia, de miedo a que otro nos quiera hacer daño, nos quiera cagar. Me gusta que traigamos la idea de la confianza que es casi antisistémica. Para mí no es tanto dejar de lado las emociones sino cómo mirar cariñosamente las emociones, no para apañarlas y decir bueno, siento esto y ya está, sino para decir bueno, ¿Dónde me están llevando mis emociones? ¿Qué visión del mundo me están produciendo estas emociones? ¿Cuál es la visión que yo estoy para sostener y cómo me hago cargo de ella? Ahí hay otra fina línea entre la validación de lo que sentimos y el rápido pasaje a identificarnos como víctimas. Y una vez que somos víctimas lo que queremos es el castigo a nuestros victimarios: la lógica punitiva se arma enseguida. Creo que amor es también entrenar el componer con las emociones de modos que te acerquen en vez de que te alejen de otres. Esa cosa paranoica de la contabilización te acorrala hacia la soledad.

G: Esas preguntas tienen algo medio budista: poder frenar, percibir la emoción, contemplarla, asumirla y también dejarla ir. Y también poder salir del “tal me hizo esto”, “yo soy bueno”, “yo tengo razón”. Lo que después no quiere decir que no vas a reaccionar ni que no tengas razón.

L: Pero no se trata de quedar bien parados. Porque venimos hablando de cosas en las que yo me siento super incoherente y no quiero ocultarlo. No sirve un tono de superación. No creo que podamos ser totalmente coherentes porque esa es la gracia de las tensiones entre emociones, prácticas corporales, relaciones sociales: un entramado que pone en juego fuerzas de diferente orden. Y que nos hace sin que siempre seamos conscientes de ello. 

G: Claro, eso también depende de los compromisos ideológicos, y ahí tenemos una diferencia. Hay ciertos campos ideológicos que no me interpelan y por lo tanto no busco la coherencia en relación a ellos. Prefiero ser preciso y pragmático: a mí me gusta estar en pareja, me gusta esta familia, quiero que dure. Y también creo que negar el hecho de las atracciones a los demás es contraproducente, especialmente en relaciones largas, que acompañan momentos diferentes de la vida. Por lo tanto, tiene que ser posible negociar otra cosa, porque como decías el amor libre no sirve solo para el sexo, sino para lograr una comprensión profunda de que la libertad y la vida del otro no son una amenaza. Es un entrenamiento. Pero también el amor tiene que ser un ámbito de propiedad común. Y eso ya no es tan fácil de expandir. Y creo que cuando las cosas entran en ese punto hemos tenido una falta de coraje. En la familia estamos dispuestos a disolver la propiedad. ¿Pero con quién más? ¿Con qué mediaciones y formas institucionales? 

L: Es que habitamos una fragilidad afectiva extrema en la que nos cuesta encontrar el impulso para lanzarnos a la experimentación. La preocupación a veces es más cuando vamos a llegar al psicólogo que a una experiencia sexual transformativa. Para mí una linda pregunta es: si tuvieras libertad total ¿qué elegirías?

G: Es buena. ¿Estamos hablando de libertad total o de poder total?

L: Libertad, hablo de lo que podés hacer, no de lo que querés que haga otro. Libertad en el entrelazamiento dice Marina Garcés. Yo traduzco esa idea a esta discusión para pensar cómo saber que le otre va a estar ahí no significa abusar de eso y que nos vamos a bancar cualquier mierda. Significa que si la presencia de otrxs en nuestras vidas no es algo totalmente contingente, ese suelo abre posibilidades de lo que podemos imaginar hacer juntes y hacerlo, o intentarlo, que es de algún modo hacerlo, practicarlo, ensayarlo. Querer libertades para le otre, y no solo para une. 

G: Claro, pero yo puedo querer cualquier cosa, pero si los demás no lo quieren, mi libertad es una fantasía.

L: Es importante la fantasía. La crítica es importante, pero en un punto necesitamos imaginar cómo serían nuestras vidas si termináramos con el amor capitalista. 

G: La fantasía recubre todo, para bien y para mal. Me acuerdo de nuestros primeros experimentos con estas cosas: aparecían todo tipo de imaginaciones, interpretaciones, dramas, especulaciones, discusiones en gran detalle. Una gigantesca fantasía, muy sufrida aunque también divertida. Me acuerdo que en aquel momento tenía muy presente a Žižek, con la idea de “atravesar la fantasía”, de cómo la claridad sobre el deseo puede permitir pasar a través de toda esa maraña y llegar a otra situación. Otra idea de Žižek que me resonaba mucho en ese tiempo es cuando él decía “debemos censurar nuestros sueños”. En el sentido que las fantasías se pueden transformar en cosas monstruosas. Pero nunca salís del todo de la fantasía, y estoy de acuerdo en que hay que poder movilizarla, usarla para proyectar y después hacer posible lo que no viene dado.

L: Traés una etapa en la que me recuerdo que me molestaba sentir que vos (un varón heterosexual) eras capaz de vivir de forma más erotizante que yo mis encuentros con otres. Y a mí si bien la idea me encantaba, en los hechos me costaban un montón tus otros vínculos. Ahí aparece de nuevo esta cuestión de la fantasía como muy entrelazada con el erotismo, y es en ese entrevero que me apasiona el sexo como una práctica donde lo corporal, lo emocional y lo social son inseparables. Se necesita mucha técnica y (des)aprendizaje para entender qué fantasías movilizan nuestros deseos pero también nuestros miedos, y entender que el plano de la imaginación no es un plano “irreal” sino que compone vidas, corporalidades y situaciones concretas. El amor y el placer sexual son alimentados por la fantasía y no sé qué piensa Žižek pero yo no creo que sean censurables. O son censurables al altísimo costo de renunciar al erotismo. Lo que sí creo es que son politizables y pasibles de ser transformadas por experiencias y diálogos colectivos, que es algo muy diferente. Para eso esta conversación. 

G: Sí. La fantasía incluye ese tipo de juego de espejos. Podría decir algo parecido al revés. En las parejas pasan cosas así aunque nadie le toque un pelo a nadie. Siempre el pasto es más verde en el goce del vecino. Es muy difícil realmente lidiar con la otredad del otro. Últimamente me sale mucho la frase “el infierno son los otros”. Pero peor sería que no estuviéramos. Hay una parte del amor que es muy sencilla, muy llana, simplemente estar ahí. En un punto, lo demás es humo. Ha corrido mucha agua bajo el puente, vida juntos. Que al final es lo único que hay.

 


 

viernes, 13 de marzo de 2026

Polemizar el malestar sobre "Lo que brota" de Sofía Guggiari

POLEMIZAR EL MALESTAR  

Redireccionar la atención del sentir terapéutico hacia una (contra) salud mental antinormativa

      Publicado originalmente en Semanario Brecha

 

Lo que brota. Erótica y salud mental, de Sofía Guggiari. Milena Caserola, Buenos Aires, 2025. 90 págs.

                                                                                                        Foto: Isaura Fabra 
 


Embrollando la línea que separa la cordura de la locura, la psicoanalista y actriz argentina Sofía Guggiari* pasó recientemente por Montevideo para presentar su libro Lo que brota. Erótica y salud mental en Nave de les Loques, un espacio cultural gestionado por el colectivo Vilardevoz. 

 Es el último viernes de febrero y el entusiasmo circula y genera charlas entre habitués y visitantes primerizos del espacio. Sofía toma el micrófono y nos invita a sentarnos en el piso, cerca de ella. Enfrentadas en modo espejo con Rossina Yuliani, sosteniendo un libro cada una, empiezan a leer algunos fragmentos de los capítulos que componen el libro, escritos entre 2022 y 2024. «La solemnidad es la muerte de una transgresión», escribe Sofía en «La clínica deshecha», y en la calidez y la performatividad de su lectura se hace tangible la alianza entre prácticas clínicas, creativas y terapéuticas que componen el universo textual, afectivo y subversivo que se entremezcla en su trabajo fronterizo.

Sofía escribe sobre (contra) la salud mental desde una voz implicada, capaz de dialogar desde el espacio de la clínica tan cómodamente como desde el suelo bullicioso de un espacio cultural gestionado por personas que viven la exclusión y la locura en su día a día.

La junta de profesionales del análisis y de usuarios y desertores de los sistemas de salud habilita preguntas y tonalidades singulares. En su escritura y presencia, Guggiari no parece temerle a salirse de los protocolos convencionales que delimitan el discurso del psicoanalista o, mejor aún, reconoce el miedo, pero decide atravesarlo como una decisión clínica, como una decisión política.

«Este texto es un homenaje. Un manifiesto de locas y hacia la locura. Pura exaltación o demasiado silencio. Desborde. Afecto. Imprudencia. Ruido. Peligro. Incoherencia. Desacreditación. Criminalización.» Si la crisis de la salud mental no hace más que agravarse ante la mirada impotente de los abordajes convencionales del sistema médico, la psiquiatría y el psicoanálisis, el libro se enuncia desde un lado invertido: una cruzada al otro lado de la psicología desde la psicología.

Los artículos que componen Lo que brota abonan al crecimiento de una contra salud mental, como una contracultura, como una contraverdad para politizar la crisis. La defensa de la potencia de la locura es como abrazar uno de los denominadores comunes en un presente devastador, en el que escasean frentes desde donde armar alguna contraofensiva. ¿Puede la locura ayudar a interrumpir la avanzada fascista, en la que toda disidencia es criminalizada, patologizada o ambas, mientras las vidas son despedazadas y dejan pocos restos? «La palabra patología direcciona la atención: desde un problema del mundo hacia una persona individual. Las patologías redireccionan la atención y reordenan los problemas. Le sacan su historia, su política. Están dentro de cada persona o son marcas desesperadas en una piel», escribe.

Una (contra)salud es un llamado de articulación colectiva para una insumisión antipatologizante; el armado de una red que sostenga lo que fue sentenciado a la caída y la exclusión. Es el intento de comprender la voz de la locura desde adentro, legitimar su experiencia como voz autorizada a pensar salidas y reparaciones.

«Patologizar el malestar produce una relación de sumisión con los afectos más terribles. Los brotes indeseados. Así los síntomas no solo no dicen nada, sino que sus fuerzas son capturadas por el régimen colonial del terror. Y la obediencia, la relación cristalizada con las cosas que producimos, se presenta como única salida frente al castigo», leemos en un pasaje del libro. Esta normalidad aterrorizada nos vuelve locxs. Cuando queremos performar normalidad, la piel se nos descama, el corazón se dispara en una carrera imparable, lxs demás nos asfixian, la propia intimidad se vuelve peligrosa y, al mismo tiempo, inescapable frente a las soledades que atravesamos.

Sofía cuenta de sus brotes, los epidérmicos y los psíquicos, los de sus pacientes y los narrados en la literatura científica y ficcional. Somos muchxs lxs que leímos a Freud como un culebrón caliente en la adolescencia, somos muchxs lxs que reprimimos experiencias sexuales desviadas y deseos desautorizados para fingir adaptación a un comportamiento eficiente en términos laborales, familiaristas y reproductivos.

La energía de la represión nos agota y es estéril: lo acallado es como un río subterráneo, pero, a diferencia de las corrientes de agua, se organiza con lenguaje igual que el lenguaje con el que contamos para hablar de él. Por eso escribir y leer los brotes es operar con su materialidad para atravesarlos desde su inmanencia en vez de llamar a la policía de la razón para que nos saque de allí. Deshacer dualismos, historizar la locura, politizar la locura, comunalizar la locura como abandono del intento de explicarnos por nosotrxs mismxs. A esto nos invita Sofía.

De cerca

Leer a un analista escribiendo sobre sus afectos es como acceder al backstage de una película con efectos especiales demasiado bien logrados, es bajar la guardia, levantar tabúes, perforar silencios. Es como tener a una actriz de psicóloga y a una psicóloga de actriz, como habitar por un ratito ese otro lado del mostrador, desde el cual estamos acostumbradxs a ser juzgadxs, a recibir sentencia y castigo de las patologías que padecemos. El castigo de condiciones que ya son lo suficientemente dolorosas produce nuevas heridas, más enfermedades; una salud judicial, enferma. Por eso una contra salud mental, para hacernos compañía, esa droga potente de la presencia de otrxs.

Publicar el afecto de la terapeuta es un gesto de reparación, es un acto de (des)autorización, es un atentado a la frontera que policía la distancia entre cordura y locura, es asumirnos entrelazadxs mientras derrumbamos los monumentos a la soberanía del sujeto. «Dejar el ojo que juzga y entregarse al sudor inteligente del que sueña.» Reconocer la potencia de la locura exige «deshacer la clínica». En ese gesto del deshacer se arman las posibilidades de unarebelión de lxs locxs polenteada por sus propios terapeutas. Lo escribo y un nudo de emoción se me pianta en la garganta. Lo escribo y se resignifica radicalmente la palabra terapéutico.

«Diabólico y lunático», dice unx de lxs asistentes a la presentación sobre la palabra orgasmo, que aparece un par de veces en el libro. El sexo no está tan presente en los fragmentos elegidos por la autora para la lectura en la Nave, pero aparece en la charla apenas empieza a circular el micrófono. Resuena en lxs lectorxs, en las experiencias encerradas, en las vidas patologizadas, en los exilios familiares, en las historias terapéuticas. Lo que nos da miedo del sexo se parece a lo que nos da miedo de la locura. Si te miraras a los ojos en un espejo mientras tenés un orgasmo, ¿qué verías?

La (hetero)normalización alisa la sexualidad intentando depilar sus excesos, amputar sus desbordes. Pero Eros es desviado, juguetón, alucina, hace carne de la fantasía, es excluido del espacio público y por eso comparte tanto con la locura.

«Menos clínicxs y más sintomatólogxs. Recordar que también somos lo ambiguo y lo violento de lo vivo», escribe Sofía. Y propone desplazamientos para leer el síntoma menos como la expresión de una oculta patología individual y más como una lectura en sí misma. El síntoma lee y merece escucha, espacio, conversación y puesta en común para historizar nuestras experiencias personales en tanto colectivas y viceversa. Lo que brota propone dar espacio al síntoma porque ya lo tiene en nuestras vidas; no luchar contra nuestras propias fuerzas y, en un mundo que mata todo, querer lo que brota allí donde nadie lo quiere. Inventar alternativas a la manicomialización, al dopaje compulsivo. Si la receta para la soledad de lxs locxs es medicación y encierro, quizá en colectivo otras terapéuticas sean posibles.

«Ser valientes y confiar en la urgencia. Perder el rostro y el orgullo. Arrancarse la elegancia y el porte del que no tiembla. […] Deshacer la clínica es tener la fe de una loca, la contemplación de un desertor, la imprudencia del border, la magia de una mística, la creatividad de unx delirante. Deshacer la clínica es declararnos enfermxs, melancolicxs, anorexicxs, depresivxs, bipolares, histericxs, con ataques de pánico, excitadxs, brotadxs. Es entrar en la desesperante necesidad de conmover», escribe Sofía.}

Abordar la crisis de salud mental no es solo (aunque también lo es) luchar por el acceso a atención profesional para quien la necesita, sino desarmar las claves en las que el paradigma dominante de la salud plantea, ataca y excluye a la locura. La contra salud mental es una disputa por la salud mental contra el paradigma dominante e invita a pensar a la salud y a la salud mental como construcciones sociales, políticas, mutables y, por ende, disputables y transformables.

Pero si la audacia para alternativas culturales se encuentra acorralada, el pánico se arma ante la idea de politizar la salud mental. El miedo de estar peor nos toma en un presente en el que el malestar es radical. Lo cierto es que los resultados del paradigma hegemónico son nefastos. Parece poco lo que tenemos que perder y mucho lo que, en la búsqueda colectiva, podemos ir encontrándonos. Leer Lo que brota es caminar unos pasitos juntxs en esa dirección.

 

 

 

*Sofía Guggiari (Buenos Aires, 1987). Psicoterapeuta grupal e individual, performer y escritora. Es licenciada en Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Durante años se dedicó a las artes escénicas como actriz, dramaturga y directora en varios proyectos. Hoy se dedica a la investigación de las prácticas clínicas, creativas y terapéuticas. Escribe sobre contra salud mental, afectos, clínica y prácticas artísticas. Tiene dos libros de narrativa erótica publicados, Temblar y Criatura, así como la compilación de textos Lo que brota. Erótica y salud mental, editados los tres por Milena Caserola.↩︎

lunes, 9 de marzo de 2026

FUTUROS LEGADOS _ Proyecto de investigación para RDT - FARTES - Danzas de Acá

 

FUTUROS LEGADOS


Estudio coreográfico de cuatro maestras: Hebe Rosa, Ema Haberli, Iris Mouret y Graciela Figueroa regimaginadas desde la escritura, el cuerpo y la escena.


Plan de actividades para la solicitud de ingreso al Régimen de Dedicación Total

Dra. Prof. Adj. Lucía Naser Rocha


Este proyecto propone el estudio histórico y poético de cuatro artistas, maestras y pensadoras locales de la danza: Hebe Rosa, Ema Haberli, Iris Mouret y Graciela Figueroa. Para ello se propone el estudio en profundidad y la recreación escénica de una obra de cada una de ellas. Las coreografías a recrear implican la composición de un diálogo con las artistas durante el proceso de investigación así como actividades abiertas a la comunidad de la danza en torno a sus legados y la escritura de un texto desde una perspectiva histórica, estética y pedagógica. La delimitación del corpus de coreografías tiene como criterios orientadores el acceso a los archivos, la viabilidad de su recreación, su pertinencia considerada en sus contextos, y los afectos y relaciones que se producen al entrar en contacto con ellas.

Hebe Rosa nació en Montevideo en 1932, es decir, en otro Montevideo, pero también en otra danza, en otro mundo. Hebe es una navegante del tiempo que vio cambiar todo menos su amor por la danza, a la que le dedicó la vida. Hebe Rosa ha sido protagonista y fundadora de la danza en Uruguay. Docente de docentes, su labor ha hecho escuela y ha forjado rasgos significativos de la danza moderna y contemporánea local.

Ema Haberli nació en Nueva Helvecia en 1939. Creadora y artista, se abocó a la docencia tanto desde la gimnasia consciente como desde la coreografía y la danza. Se formó en danza desde muy pequeña.Ya en Montevideo continuó su formación con destacados maestros. Casada con Numen Vilariño, referente del campo de la música y el teatro, practicaron una sostenida militancia política. Exiliada en París durante la dictadura. nunca dejó de formarse y de formar a otrxs, fundando varias escuelas de danza en Francia. Desde su regreso al Uruguay en 1986 se dedicó a la docencia y a la creación coreográfica.

Iris Mouret nació en Montevideo en 1941. Estudió piano y guitarra en el conservatorio Falleri Balzo, letras y musicología en la Facultad Humanidades, para luego asistir a la Escuela Nacional de Bellas Artes(Uruguay), donde estudió dibujo y pintura, perfeccionándose en talleres particulares. Comenzó sus estudios de danza en el Ballet de Cámara de Montevideo y luego integró el grupo Danza Libre de Cámara (DALICA), creado en 1957 por la maestra Elsa Vallarino. Fundó su propia compañía en 1956, el Taller Mouret, donde es bailarina, profesora y autora de numerosas coreografías.

Graciela Figueroa nació en 1944 y es una de las maestras que marcaron las artes escénicas y la investigación con el cuerpo en Uruguay hasta hoy. Bailó y vivió en muchos países, tuvo su propia compañía en Brasil, dirigió al Grupo Espacio y la compañía Coringa durante años. Conduce formaciones, esparciendo su “desarrollo armónico” por diversos rincones del mundo.

Se trata de maestras de maestrxs aún vivas y con las que estoy en diálogo, que tienen en común el desarrollo sostenido e intenso de una labor pedagógica que ha resultado en la conformación de comunidades de estudiantes y replicadorxs de sus legados. Son artistas que han desarrollado una concepción singular sobre la relación arte y vida, abordando la práctica estética como una práctica vital de y como transformación de la vida. Finalmente si bien se ubican indiscutiblemente en el campo de la danza uruguaya, han producido sus metodologías y estéticas a través de síntesis únicas de referencias y maestrxs internacionales así como del encuentro entre diferentes disciplinas y saberes.

Aportaron la creación de hábitos de estudio en el campo local lo que las hace especialmente relevantes para su investigación desde el marco universitario. En este sentido, estudio será en esta investigación la palabra llave para abrir la atención hacia metodologías de enseñanza, de creación y de organización colectiva que han moldeado características del campo de la danza local de las que ellas han sido fundadoras y constructoras. Mi hipótesis aquí es que previamente a la institucionalización de la danza en la educación formal, existían modos singulares de estudiar la danza acá que necesitan ser documentados para alimentar la memoria de legados cuya actualización hace al presente y al futuro de las danzas. Su valorización necesita ser hecha en diálogo con los saberes y metodologías académicas pero reconociendo a la vez sus singularidades y aportes en sus propios términos. En este sentido, el término estudio delimita un campo de preguntas sobre los modos de producción y circulación de conocimiento en danza desde un vocabulario más próximo al utilizado por las propias artistas. Estudios es además del nombre de la Unidad Académica en la que mi cargo se aloja, así como la palabra llave que viene organizando otras experiencias como el GT Estudios de danzai coordinado entre los años 2013 a 2019 por Elisa Pérez Buchelli, Lucía Yañez y yo. Futuros Legados tiene por objetivo activar deseos de investigación y contacto con las danzas de acá y con quiénes han sido parte de la creación permanente de la danza local. En este sentido identifica la falta de curiosidad histórica como un problema a abordar.

1 - Antecedentes

El proyecto tiene como antecedentes el artículo “Como astronauta ante un agujero negro” escrito por mi para la Revista Lento y ampliado y publicado en El libro de la danza uruguaya (2015) en el que a través de entrevistas abordé algunos aspectos claves de la vida y obra de Rosa, Mouret y Haberli. También el dictado del curso “Archivo, cuerpos e historia: del preservacionismo historiográfico a la ontología evanescente de la performance” dictado en 2016 en FHCE. Otro es mi reseña del libro de Elisa Pérez Buchelli (2019) “Arte y política. Mujeres artistas y artes de acción en los sesenta y setenta” así como la entrevista realizada a Graciela Figueroa para la diaria en 2017. También son antecedentes invitaciones a Ema Haberli, Hebe Rosa e Iris Mouret a clases de la licenciatura en el marco de la UC Teoría e historia de la danza II. Vinculado al proyecto también está el impulso al Honoris Causa otorgado en 2023 a Hebe Rosa que constituye un precedente para próximos gestos de reconocimiento a artistas fundacionales cuyos legados necesitan ser visibilizados y valorados mientras se encuentran con vida. Este proyecto se piensa a sí mismo como uno de estos gestos.

2 - Fundamentación: hacia una historiografía performativa o performear la historia bailando con ella

Futuros Legados se propone contribuir a una historia práctica de la danza local, poniendo en contacto herramientas de la investigación historiográfica con prácticas y saberes propios de las artes escénicas y la performance en tanto campos de creación y experimentación. Este abordaje implica la creación de alianzas interdisciplinares que a la escucha de las necesidades de aquello que se investiga, entiende a la historia y a su investigación como una práctica performativa. En el texto “History and Precariousness: in search of a performative historiography”, Fabiao (2012) afirma:

La escritura de la historia es un acto performativo bajo condiciones de producción históricas, políticas, identitarias y estéticas específicas. La lectura de la historia ídem. El historiador no es un mero coleccionista de datos sino un productor de afectos y efectos. En este entrelazamiento fenomenológico, los archivos son formados como "objetactos", esto es, objetos energizados en verbos transitivos. De modo performativo, el archivo no es solo, o no es exactamente, una fuente documental sino una fuente de experiencia histórica y experimentación (125).

Hallando inspiración en su performatividad, una historia práctica de la danza implica un modo incorporado, sensible y coreográfico de abordar y estudiar las historias y pasados del campo dancístico, así como de proponer un acercamiento a la historia desde el presente hacia atrás (y no desde la búsqueda de sus orígenes hasta el presente). Se trata de recurrir al movimiento para estudiar al movimiento, comprendiendo que la historia se modifica cada vez que pensamos en ella.

¿Con qué pasados decidimos entrar en contacto? ¿Cómo construimos nuestras genealogías? ¿Cómo sacudimos los imaginarios sobre el pasado de nuestras danzas? Futuros legados en un intento implicado de sentir la historia en el cuerpo y construir entre encuentros y diálogos posibilidades de actualización de sus sentidos, intenciones, enseñanzas. El deseo es entablar una relación afectiva con las historias de las danzas en tanto brújula epistemológica que orienta nuestros deseos de investigación y de creación. Se trata entonces de una historiografía afectiva de la danza para bailar entre tiempos y geografías con lo qué y quiénes nos han formado y acompañado.

El proyecto se piensa como una investigación artística en torno a las memorias de la danza abordadas desde un enfoque performativo, falible, fenomenológico, variable, in controlable. Esta perspectiva ha estado presente en la investigación histórica de la danza local bajo diferentes terminologías. Mientras que Flor de María de Ayestarán se refiere a las mismas como “fuentes vivas”ii (Ayestarán 1994:14), Ayara Hernández aporta el concepto de “documentación orgánica” a la que define como

...aquel registro que sucede naturalmente, que se constituye por lo que deja una performance en la memoria de los participantes, hacedores del evento, sin necesidad de acudir a ningún otro tipo de dispositivo externo a los cuerpos. Es también el registro del devenir constante y continuo de un evento vivo que no es posible preservariii

Abordada por ambas referentes, esta cualidad fragmentaria y performativa de la memoria de quien hace o ve danza es incorporada por Futuros legados como potencialidad y desafío para hacer de los pasados de las danzas un alimento de sus presentes y una invitación a la construcción de sus futuros desde una perspectiva situada, decolonial, colectiva y apasionada por la historia.


3 - Objetivos

  1. Contribuir a la creación de archivos y sistematización de trayectorias, saberes, modos de producción y pedagogías de la danza independiente uruguaya a través del estudio de maestras fundacionales;

  2. Poner en juego metodologías de investigación artística en procesos de indagación histórica;

  3. Producir condiciones de investigación histórica y artística en profundidad en el contexto de la recientemente creada Licenciatura en danza contemporánea (2018) y del nuevo Instituto de Artes Escénicas de la Facultad de Artes (instalado en 2023).

  4. Profundizar en los legados y contextos del hacer artístico de maestras de maestrxs de la danza local a través de 3 estrategias metodológicas: recreación de una de sus obras, la escritura como estrategia documental y experimental, la creación de cursos, talleres, diálogos y encuentros con las comunidades formadas en sus escuelas directa o indirectamente;

  5. Visibilizar y estimular la producción de investigadorxs del campo local que vienen estudiando, diseminando y transformando el legado de Rosa, Haberli, Mouret y Figueroa.


4 – Metodología: la recreación como práctica artística para investigaciones historiográficas

Si el pasado insiste, es debido a la demanda inevitable de la vida para activar en el presente las semillas de sus futuros enterrados” (W. Benjamin)

¿Cuáles son las historias de la historia de la danza? ¿Qué singularidades y herramientas tiene la propia danza para construir abordajes, relatos, acercamientos a sus pasados? ¿Qué prácticas de investigación ponen en juego saberes del campo de la danza?

La recreación o re escenificación resulta un rico modo de investigar la historia a través de su propia materialidad, así como de actualizar desde los cuerpos vivos de hoy los sentidos que una creación y performance tuvo en un momento dado a través de su trans-incorporación en el presente. Si en los últimos años la re-creación aparece con mucha fuerza como dispositivo en el campo de la danzaiv también la vemos como herramienta de investigaciones históricas de otras disciplinas que cada vez más la utilizan como modo performativo de pensar en un pasado imposible de reconstruir de modo exhaustivo o exacto.

En el campo local son varias las artistas que influidxs por el giro historiográfico en el arte vienen creando con motivaciones en torno a las relaciones entre performance, archivo, historia. Entre los antecedentes podemos citar el precursor trabajo de Ayara Hernández sobre danza y re memoración (2009) y el concepto de documentación orgánica, así como su reciente creación titulada 2032v. En esta línea de investigación se pueden citar varias colaboraciones de Magdalena Leite y Anibal Conde y en particular su proyecto Videoclipvi que indaga en la industria videomusical como piezas clave de los imaginarios coreográficos de su generación. Asimismo el trabajo de Andrea Arobba y Verónica Steffen Promenade (2014) que trata de un recorrido por fragmentos de algunas obras de danza contemporánea, entre los años 70 y los 2000, de creadores que han sido protagonistas de la historia de la danza y de Paula Giuria, la obra Llevame al lugar donde estuvimos antes (2015) creada a partir del reciclaje de material descartado en creaciones coreográficas. Otro antecedente significativo es Pavana Tropical (2021) de Pablo Muñoz creada a partir de la hibridación de temas históricos y coreográficos así como su colaboración con Claudia Pisani y Marcelo Marascio en el proyecto Primas Hermanas (2012) cuyo objetivo es “vivenciar las técnicas de la danza moderna y contemporánea” a través de múltiples metodologías de investigación desde un libro y una obra escénicavii. Más reciente es el trabajo de Noel Langone, Vera Garat, Tamara Gómez, Nicolás Spinoza en torno a Teresa Trujillo en el proyecto Corpo realidades (2025)q ue despliega a través de la fotografía y la performance un abordaje retrospectivo sobre la obra de dicha artista. Y también Posludio (2025) que bajo la dirección de Natalia Burgueño consiste en “un dispositivo musical-coreográfico creado a partir de canciones de los ochenta, principalmente del rock uruguayo, argentino y brasileño”viii. También podemos citar impulsos de archivo de reciente aparición como el proyecto MASA liderado por Carolina Guerra. Cito por último el proceso de recreación de La noche de Vietnam realizado junto al grupo de investigación Danzas de Acá y el Frente coreográfico de Resistencia a partir del texto realizado por Verónica Anzalone y Eugenia Torres para la UC Teoria de la danza y publicado en el número 1 de Escribir danzas, revista del grupo de investigación Danzas de Acá que coordino junto a Anzalone y María Pintado. En materia editorial podemos citar El libro de la Danza Uruguaya compilado de textos diversos organizada por Vera Garat, Carolina Guerra y Lucía Naser; el libro Cuerpo a cuerpo dedicado a la trayectoria de Teresa Trujillo, organizado por la artista con el apoyo de Carina Gobbi o Arte y política: mujeres artistas y artes de acción en los sesenta y setenta, escrito por Elisa Pérez Buchelli.

Futuros Legados acude a la metodología de la recreación escénica en tanto reactivación de una red de relaciones, entendiendo que re-escenificar una coreografía es también re conectar con sus contextos, sus afectos, sus modos de producción, sus comunidades implicadas, sus públicos y con el presente de su creación y presentaciónix.

El acercamiento a Hebe será realizado en colaboración con Natalia Leal, alumna de Hebe quien viene explorando la reposición de las obras El creo (videodanza) y El ahora (trabajo final Lic Danza). La aproximación al legado de Ema proyecta un diálogo con Sol Tonna y con el libro de Martirena Ardaix publicado en 2011. En el caso de Iris me propongo la recreación de la coreografía Lo que llevo en mí del espectáculo Lo nuestro (2010 repuesto en 2022) investigada por Pablo Muñoz en su tesis del Máster Universitario en Estudios sobre Danza (2024). En el caso de Graciela la recreación se basará en las memorias fragmentarias de una una performance realizada en Bahía que integró materiales de Masculino Femenino y una exploración desde la danza de cuentos de Hadas (diálogo con G. Figueroa noviembre de 2025). Este caso propongo la colaboración con el trabajo de Gabriela Castro (2019) y con la tesis de maestría de Amalia Moreno (2012) como parte de la metodología de investigación.

De este modo el proyecto proyecta la colaboración con cuatro artistas investigadorxs invitadxs a realizar un acompañamiento al proceso creativo desde el rol de asesoramiento técnico así como a colaborar con otras acciones y actividades de enseñanza y extensión. Se trata de estudiantes directx de las artistas que han pasado además por la formación en la Licenciatura en Danza y que cuentan con producciones artísticas y teóricas en las que profundizan en aspectos significativos de la vida y obra de estas maestras, siendo uno de los objetivos de este proyecto valorizar sus investigaciones y proveer insumos para su profundización y divulgación. Es así que se configura una metodología por la que el reconocimiento a lxs maestras ya consagradxs se produce de modo paralelo al reconocimiento de sus estudiantes en tanto comunidad y generación que replica, actualiza y transmite desde el presente los modos de hacer aprendidos junto a ellas.

Por último pero no menos importante, el proyecto se piensa en colaboración con objetivos, acciones e integrantes del grupo de investigación Danzas de acáx y la revista Escribir Danzas.


5 - Etapas del proyecto y cronograma:

El proceso proyecta acciones en torno a las tres funciones universitarias organizadas en cuatro etapas con un cronograma a reformular según los tiempos y resultados del proceso de solicitud de ingreso al RDT:

Etapa 1: Estado de la cuestión y relevamientos iniciales - primeras entrevistas, búsqueda de fuentes, encuentro con referentes, análisis de archivos y documentos. Marzo a diciembre de 2026

Etapa 2: Estudio en profundidad de las artistas y coreografías y sistematización de la información: entrevistas a diferentes actores relacionados con los casos de estudio, entrevistas en profundidad a los referentes de cada caso, organización del archivo común y de los archivos específicos. Recreación de coreografías realizadas por las artistas en colaboración con el grupo de investigación Danzas de acá. Impulso a procesos de reconocimiento del legado de las artistas estudiadas. Marzo a diciembre de 2027.

Etapa 3: Actividades de apertura: creación de cursos optativos y de EP relacionados a la investigación, actividades teórico prácticas de presentación y debate sobre avances del proyecto orientados a la comunidad universitaria y a la comunidad de la danza en general. Marzo a julio de 2028.

Etapa 4: Elaboración final del archivo documental, las (re)creaciones escénicas y el material textual: publicación y presentación pública de los resultados de la investigación en colaboración con la revista Escribir danzas del grupo de investigación Danzas de acá. Agosto 2028 a Diciembre 2028.


REFERENCIAS


Arobba, A. Steffen, V. (2014) Promenade. Obra escénica.

Buchell, E. P. (2015). Itinerarios de la danza independiente durante la última dictadura en Uruguay. Encuentros Uruguayos, 8(1), 123-136.

- (2019). Arte y política. Mujeres artistas y artes de acción en los sesenta y setenta. Yaugurú.

Burgueño, N. (2025) Posludio. Archivos del futuros. Obra escénica.

Castro, Gabriela. (2019) "El cuerpo de su danza". Trabajo para UC Teoría e Historia II de la Licenciatura en danza contemporánea, FARTES-UDELAR. Disponible en

https://licdanzacomparte.home.blog/wp-content/uploads/2019/02/c2a8graciela-figueroa-el-cuerpo-de-su-danzac2a8gabriela-castro.pdf.

Conde, A, Leite, M. Videoclip. https://cargocollective.com/videoclipescenico/Dossier.

Danzas de acá (2025) "Escribir danzas. Revista#1: historias, relatos, archivos, cuerpos, textos". Revista del grupo de estudios e investigación Danzas de acá Facultad de Artes, Universidad de la República (Udelar). Editorial micro utopías, Montevideo, Uruguay.

de Ayestarán, F. D. M. R. (1994). La danza popular en el Uruguay: desde sus orígenes a 1900. Cal y Canto.

Fabiao, Eleonora (2012) “History and Precariousness: in search of a performative historiography”. En: Jones, Amelia and Heathfield, Adrian (Eds.) Perform, repeat, record: live art in history. Bristol, UK; Chicago: Intellect.

Garat, Guerra, Naser (Comp.) (2015) El libro de la danza uruguaya.

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Garat, Langone, Spinoza, Trujillo (2025) Corpo realidades.

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Giuria, P. (2015) Llévame al lugar donde estuvimos antes. Obra escénica.

Hernández Holz, A. (2009) Hacia una poética de la rememoración. Tesis de Maestría en Prácticas Artísticas Contemporáneas, España.

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Leal Lerena, Natalia (2022) HUELLA: Reflexión sobre la investigación creativa realizada. Tesis de grado. Licenciatura en Danza, FARTES- UDELAR.

Lepecki, André (2010). “The Body as Archive: Will to Re-Enact and the Afterlives of Dances”. Dance Research Journal, Volume 42, Number 2, Winter 2010, pp. 28-48.

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Martirena Ardaix (2011) Ema Haberli Desde los pies y las manos a la MUJER - ARTISTA- MAESTRA, Uruguay.

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Mirza, Roger, Silveira, Silvana (2014). Teatro y danza. IMPO:COMISION DEL BICENTENARIO.

Moreno, Amalia Maria Herrera (2012) Graciela Figueroa: a dança com amor. Dissertação (Mestrado em Artes Cênicas) – Universidade Federal do Estado do Rio de Janeiro, Rio de Janeiro.

Muñoz, P., Pérez Buchelli, E. (2011) PRIMAS HERMANAS. Proyecto de investigación en danza moderna y contemporánea. Montevideo, Uruguay.

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Muñoz, P. (2024). La poética de la identidad en Iris Mouret: una aproximación a través de la coreografía Lo que llevo en mí. Universidad Internacional de La Rioja Facultad de Ciencias Sociales y Humanidades Máster Universitario en Estudios sobre Danza.

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Naser, Lucía (2014) "Como un astronauta ante un agujero negro", p.122. En Garat, Guerra, Naser (Comp) El libro de la danza uruguaya.

- (2015) "Semillas enterradas de posibles futuros". la diaria. Disponible en:

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, (2017) "Pasión y luz. Entrevista a Graciela Figueroa". la diaria. Disponible en:

https://ladiaria.com.uy/articulo/2017/6/graciela-figueroa-pasion-y-luz/.

, (2018) "Morir de amor por una vida de danza". Semanario Brecha. 9 de noviembre de 2018. Disponible en: https://brecha.com.uy/morir-amor-una-vida-danza/.

Trujillo, T., & Gobbi, C. (2012). Cuerpo a cuerpo: reflexiones de una artista. Ediciones Trilce.

UDELAR (2023). Enlace al registro audiovisual de la entrega de Honoris Causa, Universidad de la República de Uruguay a Hebe Rosa. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=YjWhytFS5EU.











iLa propuesta del GT tiene entre sus “principales objetivos: reunir en un espacio académico a investigadores que se encuentren realizando estudios sobre la danza a través de distintos abordajes disciplinares; comunicar avances de investigaciones sobre o en danza con el propósito de intercambiar información y reflexiones entre investigadores, creadores, docentes y público interesado; generar un espacio de discusión abierto a la comunidad que, además de temáticas específicas de la danza, aborde la relación entre la danza y la Universidad analizando de modo colectivo las potencialidades y dificultades de insertar esta disciplina dentro del campo académico; y aportar elementos críticos a la reflexión acerca de la danza en Uruguay y región que puedan contribuir a fortalecer su desarrollo académico y no académico así como el vínculo con la comunidad no universitaria en nuestro país”. https://estudiosdeladanzaenuruguay.blogspot.com/

ii Flor de María de Ayestarán clasifica las fuentes vivas para el estudio de danzas extintas en 2 según (1) si el informante ha bailado esa danza cuando estaba vigente (1.1 Recuerda íntegra su coreografía, 1.2 Recuerda fragmentariamente pasos y figuras, 1.3 Recuerda erróneamente confunde detalles) o si (2) el informante no ha bailado esa danza pero posee testimonios personales o ajenos de ella (2.1 Esos testimonios son completos y verificados por otros informantes, 2.2 Esos testimonios no son completos ni verificables por otros informantes, 2.3 esos testimonios son erróneos simplemente porque el informante confunde una danza con otra o un paso de una danza con la de otra (1994: 15).

iv Este abordaje que fue una parte central de mi proyecto para la efectividad de mi cargo actual aparece desarrollado en el artículo "Pedagogías como disputas: orientaciones, intuiciones, y estrategias situada para estudiar las danzas" publicado en Escribir danzas (2025). De este marco también han emergido metodologías de investigación practicadas junto al grupo Danzas de acá que con un grupo de colaboradores se propuso la re creación de “La noche de Vietnam”, evento coreográfico sucedido en 1968 en Montevideo. Ver Anzalone, Torres (2025) "La noche de Vietman: la foto, el acto, la danza y la historia" en la página 85 del mismo volúmen.

vSobre 2035 la web de Lupita Pulpo decribe como en “la caminata el público se encontrará en un mundo fantasmagórico, con rastros invisibles de los primeros teatros de Montevideo y fragmentos de obras emblemáticas de la historia de la danza. La obra se sitúa en un futuro imaginario, en el año 2032, y a partir de algunos hechos reales se crea la ficción”. Ver https://www.lupitapulpo.org/works/performances/2032-2/.

ixEn el capítulo II y III de mi tesis de doctorado desarrollo el marco teórico y analizo en profundidad la obra de artistas quevienen trabajando en esta linea por lo que me limito aquí a presentar antecedentes del campo local relacionados a estas líneas de investigación.. Ver Naser (2017) De la politización de la danza a la dancificación de la política. Capítulo II: "Memoria Performativa y la impersonalidad del cuerpo como archivo" (p.111) y Capítulo III: "Vida, danza y política: un problema a rehistorizar" (p.182).

xEl grupo de investigación Danzas de acá fue creado en 2023. Es coordinado por Verónica Anzalone, Maria Pintado y Lucía Naser y se encuentra actualmente en busca de financiación que haga su funcionamiento y proyectos viables y sostenibles en el tiempo. Sus características y objetivos se encuentran disponibles en la página de Fichas de Grupos de investigación de CSIC. Ver: https://formularios.csic.edu.uy/grupos/formulario/PrincipalAction.action?comando=ficha_completa&id=883603 .