viernes, 13 de marzo de 2026

Polemizar el malestar sobre "Lo que brota" de Sofía Guggiari

POLEMIZAR EL MALESTAR  

Redireccionar la atención del sentir terapéutico hacia una (contra) salud mental antinormativa

      Publicado originalmente en Semanario Brecha

 

Lo que brota. Erótica y salud mental, de Sofía Guggiari. Milena Caserola, Buenos Aires, 2025. 90 págs.

                                                                                                        Foto: Isaura Fabra 
 


Embrollando la línea que separa la cordura de la locura, la psicoanalista y actriz argentina Sofía Guggiari* pasó recientemente por Montevideo para presentar su libro Lo que brota. Erótica y salud mental en Nave de les Loques, un espacio cultural gestionado por el colectivo Vilardevoz. 

 Es el último viernes de febrero y el entusiasmo circula y genera charlas entre habitués y visitantes primerizos del espacio. Sofía toma el micrófono y nos invita a sentarnos en el piso, cerca de ella. Enfrentadas en modo espejo con Rossina Yuliani, sosteniendo un libro cada una, empiezan a leer algunos fragmentos de los capítulos que componen el libro, escritos entre 2022 y 2024. «La solemnidad es la muerte de una transgresión», escribe Sofía en «La clínica deshecha», y en la calidez y la performatividad de su lectura se hace tangible la alianza entre prácticas clínicas, creativas y terapéuticas que componen el universo textual, afectivo y subversivo que se entremezcla en su trabajo fronterizo.

Sofía escribe sobre (contra) la salud mental desde una voz implicada, capaz de dialogar desde el espacio de la clínica tan cómodamente como desde el suelo bullicioso de un espacio cultural gestionado por personas que viven la exclusión y la locura en su día a día.

La junta de profesionales del análisis y de usuarios y desertores de los sistemas de salud habilita preguntas y tonalidades singulares. En su escritura y presencia, Guggiari no parece temerle a salirse de los protocolos convencionales que delimitan el discurso del psicoanalista o, mejor aún, reconoce el miedo, pero decide atravesarlo como una decisión clínica, como una decisión política.

«Este texto es un homenaje. Un manifiesto de locas y hacia la locura. Pura exaltación o demasiado silencio. Desborde. Afecto. Imprudencia. Ruido. Peligro. Incoherencia. Desacreditación. Criminalización.» Si la crisis de la salud mental no hace más que agravarse ante la mirada impotente de los abordajes convencionales del sistema médico, la psiquiatría y el psicoanálisis, el libro se enuncia desde un lado invertido: una cruzada al otro lado de la psicología desde la psicología.

Los artículos que componen Lo que brota abonan al crecimiento de una contra salud mental, como una contracultura, como una contraverdad para politizar la crisis. La defensa de la potencia de la locura es como abrazar uno de los denominadores comunes en un presente devastador, en el que escasean frentes desde donde armar alguna contraofensiva. ¿Puede la locura ayudar a interrumpir la avanzada fascista, en la que toda disidencia es criminalizada, patologizada o ambas, mientras las vidas son despedazadas y dejan pocos restos? «La palabra patología direcciona la atención: desde un problema del mundo hacia una persona individual. Las patologías redireccionan la atención y reordenan los problemas. Le sacan su historia, su política. Están dentro de cada persona o son marcas desesperadas en una piel», escribe.

Una (contra)salud es un llamado de articulación colectiva para una insumisión antipatologizante; el armado de una red que sostenga lo que fue sentenciado a la caída y la exclusión. Es el intento de comprender la voz de la locura desde adentro, legitimar su experiencia como voz autorizada a pensar salidas y reparaciones.

«Patologizar el malestar produce una relación de sumisión con los afectos más terribles. Los brotes indeseados. Así los síntomas no solo no dicen nada, sino que sus fuerzas son capturadas por el régimen colonial del terror. Y la obediencia, la relación cristalizada con las cosas que producimos, se presenta como única salida frente al castigo», leemos en un pasaje del libro. Esta normalidad aterrorizada nos vuelve locxs. Cuando queremos performar normalidad, la piel se nos descama, el corazón se dispara en una carrera imparable, lxs demás nos asfixian, la propia intimidad se vuelve peligrosa y, al mismo tiempo, inescapable frente a las soledades que atravesamos.

Sofía cuenta de sus brotes, los epidérmicos y los psíquicos, los de sus pacientes y los narrados en la literatura científica y ficcional. Somos muchxs lxs que leímos a Freud como un culebrón caliente en la adolescencia, somos muchxs lxs que reprimimos experiencias sexuales desviadas y deseos desautorizados para fingir adaptación a un comportamiento eficiente en términos laborales, familiaristas y reproductivos.

La energía de la represión nos agota y es estéril: lo acallado es como un río subterráneo, pero, a diferencia de las corrientes de agua, se organiza con lenguaje igual que el lenguaje con el que contamos para hablar de él. Por eso escribir y leer los brotes es operar con su materialidad para atravesarlos desde su inmanencia en vez de llamar a la policía de la razón para que nos saque de allí. Deshacer dualismos, historizar la locura, politizar la locura, comunalizar la locura como abandono del intento de explicarnos por nosotrxs mismxs. A esto nos invita Sofía.

De cerca

Leer a un analista escribiendo sobre sus afectos es como acceder al backstage de una película con efectos especiales demasiado bien logrados, es bajar la guardia, levantar tabúes, perforar silencios. Es como tener a una actriz de psicóloga y a una psicóloga de actriz, como habitar por un ratito ese otro lado del mostrador, desde el cual estamos acostumbradxs a ser juzgadxs, a recibir sentencia y castigo de las patologías que padecemos. El castigo de condiciones que ya son lo suficientemente dolorosas produce nuevas heridas, más enfermedades; una salud judicial, enferma. Por eso una contra salud mental, para hacernos compañía, esa droga potente de la presencia de otrxs.

Publicar el afecto de la terapeuta es un gesto de reparación, es un acto de (des)autorización, es un atentado a la frontera que policía la distancia entre cordura y locura, es asumirnos entrelazadxs mientras derrumbamos los monumentos a la soberanía del sujeto. «Dejar el ojo que juzga y entregarse al sudor inteligente del que sueña.» Reconocer la potencia de la locura exige «deshacer la clínica». En ese gesto del deshacer se arman las posibilidades de unarebelión de lxs locxs polenteada por sus propios terapeutas. Lo escribo y un nudo de emoción se me pianta en la garganta. Lo escribo y se resignifica radicalmente la palabra terapéutico.

«Diabólico y lunático», dice unx de lxs asistentes a la presentación sobre la palabra orgasmo, que aparece un par de veces en el libro. El sexo no está tan presente en los fragmentos elegidos por la autora para la lectura en la Nave, pero aparece en la charla apenas empieza a circular el micrófono. Resuena en lxs lectorxs, en las experiencias encerradas, en las vidas patologizadas, en los exilios familiares, en las historias terapéuticas. Lo que nos da miedo del sexo se parece a lo que nos da miedo de la locura. Si te miraras a los ojos en un espejo mientras tenés un orgasmo, ¿qué verías?

La (hetero)normalización alisa la sexualidad intentando depilar sus excesos, amputar sus desbordes. Pero Eros es desviado, juguetón, alucina, hace carne de la fantasía, es excluido del espacio público y por eso comparte tanto con la locura.

«Menos clínicxs y más sintomatólogxs. Recordar que también somos lo ambiguo y lo violento de lo vivo», escribe Sofía. Y propone desplazamientos para leer el síntoma menos como la expresión de una oculta patología individual y más como una lectura en sí misma. El síntoma lee y merece escucha, espacio, conversación y puesta en común para historizar nuestras experiencias personales en tanto colectivas y viceversa. Lo que brota propone dar espacio al síntoma porque ya lo tiene en nuestras vidas; no luchar contra nuestras propias fuerzas y, en un mundo que mata todo, querer lo que brota allí donde nadie lo quiere. Inventar alternativas a la manicomialización, al dopaje compulsivo. Si la receta para la soledad de lxs locxs es medicación y encierro, quizá en colectivo otras terapéuticas sean posibles.

«Ser valientes y confiar en la urgencia. Perder el rostro y el orgullo. Arrancarse la elegancia y el porte del que no tiembla. […] Deshacer la clínica es tener la fe de una loca, la contemplación de un desertor, la imprudencia del border, la magia de una mística, la creatividad de unx delirante. Deshacer la clínica es declararnos enfermxs, melancolicxs, anorexicxs, depresivxs, bipolares, histericxs, con ataques de pánico, excitadxs, brotadxs. Es entrar en la desesperante necesidad de conmover», escribe Sofía.}

Abordar la crisis de salud mental no es solo (aunque también lo es) luchar por el acceso a atención profesional para quien la necesita, sino desarmar las claves en las que el paradigma dominante de la salud plantea, ataca y excluye a la locura. La contra salud mental es una disputa por la salud mental contra el paradigma dominante e invita a pensar a la salud y a la salud mental como construcciones sociales, políticas, mutables y, por ende, disputables y transformables.

Pero si la audacia para alternativas culturales se encuentra acorralada, el pánico se arma ante la idea de politizar la salud mental. El miedo de estar peor nos toma en un presente en el que el malestar es radical. Lo cierto es que los resultados del paradigma hegemónico son nefastos. Parece poco lo que tenemos que perder y mucho lo que, en la búsqueda colectiva, podemos ir encontrándonos. Leer Lo que brota es caminar unos pasitos juntxs en esa dirección.

 

 

 

*Sofía Guggiari (Buenos Aires, 1987). Psicoterapeuta grupal e individual, performer y escritora. Es licenciada en Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Durante años se dedicó a las artes escénicas como actriz, dramaturga y directora en varios proyectos. Hoy se dedica a la investigación de las prácticas clínicas, creativas y terapéuticas. Escribe sobre contra salud mental, afectos, clínica y prácticas artísticas. Tiene dos libros de narrativa erótica publicados, Temblar y Criatura, así como la compilación de textos Lo que brota. Erótica y salud mental, editados los tres por Milena Caserola.↩︎

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