lunes, 22 de abril de 2019

Nacimiento y re nacimientos _ relato del encuentro con Nadia



El cuerpo puede tantas cosas en las fábulas que el espíritu se espanta con eso”.
Michel Serrés 


19 de abril de 2019.
Hace una semana y tres días que nació Nadia y entre teta y teta, mimo y mimo y paso de mano a mano de su cuerpito entre mi pareja y yo escribo este relato. Sé que escribirlo significa el fin de una etapa hermosa pero también significa que otra muy maravillosa e increíble ya comenzó. Mientras estaba embarazada y leía experiencias de otras pensé mucho en como iba a ser este relato. Ahora al empezar a escribirlo, no sé qué palabras tendrá pero ya sé lo que cuenta y sé que es una historia feliz, pese a que no es como me había imaginado.

Y es que decir y pensar que el momento de nacimiento - el parto - es un momento de pérdida de control e imprevisibilidad es diferente a atravesarlo. Como la mayoría de experiencias relacionadas a la maternidad, cuando se hacen carne entendemos lo profundo que dejan huella. Y en nuestro caso la dejó: una enorme sonrisa que me atraviesa la pelvis y que aún se cura mientras escribo esto. En estos días me amigué con esta cicatriz y le agradecí porque es una marca que me va a recordar siempre el nacimiento de nuestra hija y la forma que nos tocó y que pudimos atraversarlo. Mezcla de agencia y de eso siempre incontrolable que tienen los evento realmente importantes en la vida.

El embarazo de Nadia fue perfecto. No solo porque apenas nos permitimos no cuidarnos ella fue concebida - en los primeros días de la luna de miel tipo de película - sino también porque ambxs lo supimos en seguida sin que mediara ningún test e hicimos todo el viaje conscientes de que ella ya estaba ahí. Nos dimos mucho amor y miramos el mundo y hablamos del futuro. Me di baños en el Egeo pidiendo a las diosas griegas que la cuidaran y dejé de tomar alcohol y a sentir la conexión desde muy temprano. Luego vino la confirmación y muchos meses de placer juntes. Digo placer porque mientras ella crecía hicimos de todo: viajamos, hicimos un par de obras de danza, fuimos a marchas, militamos, hicimos un tetazo, filmamos videos en la calle, cogimos un montón, comimos de todo, y entré en un estado de plenitud y sensorialidad que nunca había tenido en mi vida (lo que para mi es “calma” quizás no lo sea para otres pero para mi fue un descubrimiento).

Empezamos a prepararnos para su llegada desde muy temprano y yo a cambiar mi eje (y mi alineación literalmente) muy progresivamente. La maravilla de los nueve meses y que poco a poco los cuerpos muten tan radicalmente. El hecho de tener el verano y de que empecé la licencia maternal en la semana 38 también nos habilitó muchas charlas y discusiones con Gabriel sobre cómo queríamos hacer esto, qué cosas eran importantes y cuáles no, cómo encontrar nuestra manera de atravesar esta experiencia, qué hacíamos con las expectativas ajenas (y las propias), qué hacíamos con nuestras diferencia, y sobre todo lo fuerte que era el hecho de que se venía una hija!

Hicimos un curso para padres en la mutualista y otro de embarazo eutónico que fue bellísimo y nos acompañó durante todo el proceso y durante el nacimiento de una forma esencial. Me integré a una colectiva de maternidades feministas y escribimos juntas y abrimos el grupo, escribí un texto sobre política y gestación, escribí un poema a Nadia y a Gabriel y muchísimos otros sin forma ni dedicatoria, leí libros como el de Kaplan, Casilda Rodrigáñez Bustos, sobre maternidades feministas, hice listas de canciones, me acerqué a alguna gente y me alejé de otras, nos abrimos a todo el amor y nos cerramos un poco a pasiones tristes de esa que abundan adentro y alrededor.

Teníamos fecha para el 2 de abril. Yo estaba – por algún capricho absurdo que no hizo más que aumentar mi ansiedad – convencida de que iba a nacer en marzo. Pensaba que como Gab y yo somos de ese mes ella también lo sería y hasta tenía la esperanza que fuera piscis. No hay que ser Freud para darse cuenta de cómo estaba proyectando mi propia identidad en Nadia que es – y nos costó un rato aprenderlo – ella misma y no una extensión de su padre o yo.
Como si escuchara desde adentro y dispuesta a llevarme la contra, Nadia no daba ni miras de salir. Yo nunca había estado embarazada a término (si estuve una vez antes pero lo interrumpimos voluntariamente antes de los tres meses), y haciendo alarde de mi contacto con mi propio cuerpo empecé a inventar señales de que se venía o a leer las señales de esta última etapa como de parto inminente cuando en realidad eran simplemente una previa larga. Retrospectivamente es fácil decirlo pero claro que no lo percibía así en el momento. El embarazo había sido extremadamente cómodo y gozador y para mi sentir las contracciones o presiones de las últimas semanas era algo extraño y una señal que ya venía. Mientras tanto mentalmente sostenía que estaba dispuesta a esperarla todo lo que ella necesitara, etc. y estaba intentando eso, de veras. Pero no importa que una tenga arriba 20 años de danza, hay coreografías que no se aprenden en ninguna academia y pensamientos que se pueden repetir mil veces con el lenguaje pero que no logran hacerse cuerpo. Creo que incluso fue contraproducente mi “idea” de que por trabajar con el cuerpo iba a ser capaz de sentir más o mejor y también las expectativas ajenas de la gente que en la mejor me decía que iba a tener un parto hermoso. Qué presión! Era casi como pasar un examen en el que se esperaba o se daba por hecho que yo iba a hacerlo genial, empezando por mi propia exigencia o expectativa.

Fue así que terminó la semana 40 y se avizoraba el fin de la semana 41 y mi ansiedad estaba controlada pero presente (o nuestra). Oscilaba entre esperar todo lo que fuera necesario y el miedo a que algo saliera mal si se demoraba más el parto. Mi ginecóloga – en quien confiábamos y a quien pedimos acompañara el nacimiento - había comentado hace semanas que el cuello había empezado a acortarse pero se había quedado en ese centímetro y no avanzado más en los últimos días/semanas. Ella estaba dispuesta a ir incluso algunos días más allá de la semana 41 pero era evidente que no podría ser mucho más porque no se recomienda llegar a la 42 y no queríamos una inducción demasiado acelerada ni poner en riesgo a Nadia. Ella confiaba en que se desencadenaría solo y yo también pero no sucedía. Creo que la sobre información me jugó en contra y que mientras buscaba la conexión mente cuerpo algo se cerró en mí o al menos trancó que algún proceso que no era mental se desencadenara. El detonante fue el encuentro con un ecógrafo que logró sacarnos la calma que veníamos atando con palillos. A él, días antes de la inducción que ya veníamos avizorando como posible, el cálculo le daba que estábamos en 41 semana y 4 dias e inclusive antes de hacer el examen nos retó por no tener plan de internación y nos mandó a ver a la ginecóloga ese mismo día (era jueves y nosotres la veíamos el lunes para decidir la inducción en caso de que no hubiera llegado Nadia).

Nos fuimos ya en cierto clima de urgencia al prado donde estaba atendiendo Flavia. Ella nos dijo que hacíamos lo que quisiéramos. Me vio angustiada y me dijo que habiendo sido tan hermoso el proceso no daba para terminarlo mal. Se puso a entera disposición y nos dijo que a ella el cálculo le daba otra cosa. De haber mantenido la cabeza yo habría habilitado algo que mi mente sabía: nuestro cálculo también daba otra cosa porque sabíamos perfectamente la fecha que no habíamos des-cuidado y eso nos daba terrible margen. Sin embargo y sin importar cuántos textos y charlas habia tenido, no logré que mi autoconfianza primara y me dejé ganar en alguna medida por el miedo y la confianza a los sistemas expertos. Mientras me preguntaba qué sentía que era lo mejor, tenía un miedo tremendo a que un error de mi intuición le costara alguna dificultad a nuestra hija. Me sentía desconocedora de mi cuerpo y de los pro y contras que conllevaba cada alternativa. Temía que por ser obstinada le pasara algo a Nadia y pero al mismo tiempo los relatos de espera feliz me alentaban a desoír la indicación de la semana 41 y dudar de la precisión de los resultados que ese oráculo redondo que los doctores movían buscando la famosa fecha probable de parto. El oráculo ginecológico le decíamos y nos reíamos, un poco irónicos y otro poco nervioses.

Fue así que decidimos comenzar una inducción en el día que se terminaba la semana 41 o según el otro doctor al que nadie le había preguntado, en díaa en que ya estabámos claramente en la semana 42: lunes 8 de abril. Un par de días antes y sin saber ya cómo pasar el tiempo de espera – durante el que nos dimos todos los gustos y los mimos - habíamos tirado el iching con la pregunta ¿cómo va a ser el parto?. La respuesta fue el hexagrama 51: doble trueno. La hija mayor. Temor y caos, pero después todos ríen. Intentamos tomarlo con calma y decidimos inventar un ritual para pedir que la llegada de Nadia a este mundo y su encuentro con la vida afuera del útero fuera con la mayor alegría y paz posible. Nos pusimos el despertador unos minutos antes del amanecer, subimos a la parte más alta de la azotea, nos hicimos dos trenzas una en cada cabeza enlazando con la voz lo que deseamos esté para siempre enlazado en la vida: Gabriel Nadia Lucía. Nos cortamos las trenzas y las pusimos en su cuaderno. Dijimos un montón de cosas – o dije – mientras abrazaba a Gabriel que estaba como era esperable somnoliento a esa hora – y nos quedamos viendo como de a poquito el sol anunciaba su presencia contra los muros de los edificios y los colores del cielo hasta hacerse visible.

Al día siguiente fuimos a un monitoreo de rutina indicado por nuestra doc y los doctores de turno nos retuvieron unas 4-5 horas con otros controles que les pareció necesario hacer en el momento: doppler e interrogatorios varios. Obviamente eso no fue para nada tranquilizador.

El domingo como a las 23hs un pedazo grande del tapón mucoso se salió. Lo tomé como una señal… confusa. Yo pensaba que ya se había salido. Más dudas sobre la temporalidad de las decisiones me vinieron al corazón pero intenté alejarlas. Confiar en que ya estábamos ahí y con apenas una ayudita la cosa se iba a desencadenar. Hacía días repetía: podes llegar, voy a abrirme para vos, tenemos el poder de hacer esto juntes. Lo repetía como visualizando que sucediera. Lo repetía invocando el encuentro con ese ser que había imaginado cientos de veces en estos meses.

Acompañades de Flavia y de un par de amuletos el lunes llegamos a la española 8am. Había sido una noche rara y unos días más que especiales. Llegamos y esperamos un buen rato a que nos ingresaran y nos dieran un cuarto. Apenas estábamos instalades llegó Flavia y empezamos con el plan inicial: inducción con un cuarto de pastilla de misoprostol. Me daba impresión porque un tiempo antes habíamos abortado con la misma droga. Lo tomé y esperamos un par de horas donde poco pasó. Leíamos y conversábamos. Intentaba pensar en la cabeza de Nadia acercándose al cuello del útero y el cuello abriéndose, le hablaba telepáticamente y también en voz alta diciéndole que era hora, que estábamos ahí para su nacimiento. De a poco mi útero medio perezoso empezó a tener contracciones, bastante suaves y esporádicas. Poca cosa sucedió en las siguientes 12 horas en las que cada 4 me tomaba un cuartito más. Hacia el final del día el cuello casi no se había modificado y decidimos cortar con el miso para descansar y arrancar al día siguiente con oxitocina. Recuerdo mi decepción pero al mismo tiempo el agradecimiento de no apurar a Nadia con más droga ese día. Recuerdo pensar en fugarnos del hospital y mandar todos los calendarios a la mierda y simplemente esperar. Recuerdo caminar por los pasillos entre las habitaciones, ver a las madres ya con sus bebés y sentir cierta envidia, hablarle a mi cuerpo y a Nadia y pedirles por favor que se abrieran. Recuerdo llorar mucho y cruzarme con una enfermera que me dijo “a veces es difícil el desprendimiento pero pensá que dentro de poco la vas a tener así contigo”, e hizo un gesto de acunar. Recuerdo entender mucha cosa con ese comentario; pensar en mi propia relación con mi madre y como me he sentido demasiado soltada por ella - me puse psicoanalítica pero si no es ahora entonces cuándo-; pensar en mi aprensividad como cualidad inherente a una forma de amar que es bastante mía y con la que me peleo afectiva y filosóficamente todo el tiempo; pensar en qué loco todo ese sistema médico y protocolo preparado para recibir o hacer llegar personitas al mundo; en cuánto necesitaba a estas personas que nos estaban ayudando y cuánto también me preguntaba si era ayuda o control o qué.

Durante el tiempo que pasamos en la habitación 3 madres llegaron y se fueron a la famosa “sala de nacer”, que para nosotres era como la pantalla a la que teníamos que pasar en el videojuego que estábamos protagonizando. Algunas terminaron en cesárea. Yo sabía que cuando se abre la canilla de la intervención exterior las chances de terminar en el quirófano se multiplican drásticamente. Lo sabía y estaba preparada pero tenía toda mi energía enfocada en que no sucediera. Hablábamos ocasionalmente con les compas de habitación, decíamos entre nosotres que eran como personajes que una se va cruzando en un camino tipo samurai. De todes teníamos que aprender algo.

Esa noche salí del hospital donde estábamos internades (des)vestida de camisón y la pulsera de internada y di unas vueltas a la manzana. La gente me miraba raro y yo actuaba normal. Eso me costaría un buen rezongo de las enfermeras más tarde. La panza estaba enorme pero sabía que esa noche no se desencadenaría. Pensaba en la historia de mi nacimiento que había conocido hacía muy poco al preguntarle a mi madre. Mi familia es una familia de contar pocas historias. Yo también había sido inducida y nacido a las 6am luego de más de 24 hs de intento. Otra vez la proyección de mi en lo que era la vida de nuestra hija y otra vez intentar zafar mentalmente de ese lugar. La mente a veces es un laberinto para el cuerpo. O el cuerpo un laberinto donde la mente en vez de ser guiada se embarulla y sale corriendo y dándose contra los callejones sin salida.

Dormimos como pudimos. Le pedí a gabriel que viniera a la cama y haciendo cucharita y mimos pude descansar un poco. Una de las enfermeras obviamente lo echó de la cama al verlo pero a mi no me importaba nada.

8am del martes: segundo día de inducción. Hoy iba a ser con oxitocina y eso implicaba que iba a estar con una vía y por ende mucho menos movilidad. A eso de las 7 u 8 me la pusieron. Con mi impresión a las agujas tener un coso metido durante nosécuantas horas sería algo como una tortura pero estaba entregada a hacer cualquier cosa para que Nadia naciera y naciera bien.

La oxitocina empezó a correr y las horas también y con ellas las contracciones que se presentaron con bastante más fuerza que el día anterior. Después de unas 6 horas de oxitocina yo estaba en uno 2-3 centímetros de dilatación, o sea, poco. Las contracciones estaban pero eran bancables. Tanto que pude almorzar y leía intermitentemente un libro de Deleuze sobre Spinoza: ni el cuerpo por encima de la mente ni la mente por encima del cuerpo. Acompañaba las contracciones con oooo como habíamos aprendido en el curso con Lucía y en cada una de ellas intentaba imaginar la cabecita de Nadia y mi cuello abriéndose, me concentré fuerte en esa imagen durante las 13 horas en las que tuve contracciones ese día. A eso de las 14hs Flavia y la partera de turno evaluando la situación y lo lento del progreso nos ofrecieron romper bolsa para ver si se aceleraba el proceso. Nosotres sabíamos que estábamos en un punto donde la única opción era ir hacia adelante. Dijimos que sí. Fue difícil para ella romperla. Yo le daba la mano a Gabriel y lo miraba mientras sentía como ella buscaba y buscaba adentro mío. De repente un torrente de agua y de dolor me corrió entre las piernas y no iba a parar hasta muchas horas después. Sobre las 14.30hs empezaba un proceso que duraría hasta las 20hs. Las contracciones se hicieron fuertisimas y frecuentes, cada 2 minutos, cada un minuto. Yo solo aguantaba estaba estar en la pelota que nos habían prestado y las atravesaba siempre con las ooo y siempre con la misma imagen. Obsesivamente. Pegada a Gabriel que no se movía de al lado mío como si pudiera absorber con su cuerpo una parte de lo que nos estaba pasando. El líquido seguía saliendo de a chorros intermitentes y también mis vómitos, y ambos corrían por la pelota y por el piso como un río de humedades en una habitación que se había vuelto una burbuja. Para mi no había nada afuera de ella. Ni tampoco había nada afuera de la esfera que nos rodeaba a Gabriel a Nadia y a mi. intentaba contactar con ella. Nos monitoreaban periódicamente y todo lucía bien pero lejos aún el deseo de pujo, lejos sentir que empezaba a pasar por el canal hacia afuera. Intentaba relajarme para permitir que sucediera, lo intentaba con todo mi amor y con toda mi fuerza. Con toda la imaginación y la carne y el apoyo de Gabriel. Agradecia cada contracción casi tanto como me dolía porque pensaba que cada una de ella me acercaba más a Nadia. No pensé ni en la música que habíamos elegido, ni en las horas, ni en nada. A lo único que atinaba a percibir era al cambio de luz en la ventana: de sol de la mañana iba llegando la tarde y luego la oscuridad de la noche. 18Hs y mi dilatación no progresaba. Las contracciones eran tan fuertes que no podía parar de temblar ni siquiera cuando venían a controlarme. A las 18h o algo así apagaron la oxitocina pero las contracciones seguían intensamente. Yo ya no sabía que pasaba fuera de mi cuerpo. Mi contacto era con Nadia, con Gabriel y con la respiración y no podía nada más. A las 20hs nos ofrecieron la epidural. Le pedimos a la doctora un momento para hablarlo a solas. Pese al trance estaba según Gabriel “presente” y pudimos decidir juntes. Yo no quería epidural, no quería aliviarme yo y dejar a Nadia laburando sola, no quería que eso durara 12 horas más, me parecía demasiado, me había vencido la lentitud del proceso y estaba dejando todo en un partido en el que anotaba casi que cero gol. Me parecía injusto con Nadia y algo en mí me decía que no era una buena idea. Decidimos esperar una hora más y sino pedir una cesárea: sentíamos que lo más importante era que ella estuviera fuera, del otro lado de la piel, les tres juntes. Era nuestro mayor deseo. Yo sentía que había dado todo lo que tenía y no sabía de dónde sacar más fuerza. Dijimos no a la epidural y pedimos esperar un poco más, una hora más. Yo no sabía cuánto más podía aguantar así. Gabriel me apoyaba en todo pero también me decia lo que iba pensando. Yo estaba muy cansada y desalentada porque no había avanzado más de 4 de dilatación en tantas tantas horas. En determinado momento Flavia ya no se fue. Nos monitoreaba permanentemente y aunque yo no lo sabía, los valores a esa altura habían empezado a dar cualquier cosa. Yo me dormía entre contracción y contracción algunos segundos y tenía una especie de sueños o alucinaciones, no sé, la mayoría nada relacionada a lo que estaba pasando. Se me iba la cabeza y solo volvía cuando la ráfaga de dolor se atravesaba y yo las viajaba con ooo y con el contacto con Gab. Sobre las 21hs Flavia decidió hacer un nuevo tacto para ver la dilatación y ver qué hacíamos. No hubo posibilidad de elegir nada. Pese a que la dilatación había avanzado un poco más, salió líquido amniótico con meconio y las palabras fueron claras: hay que operar. Nosotres no dudamos ni un segundo y se desencadenó una escena digna de ER sala de urgencias.

En 2 minutos me estaban poniendo una sonda en la uretra, en 3 minutos estaba la camilla en la habitación, me rasuraban parte del púbis, me empezaban a explicar el tipo de anestesia que me darían, a explicarnos lo que tenía que hacer Gabriel y lo que tenía que hacer yo. Salí de la habitación en la camilla. Yo solo veía el techo y pensaba feliz que dentro de poco Nadia iba a estar afuera. Ese pensamiento me llenaba de felicidad. Iba a nacer al fin. No me importaba cómo. No me importaba que me “abrieran como un matambre” como bromeábamos días antes. Las enfermeras gritaban ascensor ascensor mientras correteaban conmigo en la camilla. Yo me abstraje de todo pensamiento que no fuera la alegría de que estábamos por encontrarnos. Parecía una especie de trance religioso. Llegamos al block quirúrgico. Yo solo pensaba en ir a favor. Me explicaron que pese a las contracciones fuertísimas iba a tener que quedarme muy quieta y simétrica para que me dieran primero una anestesia local y luego la raquídea. Pese a la urgencia de todes yo tenía la certeza de que estaba todo bien, de que iba a salir todo bien. No me permití ni un segundo considerar otra opción. Quería ir a favor, ir a favor, ir a favor.

Cuando la anestesia empezaba a correr entró Gab de tapabocas y uno de los amuletos que me habían sacado colgado en su cuello. Me emocioné. Podía ver sus ojos de miedo. Sentí la necesidad de tranquilizarlo y empecé a hablarle desde la camilla desde donde con una tela me separaban visualmente del procedimiento y del nacimiento de Nadia. Le decía que todo iba a salir bien, que pronto la íbamos a conocer y al fin estar les tres juntes, que los amaba con todo mi corazón. Sentí el momento en que tironeaban para sacarla y le decía que está naciendo Nadia. Me sentía profundamente feliz. En sus ojos podía ver el reflejo de una escena Dantesca sucediendo pero yo intentaba traerlo a la vereda de la felicidad de lo que estaba pasando. No me hubiera gustado estar en su lugar y presenciar la urgencia con la que sus dos amores eran primero cortados y luego manipulados con cierta violencia. Aún abierta al medio, aún rodeada de médicos, aparatos y sangre mi felicidad era plena y solo estaba concentrada en el encuentro que por fin se produciría. Elevaron a Nadia diciendo acá está madre pero no lo suficiente para que pudiera verle la cara. Solo vi un casquito negro de su pelo abundante y morocho. Unos centímetros más y le hubiera visto la cara. Me dio un poco de rabia pero mi prioridad era que la atendieran a ella, que Gab me dijera si estaba todo bien, que la cuidaran, que Gab pudiera tenerla cerca mientras yo no podía. La llevaron a una mesita donde neonatólogo y no sé que otro especialista la revisaban. Recuerdo que el doctor se puso de espalda a mi bloqueandome la vista de ella (otra vez). El encuentro se postergaba, parecía que no llegaba más pero ya estábamos les tres ahí y Gab me decía que estaba bien. Que respiraba, que era preciosa.
Uno par de minutos después me la acercaron. Me pusieron su carita en la mía y nada de lo que estaba pasando hizo que ese no fuera el momento más feliz de nuestra vida. Agradezco no haber perdido eso, agradezco que aunque no fue el parto de mis sueños – lejísimos – Nadia estaba ahí, con vida.

Recuerdo estar feliz de que ella y Gab se fueran juntes y que había algo de justicia en que después de poder disfrutarla yo sola esos 9 meses fuera él el que le diera la bienvenida al mundo. Como que la hacía más NUESTRA hija y no sólo mía. Me llevaron a la sala donde las mujeres se observan hasta que logran mover las piernas por si mismas. Yo estaba cual Ema Thompson en Kill Bill. En unos 20 min ya movía los pies, en media hora las rodillas. Bajamos. Se dio el encuentro que será para toda la vida. Nadia se prendió a mi teta mágicamente. Tantas horas de trabajo de parto habían hecho bajar la leche y ella sabía perfectamente qué tenía que hacer. Esos misterios de la vida. Esos momentos de la vida que no te olvidás nunca más.

Yo temblaba bajando la tensión y al mismo tiempo lloraba, lloraba mucho de felicidad. Estabámos solas les 3 en esa habitación horrible que se volvió por unas horas el paraíso. Pasé toda la noche mirándola a través de la cuna transparente. No podía creer que esa ser humana estuviera adentro mío un par de horas antes. No podía creer tanto amor. No podía entender la maravilla.

Me costó bastante superar lo estresante y lo traumático. Me invadieron en los siguientes días
los ¿qué hubiera pasado si…?. Por cada contrafáctico positivo también hay uno negativo. Intenté buscar la culpa y culparme a mí misma. Me fue difícil asumir que esa ideología de la conexión mente cuerpo no había estado en carne. Que el parto placentero no fue para nada el mío. Superar el orgullo de no haber “pasado la prueba”, superar el ego herido porque otras personas fueron protagonistas del nacimiento de nuestra hija (al igual que otras lo serán de su vida). Busqué aprendizajes que me sirvan para nuestra relación en lo sucedido y encontré mucho ahí. Me miré muchas veces la cicatriz y aprendí a quererla y a querer lo que pasó. A aceptar que fue nuestra forma. A amar lo que pasó. A ver como lo que atravesamos nos unió a los 3 de una forma especial y única.

Me pregunté si tanta intelectualización o politización de la maternidad me estaría jugando en contra y puede ser. A la vez jamás hubiera decidido ser madre sin contar con esas complicidades y herramientas. Antes del encuentro con el feminismo y con compas que estaban pensando y haciendo de la palabra madre, prácticas que nunca me había imaginado, para mi la maternidad era sin matices un acto de entrega al patriarcado. No estaba dispuesta y como en casi todas las experiencias de mi vida, la intelectualización fue mi modo de habilitar la entrada en la experiencia. La experiencia más hermosa de mi vida.

Al igual que la historia, el amor destella como nunca en los instantes de peligro.

El día en que escribo esto es el último de los antibióticos post-cirugía, el día en que dejé de tomar los analgésicos y me comí el helado de reserva para antojos urgentes que esperaba en el congelador, el día en que volvimos a hacer el amor (o lo más parecido a eso en la cuarentena), el que por primera vez me reí a carcajadas sin que me doliera, el día en que volví a caminar las calles de la espera, y que la luna que era nueva en su nacimiento (9/4) hoy está llena (19/4) y Nadia descansa con el padre mientras el aire me pega en la cara como diciendo: esta es la vida!



Esta es la vida,
ésta es la sal querida
que goza, que sangra mi amor.
Este es mi polvo y mi flor
y mi lluvia, rayo, golpe de viento:
ésta es mi cruz
y el alimento
de mi luz.



lunes, 1 de abril de 2019

Para nacer


Dos corazones, veinte uñas, cuatro pulmones, cuatro ojos o seis u ocho, dependiendo.
Unos miles de pelos,
Algo más de cuatrocientos huesos,
Tres lenguas,
Torrentes de sangres medio entreveradas,
Tres o más genéticas,
Un órgano común que vive, madura y muere al nacer,
Veintiocho semanas y dos días, treinta y nueve semanas y cinco días, cuarenta semanas y un día.

Individualidades que no existen más que a efectos de llenar las fichas con las que nos miden los médicos
Algunos llantos, muchos orgasmos, mares de hormonas, un amor que de tan grande que le creció otra vida
Eso somos.

Cuerpos entrelazados como extensión o como la forma más verdadera de ese cuerpo que reconocemos como “propio”,
El extrañamiento ocupando el lugar del yo,
El yo aceptando el descontrol como un regalo de la naturaleza (y de la cultura),
La deconstrucción de los límites y la aparición de humedades, de visiones sin ojos.

Entender al fin y al mismo tiempo qué carajo importan los conceptos
Como decisión pasiva, espera activa, escucha de la piel, entrega al no saber.

Incondicionalidad.

Un estado entre emocionado y alerta, dos cualidades que rara vez se juntan. Extremas vulnerabilidad y fuerza. Bailar en el living uno para el otro. Reírnos de nuestra “compostura”.
Celebrar cada segundo presente y porvenir al mismo tiempo, como borrachxs que no se organizan sobre qué están brindando pero amerita.

La vida y punto.

Un tiempo revuelto. Fuera de junta. Dislocado. Fuera de los planes que una hace para cuando “tenga tiempo”. Fuera de planes. Fuera de cálculos.
Tiempo para sumergirse hasta el fondo pero el fondo sale para arriba como las arrugas más secretas del ombligo desplegado.
Excitación sexual y afectiva indistinguibles una de otro
Tiempo para llorarlo todo y que el útero vibre a carcajadas.

En unas horas vas a haber nacido. Quizás pocas, quizás unas cuantas. El nacimiento es por un lado un proceso y por otro una realidad 0 a 100. Es, como dice una amiga que no conozco de una amiga que si conozco, esperar a alguien que ya está ahí. Esperar ver en la bombacha lo que los tejidos más profundos de nuestros cuerpos saben. Preguntarnos si existe un inconsciente de los tejidos. Mirarnos a los ojos que estamos acá y sentirte en movimiento. Hacerte telepatía imaginando qué sentirás. Desconectar de todo y volver al mundo, la intermitencia que nos hace humanes.

Repasar todas las cosas que decidimos y algunas de las que no dependen de nuestra voluntad, al menos no esa pensable, traducible a palabras.

Nacer es un acontecimiento no lingüístico
Resta por saber lo que no hemos podido pensar.


Para Nadia y Gabriel


















viernes, 15 de marzo de 2019

Hacia otro linaje_ Sobre la escuela de formación feminista de Minervas

Versión completa de la nota publicada en Brecha el 15 de marzo de 2019
https://brecha.com.uy/hacia-otro-linaje/

Hacia otro linaje
La Escuela de Formación Feminista de Minervas.



Minervas es un colectivo surgido en 2012 que integra la Coordinadora de Feminismos. / Fotos: Juan Manuel Ramos
A fines de febrero, a sala llena y en pleno furor de la previa del 8M, se inauguró la Escuela de Formación Feminista de Minervas, un espacio autogestionado que busca organizar y compartir los saberes del feminismo, además de plantar una semilla para que crezcan encuentros y experiencias con otras compañeras, de aquí y de otros lugares.
La explosión de publicaciones, cursos y eventos indica que hay mucho saber en circulación y gran hambre de formación por parte de quienes hacen o ingresan hoy a diferentes vertientes y prácticas de los feminismos, desde los más populares a los más académicos. Además, la formación militante viene ganando espacios en centros educativos, formales y autogestionados. En Minervas, un colectivo feminista surgido en 2012, sucede algo parecido: allí se fundó este febrero la Escuela de Formación Feminista.
Se suma, así, a las experiencias de la Escuela para la Libertad de las Mujeres de Oaxaca de Juárez y del colectivo Cuerpos Parlantes de Jalisco, en México, a la existencia de la cátedra Virginia Bolten, de Pañuelos en Rebeldía y de la escuela Berta Cáceres, en Argentina, a la proliferación de titulaciones, áreas y cátedras de género y sexualidad dentro de universidades de diversos países, como el caso del Grupo Interdisciplinario “Mujeres, luchas sociales y feminismos” de Udelar.
Los feminismos –que vienen trabajando en resignificar la política, haciéndola en sus propios términos– entienden la importancia de generar encuentros entre mujeres para compartir lecturas y pensar juntas, y es en ese sentido que la escuela es un dispositivo que consolida una práctica ya existente y, al mismo tiempo, abre y comunica hacia afuera, para que otras se sumen y traigan sus temas, saberes, experiencias.
Mariana Menéndez, integrante de Minervas, cuenta que “muchas nos hemos formado en escuelas de otros movimientos, como la Florestan Fernandes (de Brasil), o en otros espacios educativos autónomos desde las luchas. La formación siempre ha sido un puente para encontrarnos con otras, ir a dar un taller, un seminario, traer a algunas compañeras de otros lugares a que den charlas o a presentar libros”.La intención es que “en la escuela participen compañeras que no son de Minervas, que son de otros grupos o que no están organizadas en un espacio feminista, para ir entre todas armando las distintas áreas de trabajo”.
Mariana plantea que con la escuela, además de la formación, buscan investigar. “Uruguay es un país muy estadocéntrico y, en general, los espacios educativos son institucionalizados. El 90 por ciento de la investigación se hace en la Universidad de la República, que está bien porque es una institución pública, cogobernada, donde algunas de nosotras trabajamos, pero investigar desde los espacios autónomos con nuestras propias palabras, nuestras propias preocupaciones, también es un deseo. Un espacio más abierto, menos reglado por la cuestión académica, que genere producción intelectual desde la propia lucha”.
Para Raquel Gutiérrez, cómplice mexicana de visita en Montevideo, “la palabra ‘escuela’ puede tener un contenido disciplinario, pero puede también resemantizarse y plantear una coproducción colectiva de conocimiento. Es decir, constelaciones de pensadores que a veces están anidados en una universidad pública y a veces no, pero que tratan de ir acomodando contrapuntos variados, siempre con un ánimo deliberativo interno, haciendo síntesis parciales”.Hay conocimiento que se va condensando, sostiene Raquel, “que no es teoría sistemática, pero va marcando una manera de mirar. No es tanto una misión de totalización, de tener una teoría sintética como el pensamiento kantiano. Significa dejar de presentarse como una más de un mundo de particularidades fragmentadas que no tienen hilván”.
Esta militante plantea el conocimiento como un campo de batalla, porque “la manera en que se organiza el pensamiento está en el orden de la disputa, en el plano de los contenidos que pueden ser las teorías, pero también en el plano de la intencionalidad con la que se cultivan determinados conocimientos”.
La escuela de Minervas, tal como Raquel la entiende, no se disocia de ninguna manera de su disposición de intervención política: “Es lo uno con lo otro. Entonces, en el proceso mismo de producción de conocimiento hay también una actitud reflexiva. Eso es lo que hacen las escuelas, producen contenidos, pero piensan sobre cómo los producen. Muchas feministas están poniendo escuelas, porque lo sienten como una carencia que hay que subsanar. Es pensar con seriedad, de modo riguroso. Pero nuestro criterio de rigurosidad tendría que ser totalmente distinto que el del productivismo neoliberal”.
LA CUESTIÓN PEDAGÓGICA. Si formación e investigación militantes tienen sus propias particularidades y metodologías, las prácticas y la organización de saberes en los colectivos feministas vienen creando sus propias formas de acontecer, tomando, por momentos, herramientas de la academia, pero también de los espacios políticos organizados desde abajo. Así, dialogan con tradiciones canónicas, pero también las cuestionan, beben de formulaciones populares, revolucionarias, heterodoxas.
Daniela Massa, también de Minervas, señala: “Separarnos de esta lógica de sentirnos ignorantes o no, de ponernos de un lado o del otro, es un proceso en que formación y autoconciencia se retroalimentan una a otra”.Montar la escuela fue un proceso de “valorar el conocimiento de la otra y la apertura para recibirlo, y que eso sea un espacio sano de intercambio, que no sea algo vertical, sino de cultivar. De preguntarnos qué tenemos ganas de pensar, de no tener miedo a que la otra sepa, que tenga la libertad y la seguridad de que la están escuchando y respetando por ese conocimiento. Eso también es parte de esta formación”.
En cuanto a la planificación y al proceso, estas militantes indican que no trabajan desde la predefinición de contenidos y actividades, sino que proponen y van haciendo, ensayando y conversando por dónde sí y por dónde no, en acciones colectivas de experimentación. Es “plan contra experimento”,dice Raquel.
Mariana cuenta que una característica importante del modo de formación es que “no está escindido lo racional de lo afectivo; la formación y la autoconciencia, aunque sean dos momentos, están imbricadas. La modalidad es esa: partir de nosotras mismas –algo que ya estaba presente en el feminismo de los setenta, y que nosotras retomamos– y hacer ese contrapunto con la teoría, pero siempre pasándolo por nuestras experiencias. Después hay momentos en los que algunas compañeras que tienen más acumulación en ciertos temas organizan actividades”. Esta militante aclara que “no hay una fantasía de horizontalidad chata, de que todas sabemos o todas ignoramos lo mismo. A veces cuando se hace formación o educación popular en los movimientos, o cuando la educación popular se ‘oenegeíza’, hay una fantasía de igualdad, donde parece que nadie tiene un acumulado específico que puede poner a jugar”.
RECREAR LA LUCHA. El intercambio permanente con militantes feministas de otros lugares y de distintas generaciones caracteriza a Minervas y continuará en la escuela. La percepción de que hay poca historia de los propios linajes del feminismo, la necesidad de escribir la historia desde el sujeto que la construye, las reflexiones sobre la memoria de las luchas y la relación con las dinámicas de autoría y autoridad a la interna del movimiento son problemas discutidos y analizados por las Minervas en sus procesos de formación.
En este sentido, Raquel también retoma un pensamiento de las feministas de los años setenta: “Albergamos la diferencia porque, a diferencia del patriarcado, no la convertimos en jerarquía. En la revolución feminista de estos últimos cinco años, queda muy bien plantado que esto exige poner en crisis la idea de igualdad plena, aun al interior de nosotras mismas”.Ensayar modalidades para albergar las diferencias ha permitido “restituir ciertas formas de autoridad que ya se habían vislumbrado y que esas señoras de los setenta le llamaban ‘autoridad maternal’”.Esta mirada, que apunta a establecer ciertas relaciones de confianza intergeneracionales, plantea Raquel, propone “una autoridad fundada en una generación que ya está de salida, que puede nutrir porque se va convirtiendo en raíz. Entonces, no manda, pero es autoridad en ese otro sentido”.
Para Mariana, es importante la reafirmación que las más grandes les dan a las más chicas al compartir sus vivencias, y, a la vez, el diálogo entre quienes iniciaron su militancia en organizaciones mixtas y las que arrancaron ya en pleno feminismo. Por eso entiende que “hay que hacer estallar este horizonte de igualdad hacia afuera, en términos de igualdad abstracta de derechos liberales, y hacer estallar el horizonte de igualdad adentro de nuestra propia experiencia, porque no somos iguales”. Cuando se separa la autoridad del poder como dominación, se habilita “la idea de autoridad materna en el sentido de que la madre es la que enseña a hablar, conecta las palabras con el mundo. No es imposición, es prestar palabras”. Para Mariana, pararse en este lugar permite “entretejer un linaje entre mujeres hacia arriba, hacia abajo y entre hermanas. Se produce ahí una autoridad femenina, pero no una figura singular de líder, sino en el reconocimiento de que la otra carga una experiencia y es capaz de compartirla. Es de mucha sencillez, pero fue todo un proceso de trabajo entenderlo así”, porque estaba instalada otra dinámica, “la de pura mediación patriarcal, la competencia entre mujeres, la enemistad histórica, que nos separa primero de nuestras madres y después unas de otras: esa es el arma del patriarcado”.
Mariana plantea que la inauguración de la escuela implicó “retejer ese linaje y sanar las relaciones entre nosotras, dándonos autoridad unas a otras. Eso es una rebelión simbólica. Cuando no sabemos reconocer ciertas autoridades femeninas, tenemos que revisar a ver qué nos pasa, por qué no podemos aceptar que la otra está diciendo cosas interesantes, que te puede enseñar”.
Para Daniela, el feminismo ha quebrado con la lógica del líder revolucionario de izquierda, el que la tiene clara, y para tener la posta hay que ir a hablar con él. La trasmisión entre mujeres consiste en compartir lo vivido y lo acumulado, pero para ponerlo a jugar en un ida y vuelta, trayendo cada una lo que sabe del mundo, en una gran mixtura: “Si no tenés acceso a esa diversidad, es imposible cambiar algo; mucho menos, cambiarlo todo, como queremos”. Escuchar pero haciendo pasar esos relatos por una misma, entre las feministas de antes y las feministas de ahora, y entender que “está buenísima esa división porque son compañeras que tienen un montón de años más que vos y no tenés miedo de tenerla al lado. Ahí hay una diferencia muy grande con las izquierdas, porque el que lo sabe todo da miedo. No podés sentarte al lado. Mucho menos darle un abrazo, mucho menos llorar. Y, entonces, ahí me parece que está la potencia”.
Hablando desde “las más viejitas”, Raquel cuenta que cuando le trasmite su experiencia a una mujer más joven y le aporta un sentido, eso la dota de razón y de fuerza.
LO QUE EL CUERPO SABE. Campañas con fotos donde se pone el cuerpo, talleres en los que se habla del orgasmo, de la menstruación, de ginecología natural, tetazos y actos de liberación de la mirada patriarcal, de la libertad, pero también del dolor, de las violencias, de la endometriosis, de los abusos, de la violencia en los abortos, incluso cuando son legales. El cuerpo está en el centro de la política y de la formación feminista, no sólo como objeto de estudio, sino como campo donde se libran muchas de las batallas y rebeliones del movimiento, como espacio donde palabras y experiencias se ponen en contacto y se afectan mutuamente.
En este sentido, Mariana cuenta cómo, en el proceso de aprendizajes compartidos, “nosotras mismas hemos empezado a vivir nuestro cuerpo de una manera completamente distinta. Hemos compartido con asombro que pasamos de entendernos como una fragmentación, porque así nos miran, como teta y culo, a empezar a sentir la integralidad de nuestro cuerpo. Dejar de sentir que somos nuestra cabeza o racionalidad, y que el cuerpo es el envase”. Así se logra conectar con toda la potencia del cuerpo, continúa Mariana, algo que se pone en juego “en las calles, en las alertas. Lo que hacemos con nuestros cuerpos ahí, transformando una calle oscura que nos da miedo, es una manera de luchar también”.
Daniela explica que en Minervas y en la escuela “se cultiva la comunicación; es otra manera de luchar, pero también otra manera de conectarte con tus ancestras, con lo que somos, dejar de pelearnos, dejar de pelearnos con nosotras mismas. Eso también es abrazar el cuerpo, ¿no?”.Daniela propone que parte de la formación implica “conocer nuestro ciclo, desmitificarnos, sabernos una con todo lo que nos pasa, cuidarnos, entrar en contacto con todos los cuerpos. Con los cuerpos de mujer y con los cuerpos feminizados, y encontrarnos con la compañera trans y que ella te diga: ‘yo me siento de esta manera’, ‘yo pongo el cuerpo de esta manera en la calle’. Ver una marcha del 8 de marzo llena de cuerpos de mujeres caminando y sentir que tenés fuerza, que no es sólo tu cuerpo, que tu cuerpo es con el de todas las demás y que ninguno de esos cuerpos es perfecto. Dejar atrás la idea de la perfección y no buscar más esa idealización de ir atrás de la zanahoria que nunca vas a alcanzar para que tu cuerpo entre en un estándar”.
“Lo que yo siento es verdad”, es un aprendizaje que recuerda Raquel y que habla de esta herramienta que no escinde lo racional y lo sensorial, la mente y el cuerpo, el cuerpo individual y el social. Es desde esta clave que el feminismo es una política de lo personal, pero, al mismo tiempo y de forma indiscernible, una política que mueve los cimientos de toda la organización social. Mariana cree que “estamos en un momento de rebelión o de revolución, y es existencial. No hay cosa que quede afuera de la experiencia femenina que está en rebelión. El otro día, conversábamos mucho sobre cómo fue cambiando nuestro deseo erótico, absolutamente capturado por un tipo de varón específico para las que venimos de una militancia de izquierda. Hoy a ese varón lo vemos venir y corremos para otro lado”. Ha cambiado profundamente la manera en que están en el mundo, cree Mariana, porque esta rebelión implica “una transformación que es existencial. No son pedacitos de cosas distintas; nosotras estamos de otro modo en el mundo”.
En el presente de los feminismos que se ensanchan y maduran, la existencia de una escuela feminista permite narrar la historia de los feminismos, que trae consigo la de otras luchas y mundos que fueron marginados de los relatos oficiales, de las epopeyas de líderes únicamente masculinos, de la monumentalización de pasados en los que las luchas de mujeres o su participación ocupan apenas algún párrafo en los gruesos volúmenes de la historia de las izquierdas. Las feministas se permiten hablar no sólo de la mujer, sino del mundo, en un ejercicio colectivo y sensible de encuentro con las que están y con las que ya no, en viajes por temporalidades y territorios múltiples donde viven los antecedentes del movimiento actual.
La cosa recién empieza, y sigue. El 26 y 28 de marzo, habrá actividades con Mujeres Creando, de Bolivia; en abril, tendremos la visita de la investigadora y referente argentina de Ni Una Menos Verónica Gago, y en agosto, la presencia de Gladys Tzul, feminista indígena guatemalteca.

viernes, 8 de marzo de 2019

TIEMPO DE REBELIÓN _ 8M de 2019

Publicado en Brecha

Llegó otro 8 de marzo, ese día que, si antes era motivo de algunos “feliz día” y algún que otro ramillete o bombón, ahora es resignificado por las luchas feministas. El 8M es día de lucha y de huelga feminista, es día de visibilizar el trabajo remunerado y no remunerado que hacen las mujeres, es día de habitar la calle y encontrarse con múltiples movimientos y colectivos.
Este 8 de marzo se consolidan al menos tres características que eran incipientes en años anteriores: por un lado, la huelga y la marcha se multiplican en diversos lugares más allá de la capital; por otro, los feminismos que las impulsan ya no se encuentran enfocados únicamente en luchas de y por las mujeres, sino que han entrelazado sus manos, cuerpos y consignas con otras luchas, como las de lesbianas, trans, no binarias y transfeministas. Paralelamente, se hace visible que los feminismos ya no sólo se involucran en luchas en torno al género y la sexualidad, sino que se constituyen como un movimiento político preocupado por múltiples aspectos que hacen a la vida, a su reproducción, a las diversas formas de poder, a las formas de (in)justicia social, así como al modelo político-económico que organiza formas de vida y de muerte a nivel local y global.
Mientras algunas mujeres trabajan hace meses en la organización de este día, otras acompañan con entusiasmo su llegada y otras hacen sus primeros contactos con las convocatorias y las consignas, que cambian año a año. Este 8 de marzo, la huelga feminista es convocada por un movimiento que no para de crecer y que ha aprendido a querer sus diferencias y su pluralidad, que le ha soltado la mano a la meta de homogeneidad y a la lógica de la competencia entre sus diferentes formas, para abrazar la creencia y la práctica de que está bueno ser muchas diferentes caminando hacia algunos objetivos en común.
La antesala del 8 de marzo no está llena de buenas noticias: venimos de un verano con índices terribles de feminicidios y travesticidios, de voces que se animan a denunciar y de quienes quieren deslegitimarlas, de niñas obligadas a parir cuando por ley les corresponde el derecho a abortar, de violaciones en balnearios, de iglesias que queman archivos de abusadores sexuales, de fascismos antiderechos que avanzan en la región y el mundo, de violencias contra trans, gays y lesbianas, de amenazas a sexualidades disidentes, de pibas que desaparecen y aparecen muertas, del asesinato de Natacha Jaitt en Argentina, de fallos indignantes de la justicia patriarcal, de celebraciones de congresos por la familia con el beneplácito del Estado. Pero la previa de este año también tiene el “Yo sí te creo”; la aprobación de la ley integral para personas trans luego de una campaña fortalecedora del movimiento y sus complicidades; el afianzamiento de las redes y las voces de mujeres que ya no se callan; las compañeras de Argentina que, aunque pierdan en el parlamento, se saben ganadoras; mujeres murguistas y carnavaleras organizadas; gordas y gordos organizados; campamentos feministas en el Interior; cooperativistas organizadas; mujeres artistas organizadas; más visibilidad lésbica; programas de radio, ferias y mercados feministas; caravanas en todo el país; educadoras y maestras organizadas; la emergencia de un feminismo antiespecista; iniciativas feministas en el interior de la Universidad; la politización feminista de la maternidad. Es, por otra parte, una previa signada por un gran crecimiento y la visibilización de organizaciones en todo el país, lo que ayuda a visibilizar, a su vez, que el movimiento no es únicamente capitalino ni está únicamente conformado por mujeres de clase media intelectual. Los protagonismos se hacen, afortunadamente, cada vez menos nítidos y dan un paso al frente del movimiento mujeres trabajadoras, mujeres trans, lesbianas y hasta compañeras que no se identifican con la categoría de mujeres, aunque sí con la de feministas. Acciones como las de Ni Una Menos, la campaña nacional por la ley trans o las acciones en barrios no céntricos de Montevideo realizadas por el Paro Internacional de Mujeres fueron impulsos importantes para esto. Hoy, los feminismos inundan el territorio y los cuerpos de todo el país: están la Asamblea Permanente de Mujeres Paysandú, el 8M Colonia, la Asamblea Permanente Mujeres 8M Salto, Hacia el 8M Artigas, varios colectivos en Durazno, Canelones y Rocha, y una coordinación permanente en Maldonado, entre otros.
Los feminismos son un ejemplo de que, cuando el mundo tira para abajo, es posible organizarse desde una emocionalidad no derrotista ni derrotada, sino todo lo contrario: desde la fuerza y la alegría que dan reconocer la potencia de un movimiento, la solidaridad que crece entre quienes viven cosas jodidas, pero no para radicarse en la identidad de víctimas, sino todo lo contrario, para descubrir cuánto se puede juntas. Ante el avance del fascismo, los feminismos se fortalecen, se entraman en sus diferentes ramas y vertientes para formar un caudal común. Ante el recrudecimiento de la violencia, los feminismos responden con la radicalización, la maduración y la retroalimentación de sus luchas. Como dos amigas que desde sus barrios y luego de una noche de fiesta se escriben: “Amiga, ¿llegaste?”“Amiga, llegué”. Y saben que quizás no duermen juntas, pero confirmar que la otra está ahí y constatar que estamos para nosotras es como una bocanada de aire una noche llena de peligro, una que nos permite no renunciar a la fiesta, no dejar de salir. Los feminismos despliegan lecciones prácticas y tácticas que necesitan escuchar otros movimientos y causas en crisis, porque las vamos a necesitar ante el oscurantismo que promete el panorama político del presente y del futuro próximo.
ENTRE NOSOTRAS MISMAS. Aunque el crecimiento de las movilizaciones es continuo en los últimos tiempos, año a año las organizaciones convocantes ensayan propuestas y articulaciones diferentes. La Coordinadora de Feminismos viene preparando la huelga hace semanas por medio de plenarias y comunicados abiertos. Con el título “Compromiso 8M” y el eslogan “Ante el fascismo, más feminismo”, la Intersocial Feminista envió una carta a las y los presidenciables en la que les exige “no retroceder en las leyes aprobadas que reconocen una nueva generación de derechos humanos”. Mientras que diferentes sindicatos integrantes del Pit-Cnt resolvieron diferentes convocatorias ‒con sus respectivas polémicas‒, que van desde el paro de 24 horas exclusivamente de mujeres al paro mixto desde las 16.00 para asistir a la marcha.
De las principales organizadoras, la Coordinadora de Feminismos es un pulmón de la presencia feminista en la calle, y no sólo en el 8M. La Coordinadora surgió en el proceso de organizar las alertas feministas, que se hacen cada vez que se comete un femicidio. Se caracteriza por crear formas de movilización que le ponen el cuerpo, la imaginación y la performance a la protesta, y delinear un estilo político que traduce algunas ideas fuertes del colectivo. La Coordinadora está integrada por organizaciones y feministas no orgánicas. Y tiene como principios la autonomía y la autoorganización; la performance como un lenguaje necesario para luchar contra poderes que se ejercen de forma performativa; la horizontalidad como objetivo y la relación entre mujeres como base para construir nuevas formas de vida. Como organización, también promueve un corrimiento de lo que Raquel Gutiérrez llama “política de la demanda” ‒basada en reclamar al Estado y al sistema político soluciones para los problemas‒ hacia formas de lucha no estadocéntricas, concentradas en construir alternativas desde abajo, desde las bases del movimiento, desde el nosotras mismas.
La Coordinadora no tiene un manifiesto o declaración de principios, no tiene organigrama ni estructura orgánica; teje su programa en el andar, y va armando y desarmando comisiones de trabajo según las necesidades de cada momento. Funciona en plenarias ‒que este año, y de cara al 8 de marzo, fueron anunciadas públicamente y abiertas a partir de febrero‒ y evita los nombres, tanto propios como de los colectivos y las personas que la van haciendo. Más que una lógica de pertenencia, representación o interinstitucionalidad, es un espacio en el que devenir anónimas, un camino para visibilizar a las que ya no están o para amplificar la voz de quienes encuentran más dificultades para que se las escuche. Un espacio en el que se funden sin diluirse diferentes luchas y movimientos dentro del movimiento.
Este año, como en anteriores, la Coordinadora convoca una huelga feminista de 24 horas, que afecte la doble jornada de trabajo (asalariado y doméstico), y a “concentrar y marchar, a leer la proclama colectiva en ronda y sin estrados, para volver a ser una constelación de voces, hablarnos a cada una de nosotras, reconocernos, hacernos de espejo en la lucha y decir al mundo desde ahí lo que queremos”. También se invita al ya ritual abrazo caracol y a celebrar este 8 de marzo desde luchas concretas de mujeres, trans, travas, tortas, lesbianas y disidentes en Uruguay. Una particularidad de la convocatoria de 2019 es que aparece en la plataforma una diversidad de temas que hacen pero también desbordan a la cuestión de la mujer.
La Coordinadora desplegó este año una campaña de comunicación en la que fue presentando, los días previos a la marcha, diferentes luchas y causas que hacen a la proclama y al sentido de la movilización de este viernes. Maternidades; punitivismo y justicia patriarcal; precarización de la vida; educación; trata y explotación sexual; avanzada fascista; disidencias y travesticidios; extractivismo; encierro, y violencia sexual: son los diez temas de la convocatoria, que son, a su vez, un mapa de los feminismos –y, por qué no, de la política– actuales. Por cierto, uno bien complejo y completo. Algunos cruces, como el del feminismo con la cuestión racial o de los feminismos con los anticapitalismos, no aparecen como ejes, porque se entiende que son transversales y que, por tanto, no merecen nombrarse aparte. Los textos de cada eje fueron escritos por diferentes grupos de mujeres inmersas en estas luchas concretas y articuladas entre sí en los plenarios de la Coordinadora. Todos ellos comparten un encabezado y un epílogo, que resultan un manifiesto en sí mismo: “Los eslabones de la cadena de opresión y violencia que se expanden en cada territorio y recaen sobre nuestros cuerpos son los que despiertan nuestras luchas”“Sigamos desplegando toda nuestra creatividad para continuar tejiendo nuestras luchas y mantener abierto el tiempo de rebelión”. Apertura y diversidad de colores son claves para entender qué está pasando.
El trabajo organizativo se dividió en comisiones: logística, comunicación, proclama, autocuidado, finanzas, y baile e intervenciones. En cuanto a la de autocuidado, la Coordinadora trabaja desde un pensamiento que diferencia autocuidado (que significa evitar la violencia) de autodefensa (que involucra tácticas defensivas que pueden incluir enfrentamientos). Al mismo tiempo, se propone no ser la única responsable de este aspecto de la marcha, sino compartir algunas pautas de autocuidado, pero entendiendo que la manifestación se construye entre muchas y que, por ende, esta dimensión no puede ser delegada y es responsabilidad de cada una y de los colectivos presentes. La comisión de intervenciones ensaya hace semanas una performance, que se realizará en el inicio y en el cierre de la marcha y convivirá con otras de otros colectivos ‒como La Melaza, Afrogama, Diez de cada Diez, La Caída de las Campanas, la Asociación de Danza del Uruguay‒, con un acto de Apostasía Colectiva y con otras que probablemente se hagan presentes.
CREATIVIDAD PARA CONTINUAR TEJIENDO. El dispositivo del paro o huelga ‒acompañado de consignas como: “Si nuestras vidas no importan, produzcan sin nosotras”, “Paramos el mundo mientras parimos mundos nuevos” y “Eso que llamas amor es trabajo no remunerado”‒ es activado hace ya algunos años para crear cortocircuitos en las cadenas de organización social (intra e interfamiliares) y valorizar visibilizando el trabajo que hacen las mujeres fuera y dentro de sus casas. El llamamiento es a hacerlo como y donde cada una pueda y quiera. Las respuestas van desde mujeres que detienen todas sus labores, incluido el cuidado de sus hijos, hasta quienes acompañan la decisión de sus sindicatos o se suman recién a las 18.00 para el inicio de la manifestación.
La huelga feminista reactualiza un dispositivo clásico del movimiento obrero y lo resignifica en sus propios términos, convierte el paro no sólo en un medio, sino también en un fin en sí mismo, que pone en el centro las transformaciones colectivas y los acontecimientos subjetivos que se producen en el encuentro entre mujeres de barrios y clases diferentes, en el abrazo entre madres adolescentes y viejas militantes, en la ocupación de la calle, que tan a menudo sentimos que no nos pertenece, en el canto conjunto entre quienes llevan el repertorio y quienes lo aprenden en ese momento, en la construcción de la memoria de luchas feministas del pasado, que reviven en los actos y los cuerpos del presente, en la previa de semanas llenas de debates y asambleas. Tanto que se dice que “marzo es el mes de la mujer”, pero un mes le está quedando corto al feminismo. Queda corto cuando se analizan las luchas que se entretejen en la convocatoria de este año; cuando es manifiesto que los feminismos están en las calles para oponerse a todo un sistema de poderes que trabajan juntos sin ser del todo lo mismo, y por eso requieren tácticas de lucha complejas: el patriarcado, el alzamiento y el avance de la ola de ultraderecha, el punitivismo y los dispositivos represivos que se presentan como soluciones, cuando no son más que mecanismos de vigilancia, disciplinamiento y marginación social. El modelo económico tiene alianzas y pactos con los “valores” que defienden los movimientos provida y por la familia; la familia es defendida siempre que responda a las formas de vida del cis-hetero-patriarcado, sublimando la maternidad, pero pasándoles por arriba a los derechos y los deseos de quienes deciden ser o no ser madres; el capitalismo dinamita solidaridades, explota vidas y encuentra en los cuerpos de mujeres pobres materia prima de bajo costo para su legitimidad social; la justicia es un “poder” que procede con sesgos y cegueras selectivas; el neoliberalismo avanza en su misión privatizadora de la vida y ataca a todo lo que es común, desde los recursos naturales hasta la educación pública; a los pibes se les pide todo, pero sin darles nada, salvo plomo cuando no vienen de familias “bien”; el desarrollo se abre paso obstruyendo arterias principales de una democracia que dentro de poco será una pieza de museo o una estrofa nostálgica de alguna olvidada canción.
Se habla hace tiempo de movimiento, de marea, de lucha, de ola feminista, mientras de a poco va apareciendo la palabra “rebelión”. La rebelión feminista da cuenta de un hecho que está impactando en nuestras vidas, en nuestras instituciones y en todas las luchas y organizaciones políticas del presente. Y también da cuenta de que semillas colectivas están siendo plantadas en un suelo que ya está revuelto, que ya está siendo arado, cuya fertilidad está por verse, pero que seguro nunca va volver a ser como antes.


lunes, 18 de febrero de 2019

Teta crítica o la violencia de estar como queremos

Rebelarte y en Lobo Suelto




A partir de algunos acosos, varias censuras y la creciente sensación de que estamos en un presente paradójico – o más bien de enorme retroceso – por el cual mientras el feminismo crece y es reconocido, nuestras cuerpas siguen siendo policiadas y prohibidas en las calles y en las redes, empezamos a hablar con algunas amigas sobre hacer algo al respecto.
Decidimos organizar una Teta crítica, especie de Masa crítica pero no sobre bicicletas sino sobre pareos, en una playa y de pezones descubierto.
Fue así que creamos un texto y una imagen, e hicimos un evento que fue luego compartido por un montón de organizaciones, colectivas y mujeres (incluso algunas que nos sorprendieron bastante). Así invitábamos a encontrarnos un domingo de febrero por la tarde:
“Los senos femeninos son policiados a la vez que codiciados, son censurados bajo la etiqueta de “contenido sexual”. Los pezones de mujer son diferenciados permanentemente de los pezones de hombre; no se los quiere en el espacio público salvo que sea para amamantar o para placer de los tipos. Reivindicamos el derecho al pecho, a hacer con nuestras tetas lo que queramos donde cuando y con quien queramos. Nos deseamos de pechera al viento y de teta libre, entre amigues o en solitario, en las playas y en las redes, rozando el viento, el mar u otros cuerpos.
Convocamos a una masa crítica de tetas al aire libre. Porque somos muchas muchas tetas como para andar siempre escondidas o guardadas en el secreto del sutien, la casa o el bikini.
Este evento es convocado por colectivos autónomos y no tiene vínculos con partidos políticos ni grupos religiosos. Tetas sin sutien, ni dios, ni partido.”
Entre las que lo agitamos, hay varias amigas que son lesbianas o no binaries; quizás ellas viven más que otras lo que significa ser señaladas como las inapropiadas, o las que están en cualquiera, y esa rabia les da energía (y nos contagia) para encarar lo que es nada más ni menos que nuestro derecho a estar y hacer lo que queremos.
Nos convocamos a las 17h. Un rato después empezaba a solo un par de cuadras un Peñarol-Defensor que hacía que la rambla estuviera aún más poblada e intensa de lo que un domingo caluroso y soleado de febrero ya suele ser en los entornos de la Ramirez y el Parque Rodó.
Llega el día. Hay casi más gente refugiada en las sombras de los árboles del parque que en la playa. Llegamos primero un grupo de cuatro y enseguida nos quedamos en tetas como para que nos encuentren las demás. No habíamos terminado de desplegar el pareo cuando un tipo se acerca a una de nosotras (“la embarazada”) a exigir que “por favor” me pusiera el bikini. Estaba rabioso y consternado; hablaba muy agresivamente y sin preocupación de llamar la atención de toda la playa – que nuestras tetas no habían causado -, decía que él no iba a permitir esto, que nos vistiéramos ya mismo (especialmente yo), que iba a hacernos una denuncia, que no lo iba a dejar así. Segundos después ya invocaba a dios y a Juan para alegar que lo que estábamos haciendo estaba muy pero muy pero muy mal. La situación fue escalando. Se acercaron a defendernos algunas otras mujeres que estaban en la playa. Una de ellas se sacó el bikini enfrente del demente para demostrarle que ella también hacía lo que quería (me emocioné). Otra señora gritaba que caiga el patriarcado y le hablaba a él con una voz que hubiera intimidado a un regimiento de milicos. Otra desde su posición playera horizontal nos decía que tranquilas, que vivimos en un país retrógrado mientras nos daba fuerza.
De nuestro lado y por la rapidéz en que sucedió todo estábamos bastante asombradas y atónitas. Le decíamos que se fuera que estábamos en paz y no molestábamos a nadie, o que a él también se le veían los pezones y con el paso de los minutos se nos empezaban a agotar la paciencia y las razones. Argumentos como que nos auto percibimos hombres y por eso no nos íbamos a poner la parte de arriba, o que había entre el grupo algunas madres y que amamantando igual se nos vería algún que otro pezón, que era una acción artística u otras excusas venían a nuestra mente para que se fuera y dejara de violentarnos y amenazarnos. Pero lo cierto es que todo aquello no era para zafar, sino para defender nuestro derecho a estar como queríamos y nada más y nos jodía decir cosas que no pensábamos para sacarnos a otro más de encima (¿cuántas veces tuviste que inventar complejas mentiras para que un tipo te dejara en paz cuando debería bastar un “no” o un “andate” para estar tranquila?). No es tanto pedir.   
La situación se disuelve porque el tipo fue alejado, un poco a insultos de todas, un poco a empujones literalmente por una de nosotras. Se quedó sin embargo merodeando entre las dunas y la rambla. Diciendo que él se iba pero que le quedaba esto adentro y que se la iba a cobrar. Que era el hijo de dios, decía.
Llegada complicada y al mismo tiempo percibir que la gente que está en la playa está con nosotras y no con este energúmeno. Nos vamos sumando varias y procesando lo que pasó. No es raro que en este tipo de acción el protagonismo se lo coma el antagonismo, la violencia, la represión. Intentamos reenfocarnos en lo que es el propósito de la acción. Nos relajamos un poco mientras ponemos algunos carteles con dibujos de un pezón preso, un par de carteles que dicen “tetas libres” y “teta crítica”.
Unos minutos después llega el dúo de prefectura. La mujer amablemente nos dice que nos viene a informar que no podemos hacer eso, que “el topless está prohibido en las playas”. Le decimos con suavidad que revisamos y en ningún lado se indica que está prohibido. Que hay un montón de hombres con pezones visibles. Citamos el reglamento de playas de la IM donde claramente indica que (citar) “las mujeres deben usar mallas de una pieza o dos”. Le señalamos la parte de abajo del bikini: una pieza. Nos miran con desconcierto y se van hablando por walkie talkie. Ya no vuelven.
Llega una compa con las tetas pintadas y pintura y nos colgamos a dibujarnos. Salvo por la agresividad externa (no de la gente en general sino de agentes puntuales), no se siente transgresor o raro estar ahí sino una extraña sensación de naturalidad de la situación, que hace más bien extraño el hecho de que no hagamos eso siempre. Llegan unas amigas a sacar unas fotos de la acción.
Mientras tanto vemos que algo está sucediendo en la rambla. Llegó una camioneta de policías de la marina de donde bajan al menos unos 10 tipos. Se aprontan como preparándose para actuar con sus máscaras esas que les tapan la cara y una urgencia que no nos explicamos. ¿Realmente esto es por unos pezones al sol? Vemos que no hay ninguna mujer (por ahora) entre los policías y eso nos tranquiliza bastante porque significa que no pueden acercarse a llevarnos. Se quedan en la rambla a unos cuantos metros pero no paran de mirarnos. No damos crédito; es todo un operativo.
Intentamos que no se lleven toda nuestra atención. Conversamos un poco, sobre represión y policiamiento de nuestros pezones pero también sobre otras cosas. Hay dos compas que fueron con sus hijas, una de ellas tiene la edad suficiente para no entender porqué esto causa tanto revuelo y su madre se lo explica… como puede. Conversamos de experiencias que hemos tenido en otras playas, en la imposibilidad de hacer esto como nos gustaría. De que hacer esto no sea sinónimo de estar peleando con otres, del deseo de que nuestro deseo no sea tan violentado, de qué fácil es que una acción así se vuelva violenta y no por el hecho de que se nos vean los senos sino de toda la agresividad que se despliega (y nos rebota en el cuerpo) a nuestro alrededor. Hablamos de lo difícil que es practicar la libertad sin volvernos objetos de la mirada de otres, sin que se nos comunique que estamos haciendo algo mal.  
El resto de la playa está totalmente en la suya. La convivencia conosotras se siente hermosa e incluso se acercan algunas a preguntarnos qué es Teta crítica o si pueden hacerlo con nosotras y ahí mismo pelan, se sacan foto con alguno de los carteles, se suman felices de que exista este espacio.
 Nos ponemos a construir una teta gigante en la arena. No dura mucho la paz porque vemos que de nuevo desde la rambla y desde el pelotón de policía que nos mira sin cesar, unas cámaras como de canal de tv nos enfocan. Pasan al menos unos 20 minutos filmando sin siquiera acercarse a preguntar.  Debatimos sobre qué hacer y nos quedamos en la nuestra pero es violento el abordaje (sin abordaje) y pasado tanto tiempo nos preguntamos de qué canal serán y sobre todo qué estarán diciendo sobre las imágenes de nuestra acción a la que se suma nada menor presencia de esa cantidad de milicos resignificándolo y tergiversándolo todo. Finalmente se acercan un par de periodistas varones. Nos dicen que tienen un comunicado de prensa – lo cual no es verdad porque aunque el evento era público no hicimos nada similar – y que a ellos los mandaron a cubrir esto. Que si queremos podemos decir algo, darle una entrevista, eso sí, no puede mostrarnos las tetas, solo del cuello para arriba. El encuadre no lo ponemos nosotras, el cuerpo si.
Pensamos qué hacer y durante el diálogo hay que reconocer que uno de los pibes se afloja y dice que si es por él borra lo que tiene en la cámara y hace que nunca pasó nada y que entiende nuestro lado y que lo que va a salir en Subrayado probablemente haga más énfasis en que la policía tuvo que ir a la playa porque había unas locas en  tetas que en lo que queríamos decir. Decidimos dejarla por esa y quedarnos con lo que pasó ahí entre nosotras y con la gente que estuvo compartiendo sol a la proximidad y a la distancia durante estas horas.
Se van y nos quedamos. El sol está ya casi cerca del horizonte. Hacemos un par de fotos juntas. Mate va, mate viene. Terminamos de construir la teta. Nos contamos cosas entre baldes de arena. Una compa me dice que cuando ella fue madre nunca había visto otras tetas porque siempre andamos tapadas, que ella no sabía que sus pezones eran diferentes como más chatos, me dice que los pezones al sol se hacen más fuertes y sanos. Otra cuenta sobre una experiencia fea que tuvo al operarse los senos y despertar de una cirugía con la asimetría entre ellos “corregida” sin previa consulta. Comentamos sobre la disimetría de nuestras tetas y experiencias. Sobre lo que significan para nosotras por fuera de la permanente sexualización constante que se hace de nuestros cuerpos. Sobre nuestra sexualidad y sus otras formas y espacios. Sobre por qué esto solo se nos permite cuando es para el porno o hay un bebé. Conversas que quedan en nuestras cuerpas y entre abrazos enarenados. Somos unas 30, unas llegan y otras se van, salteando el tetazo entre actividades familiares, ferias feministas, tablado y danza en el parque.
Pensamos que estaría bueno hacer más teta crítica en otras playas. Pienso que podría ser organizado o simplemente espontáneo. Que solo se trata de habitar los lugares que son de todes como queremos. Que igualdad de género sin la posibilidad de elegir y decidir sobre nuestros cuerpos es solo un slogan vacío. Que la igualdad no existe sino como lucha por y sobre los cuerpos. Que seguimos peleándola y por las cosas más básicas. Y que hay luchas que se dan en terrenos tan cotidianos y desasociados a la militancia como una playa de domingo en febrero.


jueves, 24 de enero de 2019

Tiempo que corre




Amigues yéndose de brasil, amigues yéndose de las redes, amigues prefiriendo no hablar, buscando "no dar mole", necesitando elegir con cuidado cada palabra, noticias nefastas de personajes siniestros con credencial de representantes, cuentas amenazadas (no sabemos cuánto más duraremos en esta red ortiba pero no podemos dejar de decir), posts censurados, cortes de todo, silencios negociados, cuentas privadas, enemigos públicos, trolls, odio a rolete, cercos mediáticos, noticias que no llegan, distorsión en las noticias, redes sociales que posibilitan diálogos y son a la vez los instrumentos con los que nos vigilan, odio y amor definiendo por penales, pesadillas con la policía, pesadillas con tortura, vigilia que atormenta, drogas para respirar, nuevos y viejos dispositivos de captura, refugio en las amigas, caza de militantes declarada deporte-del-verano-2019, gobernantes sin palabras, gobiernos de mano dura, burgueses asustadxs, ruido y más ruido, noticias falsas, cuentas falsas, democracias falsas, silencios que freakean, tibieza de las ruinas de una izquierda que ya no, fuego en los ojos, brotes de lucha desparramados en el terreno, mujeres autoorganizadas, travas valientes, protagonistas anónimas, palabras que se resignifican, deseos de continuar, dudas de si continuar, asambleas permanentes, conflicto entre luchas que deberían abrazarse, colectivos dispersos, angustia que si se mete para adentro te muere, fronteras que arden, celulares en microondas, desplazamientos no voluntarios, interrupción de todo mientras todo como si nada, desesperación versus desesperanza, alegría en no sé donde, invitaciones sin respuesta, círculos secretos, militares en la política, ejércitos en los pavimentos, políticos que solo hacen guerra, políticxs amenazados de muerte, autoproclamados presidentes, manipulación y simulacro, pensar en seudónimos, dudar si devenir anónimxs o dar la cara por quienes ya no les queda nada, verse en el espejo de los privilegios, examinarnos vulnerables, fantaseos con el exilio, tácticas de insilio que resuenan, salvarse o dejarlo todo y cómo, salvarse sola o arriesgarse en colectivo, salvarnos en colectivo arriesgándolo todo, la ingenuidad egoísta de la burbuja, todo bien y todo horrible al mismo tiempo, caminos del medio, silencios tácticos, costados de la vía, comunicados que cambian nada, “cuidate” como mantras escépticos asépticos, cuerpxs paralizades, intensidades autocontenidas, pérdida de sentido, miedos jugando pulseadas con la necesidad urgente de organizarnos y de crear formas nuevas de pelearla, ofensiva mata defensiva, golpes al sur, todo lo que no aprendimos de debord, lo grave y lo trivial confundiéndose, tragedias por tv con una chela fría en la heladera, planes que al final no, planos que no tenemos, incapacidad de medir riesgos, post que alivian la impotencia por 2 minutos, canilla libre de hipocresía, tiempos que corren mientras el tiempo corre, mientras la policía corre pibxs en un barrio cerca y lejos, mientras mi imaginación corre y mi cuerpo sigue acá quiero. Ni puta idea de qué deberíamos estar haciendo. Ni puta idea de qué podríamos estar haciendo.