martes, 21 de noviembre de 2017

miércoles, 4 de octubre de 2017

miércoles, 5 de julio de 2017

viernes, 30 de junio de 2017

miércoles, 14 de junio de 2017

Trepando en la oscuridad. Entrevista a Bruno Bosteels por Entre (GD y LN)



Disponible en: <https://ladiaria.com.uy/articulo/2017/6/la-izquierda-actual-vista-por-bruno-bosteels-pensador-belga-radicado-en-estados-unidos/>. 

jueves, 8 de junio de 2017

3 de junio: Marcha Ni Una Menos / Cuando la fragilidad se vuelve fuerza



Disponible en:
<https://ladiaria.com.uy/articulo/2017/6/cuando-la-fragilidad-se-vuelve-fuerza/>


Cuando la fragilidad se vuelve fuerza
Marcha del 3 de Junio / Coordinadora de Feminismos y Ni Una Menos

La marcha del 3 de junio fue originalmente convocada desde el 2015 en Argentina y replicada en 2016 bajo la consigna de #vivasnosqueremos. Este junio la convocatoria fue con un “basta de violencia machista y complicidad estatal” y buscó un alcance internacional pensado en torno a la consolidación de una red de feminismos en América Latina. Desde 2015 hasta ahora es indudable que el movimiento feminista creció y ganó visibilidad; en parte esto se debe a manifestaciones como la del 19 de octubre de 2016, la gigante marcha de mujeres en USA el enero pasado*, el paro internacional de mujeres, las movilizaciones mundiales del 8 de marzo**, o los impulsos feministas a la interna del sistema político. Pero también viene siendo acompañado de un extraño y triste crecimiento en los femicidios en diferentes países.

Ni Una Menos es la organización tras esta marcha y también el hashtag que convoca actualmente a organizaciones feministas de países como Argentina, Chile, Uruguay, Perú y México. Con diferentes características en cada uno, el movimiento tiene en común las Alertas Feministas (manifestaciones cada vez que asesinan a una mujer por violencia machista) y el trabajo en torno a la violencia y su expresión extrema: el feminicidio. Ni Una Menos emerge de asambleas feministas y mediactivismo, nace en un poema de Susana Chávez - ella misma víctima de femicidio unos años después - donde exige que “ni una muerte más” al abordar la realidad de mujeres asesinadas en Juárez - México, nace de activistas asesinadas por sus parejas como Micaela, nace de anónimas olvidadas, nace de “Higui”s (presa hasta el día de hoy por agredir a quien intentaba abusar sexualmente de ella), nace de la indiferencia hacia la causa o la apropiación oportunista y cínica de parte de políticos dispuestos a rápidamente cagarse de nuevo en ella, nace de un “entre mujeres” que explora en las herramientas que pueden emerger de una comunidad combativa en femenino.

En Uruguay se marchó en 8 departamentos a partir del llamado de la Coordinadora de Feminismos, un colectivo que por su desidentificación y radicalismo ha despertado fuertes adhesiones y fuertes rechazos, incluso en ambientes feministas. Las movilizaciones del sábado quizás no fueron de cientos de miles de personas pero dan cuenta de que en muchos departamentos y rincones del Uruguay el movimiento feminista se está despertando más allá de grupos y partidos, y tiene ciertamente sus formas singulares de moverse.

Pasos del movimiento

“Que el dolor se vuelva rabia, la rabia se vuelva lucha y nuestra voz grito”. La consigna de este año le parece más que pertinente a mi garganta que se ahoga cada vez que quiere responder “tocan a todas”. Me percibo frágil y chiquita al lado de mis compañeras de marcha que llevan el “tocan a una”, con el grito firme, de caras pintadas, prendiendo fogatas, girando en círculo, mirando a los ojos, relatando los 18 casos de feminicidio ocurridos este año.

“El femicidio es una categoría política” dice la proclama cuya primera palabra es “porfiadas”. Porfiadas y todo, un par de días antes, en la conferencia de prensa la Coordinadora propuso debatir la figura penal de femicidio. Y es que impulsar una figura legal punitivista entra en contradicción con el rechazo a la violencia y también con el “es el estado” que denuncia la proclama. Y es que es contradictorio reconocer en el estado el motor de la máquina de poder patriarcal y al mismo tiempo llamarlo a intervenir. Estas contradicciones no les son ajenas al feminismo y necesitan ser leídas en el contexto de una lucha en proceso. Soy la retaguardia de este movimiento pero estoy, pienso y miro de atrás a las decenas de carteles, con estas ganas de llorar que me ahogan y me hacen entender que no son suficientes ni teorías ni títulos para lo que esta lucha necesita. Démosle. Qué suerte que somos muchas y muchos.

Cuando se les llama “marcha” a las manifestaciones de Ni Una Menos habría que por lo menos aclarar que éstas no siguen la fórmula clásica. En ellas un tipo de performatividad ritual y espiritual se observa y percibe más allá de lo visible. La típica modalidad de juntarse, marchar hacia el frente y dispersarse en el punto de llegada es reemplazada por otras prácticas, unas que dejan ver que esta lucha no es solo contra sino entre. Si pensamos en el feminismo como una nueva configuración de viejas luchas de clase, no es para reemplazar en la misma estructura de la anterior a los nuevos actores en pugna sino para comprender que el “opresores” y “oprimidos” requiere de nuevas sensibilidades y estrategias. Es decir, si la lucha anticapitalista es una lucha contra los efectos subjetivos (y objetivos) de desigualdades materiales, el feminismo es una lucha que pone énfasis en su contracara: desigualdades materiales causadas por efectos subjetivos. Empezando por la vida. Esto implica que el feminismo se da cuenta  - e invita a que lo hagamos -, que las luchas por un mundo más justo no consisten únicamente en la expropiación y redistribución de bienes materiales (aunque claramente la cuestión feminista se superpone inevitablemente con la cuestión de clase en el sentido más econométrico del término), sino que se hace sobre los cuerpos, sobre los afectos. Y esto tiene consecuencias sobre la relación entre medios y fines o en otras palabras sobre formas y contenidos de la lucha, sus tácticas, sus subjetividades, sus formas de acción.  

Ésta vez comienza en la plaza Libertad, con una concentración llena de carteles y mensajes, hiperpoblada de frases y de nombres de mujeres asesinadas. La tarde fría va cayendo y el colectivo que liderará cual maestras de ceremonia chamánica las diferentes etapas de la marcha convocan a un círculo. Son mujeres de diferentes edades y apariencias, no llevan carteles de organizaciones ni son famosas: y nos guían. Entramos en la ronda, espacialidad de la comunidad de iguales, en el centro se enciende una hoguera y se inicia una performance donde el sonido viene de todas partes menos del foco de atención central: “la mató con el arma de reglamento”, “se lo buscó.. “, “andaba sola y volvió del baile sin nadie”, “la mató con dos tiros en la cabeza y le dijo a sus hijos mamá se portó mal”. Las voces de mujeres y de otras mujeres que ya no escuchamos circulan entre nosotros y sobre esta vereda, para la que seguramente estas palabras no son novedad. En el centro, de a poco ocupado por las performers, una cadena de cuerpos empieza a formarse y la representación sugiere esta posibilidad alquímica de unión femenina y feminista: transformar las cadenas de opresión en cadenas de solidaridad. El fuego empieza a dispersarse y el orden de la marcha a establecerse: pancartas y carteles adelante, todxs lxs demás atrás. La caminata comienza a un paso agilizado por los aplausos, el bombo y los cantos que se suceden unos a otros durante el trayecto: “tocan a una, tocan a todas”; “mujer escucha únete a la lucha”, “ni una mujer menos, ni una muerta más”, “la lucha feminista por américa latina”, “este sistema es opresor y patriarcal”, “muerte al falocentrismo sindical”, “somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar”. Aullidos. Se canta hacia afuera pero también se canta juntas y esto no es nada secundario. Tampoco lo es lo que se siente al gritar “tocan a una” y escuchar los cientos de “tocan a todas”. Una hermandad bastante poderosa radica en esto que parece una consigna más. El dolor hace temblar el estómago y las rodillas pero cantamos, o aplaudimos, o estamos ahí, como podemos, mujeres, hombres, niños. De a poco guantes violetas empiezan a esparcirse por lxs manifestantes y sus puños en alto. La marcha llega al destino anunciado pero sigue un poco más; ojalá esto nos pase como movimiento pienso. Y ojalá que no dejemos que nos transformen el amor en odio.  

Al llegar se arma un nuevo círculo y se da la palabra a una militante que habla de feminismo y de salud mental, tiene unos 50 años y la marca de muchas tristezas en la cara. Luego una activista de 16, nos pregunta cómo reaccionar a la cercanía de la tragedia anunciada, otro asesinato, esta vez vecino. Se invita entonces a leer la proclama que fue repartida insistentemente a lo largo de la marcha y ahora vemos para qué: leemos en colectivo, organizando las voces, haciendo el esfuerzo de coordinarlas en la polifonía de nuestros cuerpos y nuestras vidas. Hablando mientras escuchamos esa voz nuestra y otra juntas, le ponemos cuerpo a un texto que escribimos o que quizás leemos por primera vez, coincidiendo plena o parcialmente. Quizás no coincidiendo. Como fin una especie de caracol de manos y cuerpos en una danza ritual.

La mujer suele aparecer en el espacio  y en el imaginario público como víctima o como bruja (desde antes de la que mordió la manzana). Estas dos figuras presionan en la experiencia que esta marcha produce, sea desde la calle o desde los medios. Somos sin embargo personas en lucha y movidas por la pregunta: ¿cómo unirnos en colectivo sintiéndonos luchadoras? ¿Cómo unirnos sin organizar nuestra identidad en torno a la categoría de víctimas? O de madres? O de suaves doncellas traicionadas? ¿Como pasar de víctimas a afectadas? ¿Cómo no ahogar a los procesos de transformación subjetiva durante la lucha contra un sistema que exige para “ganar” el uso de la violencia, el ejercicio del poder?

En estas preguntas vive un desafío enorme para un movimiento como el Ni Una Menos y si hay que recurrir a hechizos quizás lo hagamos. En estas preguntas también radica quizás el miedo que suscita el feminismo: el miedo a que queramos limitar las libertades, miedo a que seamos brujas de verdad y convirtamos en sapos a todos, miedo a la pérdida de privilegios, miedo a que esta guerra termine simplemente en un cambio de bandos que reproduzca las mismas fórmulas opresivas pero al revés, que abra una zanja irreparable en un suelo ya demasiado quebrado.    

“No queremos gestionar el infierno” decía hace poco Raquel Gutiérrez en una entrevista sobre feminismo y pienso que no adhiero a un feminismo que desea un machismo pero al contrario, y que también todo sujeto en lucha está permeado por el sistema o enemigo al que combate y que con grados diferentes siempre habrá colonizado alguna parte de su ser. Por eso cuando gritamos “mujer escucha” nos gritamos hacia afuera y hacia adentro, les gritamos a las mujeres que viven en los hombres, a las indiferentes y las que se creen salvadas, gritamos como un deseo de otros futuros que sin embargo no pueden sino imaginarse informados por el pasado y el presente. Y en este presente somos afectadas pero construir nuestra identidad como víctimas no puede llevarnos lejos. Es por eso que si nos matan en las casas vamos a las calles, si nos matan en privado nos manifestamos en público, si lo político es personal lo personal es político, y si lo público está colonizado por el patriarcado intentaremos interrumpir en su orden, para primero desordenar y luego dispersar el poder. Y es tiempo de empezar a imaginar qué podemos por aquello de que “sin idea sustancial de lo que sería una victoria, sólo podemos ser vencidos” (C.I)

Leer juntas, caminar juntxs, entender que esta lucha es de todxs y nos necesita unidas, alzar los puños y darnos la mano, convertir el dolor en rabia y la rabia en lucha, convertir el amor (el que quede) en más amor, construir a partir de la fuerza que da aceptar la propia vulnerabilidad, apoyarnos mutuamente. La lucha feminista es desde los cuerpos y los afectos y es la marea que moja ahora a América latina. Y es quizás su humedad la que puede dar vida al suelo de tantas otras luchas.


CI = comité invisible




martes, 23 de mayo de 2017

viernes, 12 de mayo de 2017

Mezcladora de cuerpos sobre FIDCU 2017






Disponible en:
 <https://ladiaria.com.uy/articulo/2017/5/culmino-el-sexto-festival-internacional-de-danza-contemporanea-del-uruguay/>.

TEXCO COMPLETO PRE EDICIÓN

Mezcladora de cuerpos

En un festival pasan cosas pero también él hace que le pasen cosas a la ciudad, al público, al teatro. Por la personalidad social y de cuerpo suelto de su público y sus artistas, un festival de danza contemporánea llena las plateas de conversaciones y risas, llena la ropería del teatro de bultos que no caben en el locker; mochilas, bolsas, bolsitas; llena los pasillos de olor a óleo 31 (la droga de los bailarines); hace que la gente viaje y vuelva a casa tarde aunque madrugue porque es martes; que artistas se encuentren; que salas e institutos sean habitados por gente que estira en los rincones y camina portando alta consciencia postural.

La sexta edición del FIDCU - dirigido por Paula Giuria y presentado en (link a nota previa) “es enorme” como me dijo un amigo al agarrar el catálogo y como se evidencia al repasar la cantidad de imágenes, emociones, pensamientos y sensaciones que se movieron en esta semana de festival. Además de una oferta de actividades que pone nerviosa a cualquier agenda más o menos apretada, El FIDCU es la pesadilla del espectador antisocial y el paraíso de quien piensa y disfruta del ir al teatro como una experiencia de encuentro y ritual compartido.

A diferencia de otros años donde la línea curatorial era más homogénea, la programación de este FIDCU no sólo varió en cuanto a las trayectorias - vimos en él desde estrellas consagradas como Vera Mantero hasta primeras obras de coreógrafas como la de Julieta Malaneschii, adolescentes de Rocha y Maldonado, artistas internacionales emergentes, performers, músicos e inventores en escena -, sino también en cuanto a estéticas y lenguajes. Se encontraron en sus salas y obras, estéticas experimentales, archivos de la historia de la danza, propuestas altamente teatrales, expresionistas, minimalistas, ficcionales, improvisadas, plásticamente cuidadas, en proceso y consagradas, obras nuevas o modificadas, trabajos frutos de encuentros y colaboraciones remotas, preguntas en formas de obra y obras envueltas en palabras y textos.

Ante esta variedad y reuniendo a muchos espectadores que circulan y comentan obras que van viendo entre sí, un festival implica inevitablemente la formación de consensos y tendencias, de conversaciones y rumores que van instalando la percepción de que “esta obra si” y “esa otra ni ahí”, de que “me rompió la cabeza” o que “le falta”. Este rol o hábito aparece en toda comunidad de espectadores y aunque que se adecúa a lógicas curatoriales y de identificación de tendencias, también permea la experiencia de los espectadores que vivencian las obras más o menos afectados por el modo en que éstas afectan a quienes los rodean. El dispositivo teatral se muestra así como una especie de maqueta de lo social y su modo de producir comunidad, comunidades, consumos, círculos de distinción.

Este FIDCU sin embargo puso en su menú a obras difíciles de clasificar o a las que responder, obras donde el “me gusta” no se aplica o no es suficiente, donde es difícil construir consensos o donde los consensos existentes se tambalean. Obras que abrieron el disenso y la perplejidad; lindos estados para habitar ante un fenómeno artístico. Las obras que logran esto satisfacen menos al espectador de hinchada pero tienen la potencia de confrontar a los espectadores con su propia experiencia - en individual y en colectivo -, que si se escucha sin tanto temor a no encajar en la opinión de moda o sin tanta urgencia de “entender”, habla, baila y nos hace bailar. Un festival es también un formador de sensibilidades compartidas y por eso las relaciones y colectivos que se activan en él son tan importantes y pueden engendrar desde hospitalidad y crítica constructiva, hasta antagonismo y competencia entre obras y artistas. Esto hace del encuentro un acontecimiento que también es político.

La apuesta política de este año involucró al igual que el año pasado (cuando se realizó una jornada en el Museo Blanes) el descentramiento de la ciudad, esta vez con rumbo oeste, proponiendo un domingo de convivencia en el Cerro, donde además de las obras presentadas en el Teatro Florencio Sánchez, se compartió almuerzo, caminata, visita al memorial y cruce de charlas y experiencias sobre la política, la danza y las dictaduras de los diferentes países de donde venían los asistentes. Aparecieron así tantos desaparecidos, nombres y temas.   

Cocktail coreográfico
Como después de un estado de ebriedad la resaca es una bruma desde la que se recuerdan únicamente los momentos más impactantes de lo vivido, el FIDCU cual sobredosis de danza, deja al terminarse un archivo inevitablemente selectivo y subjetivo de lo que pasó, el registro de los subidones de una programación extensa.

En ese sentido mi recorrido empieza por la penúltima obra del festival, “Olympia” en la que Vera Mantero realiza con pocos recursos usados con extrema delicadeza, una obra bellísima y llena de humor, un estudio gestual y pictórico que dialogando con Manet y la “Asfixiante cultura” de Jean Dubuffet, propone un solo femenino que desde lo concreto levanta infinitas imágenes y momentos. Una mujer tendida sobre una cama, leyendo, sobre fondo negro, recortada. Mantero existe en un círculo de luz que hace desaparecer todo su entorno y que pone arriba de la cama una coreografía hecha por un cuerpo que domina con precisión sus tensiones e intenciones sin grandes despliegues espaciales, una coreografía intensiva más que extensiva, una coreografía de tonus muscular bajo que sin embargo nos lleva a lo alto de la belleza estética, esa que Barthes asociaba al punctum, una coreografía basada en un cuerpo que posa y sus micro momentos, en todo lo que no cabe en la imágen, en todo lo que sucede entre el cuerpo y sus posibilidades de retrato con el foco puesto en el durante.

Otra de las obras potentes fue la presentada por la compañía Chroma Teatro (España) que con sus mujeres fuertes y encendidas, prendidas a la barra de no ballet ofrecieron en “Sapucay” una inmersión física y ambiental en un mundo simbólico y material abyecto, en una sexualidad hirviente y directa que desdibujando los límites entre lo masculinizado y lo femenino no estereotípicamente femenino, nos confrontó con cuerpos que gritaban estados y desbordaban erotismo y violencia. “¡¡Está caliente la indiada!!” Escenario chico e infierno grande, danza costumbrista, Sapucay es una comedia negra y expresionista sobre un espacio no identificado pero con infinitas marcas identificables.

Por su parte, “Gag” del colectivo brasilero-español Qualquer y la creación e interpretación de Luciana Chieregati presentó una mujer en escena, o un cuerpo intentando decir, o un cuerpo que se mueve para no decir, o una bailarina en problemas, o la afasia de la palabra sorda, o la multiplicidad de un único cuerpo, o la maleabilidad del gesto, o la intersección entre palabra y danza, o la presencia de un cuerpo- amplificador en el centro del escenario, o la violencia siendo vecina del humor, o el humor que se basa en la opresión del cuerpo, o la música brasilera, o el romance ridiculizado, o lo ridículo del ridículo, o lo serio del ridículo, o tomarnos el primer avión con destino a la felicidad. La consideración de demasiadas posibilidades y un solo cuerpo en un trance intraducible y grotescamente conmovedor.

En los bordes de la danza, la obra del portugués Joao Dos Santos Martins compartió con otras como “Barco Dance Collection” (Machado), “Videoclip” (Conde y Leite)  u “Overstatement” (Ketilsdóttir) una reflexión sobre el propio medio dancístico, la figura del bailarín, sus historias y sus posibilidades. Esta obsesión de pensarse a sí misma que la danza contemporánea comparte con otros lenguajes y perspectivas homónimas, da a veces lugar a propuestas un tanto herméticas o al menos endogámicas respecto a las lógicas del campo artístico, y en otras ocasiones interesantes miradas donde el medio es explorado performativamente creando configuraciones escénicas que alcanzan también a los no entendidos. Fue ese el caso de “Proyecto Continuado” que de larga duración, hizo un recorrido por la historia de la danza espectáculo occidental empezando por Isadora Duncan, su técnica del plexo solar y su abordaje espiritualista, llegando a la danza conceptual, el contact, Jane fonda y el entusiasmo, la búsqueda de autonomía, los clichés de la danza, la sensualidad no siempre asumida de su práctica (y no sólo de su presentación), la belleza de la técnica, el “fin de..”,  la deconstrucción de la forma y de la danza por parte de la propia danza. El elenco de esta obra nos paseó por diferentes paradigmas dancísticos y momentos de la historia del arte y sus filosofías, buscando reconectar con un pasado para continuarlo, para ser continuados por él, para pensar en el rol de los cuerpos en el devenir de la historia. “Si indagamos en el verdadero origen de la danza, si vamos a la naturaleza, encontraremos que la danza del futuro es la danza del pasado, la danza de la eternidad, y ha sido y siempre será la misma.” escribía Isadora Duncan* - y citaba Martins.

Otro de los recuerdos del festival que sigue latiendo es el de “Hormigonera” - Del Pino, Rodríguez Tricot, Rossi Giordano, Ruétalo Luccini y Skrycky - , investigación que inauguró el FIDCU y que presentada como proceso resultó una obra hipnótica en la que sus creadores están presentes con la función de mover objetos, activar dispositivos y dejarlos hablar. La poética de la prueba, la concepción del coreógrafo como “inventor” que mezcla creatividad, ingeniería y espíritu gambiarra para mover el mundo, el estudio físico y material del universo objetual subjetivo que nos rodea, la creación de submundos dentro de él, el tratar al objeto como a un camarada, compartir la belleza de las cosas simples, compartir recetas de cosas complejas. De esto iba “Hormigonera” que sigue en proceso durante los próximos meses y estrena en el Cerro. Además de un experimento simple bicromo, esta fue la primer obra en que escuché a los artistas hablar durante la charla posterior de ideología de la pieza, y no era creada por bailarines. Estos artistas con conocimiento técnico y experiencia profesional en ese rol, cuentan con sus herramientas y además con una formación basada en la observación de decenas de procesos, de cientos de modos de trabajar de los artistas para los que operaron, con la familiaridad de decenas de elementos y materiales que piden y dan cosas diferentes. Por otra parte, con su estética austera en simbolismo y representación, con su investigación de la calidad de movimientos y de pesos, “Hormigonera” quizás no esté tan lejos de entusiastas de la historia de la danza como Loie Fuller y sus intentos de dar luz e imagen a enormes grandes telas-vestuario en movimiento, o los descubrimientos que en términos de volumen y masa debe haber hecho Doris Humphrey con su propio cuerpo a través de la técnica que denominó “fall and recovery” (caída y recuperación).

Mucha más danza sucedió este FIDCU; mucha obra con parlantes en escena, mucho ruido de animal, mucho hombre y mujer tornándose o siendo, una compañía formada por muchos coreógrafos y un solo bailarín, danzas que jamás podrían ser descritas salvo recurriendo a acontecimientos anatómicos, mucha obras que te hacían respirar con ellas, el pensamiento del cuerpo, el cuerpo como pista o como huella, el cuerpo como marca, cuerpos tirando del centro del cuerpo al centro del cuerpo, enigmas y ofrendas, declaraciones y extinciones, telepatía y superhéroes, investigaciones del ritual y sus formas, abstracciones, miel con cúrcuma, extranjeros encantados con cuanto porro hay en la vuelta, pogos de cuerpos sin cara, la lenta llegada del frío montevideano en otoño, muestra de procesos y procesos de muestra, lobby, desencuentros, reencuentros no esperados y esperados, planes a futuro, deseos descubiertos, pensamiento del cuerpo, de las articulaciones, de los músculos, de la piel, de los tendones, de la borrachera del baile final y sus consecuencias cognitivas y afectivas.  

Artistas, personas, preguntas, relaciones, etc
De los encuentros y obras sucedidos se deduce que hay muchos artistas haciéndose preguntas potentes no sólo sobre sus propias prácticas, sus políticas, sus modos de sustentabilidad, etc, sino también en torno al mundo, al futuro, al fracaso, a lo imposible, a cómo bailar lo impensable pero también cómo pensar en qué coreografías queremos o no (re)producir en nuestro arte y vida.

Tal como llovió en una de las “tormentas temáticas” - charlas organizadas en torno a temas específicos - la danza tiene un aspecto ritual y comunitario que si resulta claro y potente para quienes la experimentan, no siempre es fácil de comunicar o compartir con quienes son llamados a desempeñar el rol de “espectadores”: ¿cuán posible de dislocar es eso?. Seguir experimentando con la creación escénica o por el contrario socializar y democratizar esas herramientas se plantean como alternativas que quizás no son excluyentes, al igual que no lo son forma y experiencia en el ritual, o lo explicable y lo inexplicable de la experiencia estética, o el trabajo colaborativo y el trabajo de calidad en un festival como este.  

El FIDCU provee el contexto para que encuentros y redes se tejan entre artistas de Uruguay y de diferentes países. Y el arte, a diferencia de otros espacios ya totalmente neoliberalizados donde resulta impensable cualquier percurso que no sea individual y competitivo, sigue insistiendo con el trabajo en red, en colectivo, en la pregunta por la comunidad, en dinamitar en una semana el dinero que casi ningún artista podrá llegar a tener para desarrollar el proyecto de sus sueños. Y quizás eso está bien. Y quizás no exista (aún) tal proyecto de los sueños.

La danza puede ser de cuerpos disciplinados y coordinados, de cuerpos coordinados en gozo, de cuerpos que son movidos, de cuerpos sin órganos o buceando otros tiempos. El cuerpo de la danza contemporánea se aleja de la formalización y de la identificación, y su caos, cuando es recibido con paciencia, tiene cosas que decir, que ofrecer y que compartir.
Como se dijo en “Proyecto continuado” mientras un grupo de bailarines se movían anárquicamente en el espacio conviviendo entre sí heterogéneamente: quizás la democracia se parezca más a esto que a una señora vestida de azul, rojo y blanco con flores en la cabeza.

Sin duda la danza contemporánea ha avanzado, mejorado, se perfeccionó, ganó públicos, se insertó en un mapa de políticas culturales, se entendió mejor a sí misma, ingresó en instituciones educativas formales, se multiplicó en procesos socioeducativos informales y parece acercarse al punto de regresar al ¿para qué? Y el para qué punza como pregunta. Y en tiempos de post-relatos y escepticismos no parece probable un revival del intento de reconexión con lo sagrado, la búsqueda de una verdad estética. ¿Con qué busca conectar entonces la danza contemporánea? ¿y con quién?. Quizás su aspecto micro-comunitario tenga no solo puntos en contra - sino veamos lo que las culturas “masivas” tienen para ofrecer - y señala más bien que hay un aspecto afectivo, emocional, espiritual involucrado entre quienes se enganchan a ella como a la pasta base. Traducir al momento contemporáneo preguntas planteadas por danzas del pasado puede ayudar a engordar de historia a un futuro que luce magro en términos de utopías, sueños, experiencias transformadoras y cambios radicales. “Pero la danza del futuro tendrá que volver a ser un arte altamente religioso, como era entre los griegos. Porque el arte que no es religioso no es arte, es pura mercadería.”, decía Isadora*, y quizás estaba equivocada cuando en 1903 avizoraba este futuro sacro para la danza. Hoy la posmodernidad como lógica cultural del capitalismo tardío o del neoliberalismo logró desmitificar al cuerpo pero en ese mismo movimiento quizás acabó por fetichizarlo, por aislarlo, por volverlo cosa mientras intentaba liberarlo de las estructuras del sujeto. ¿Cómo sería recuperar la creencia y la experiencia del cuerpo pero ya no buscando a dios o al reino de lo anatómico-biológico como respuesta sino devolviendo el cuerpo al terreno embarrado de lo que podemos hacer juntos? Quizás este sea un desafío crucial en el que puede colaborar hoy el arte de hacer danzas.

*La danza del futuro. Isadora Duncan (1903) tomado de El arte de la danza y otros escritos, de Isadora Duncan.Editorial Akal.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Nunca antes, nunca más





 Disponible en: <https://ladiaria.com.uy/articulo/2017/5/sexta-edicion-del-festival-internacional-de-danza-contemporanea/>. 

Texto completo:

Nunca antes, nunca más: festival contemporáneo de danza
Sobre la Sexta edición del FIDCU. 3 a 10 de mayo en varias salas.  

Hoy a las 17hs en el Auditorio Adela Reta el Festival Internacional de Danza Contemporánea lanza con brindis y dj su sexta edición que va hasta el miércoles 10 en diferentes espacios de Montevideo. Bajo la dirección de Paula Giuria, la curaduría de Giuria junto a Vera Garat, la producción general de ellas y Catalina Lans, y la dirección técnica de Leticia Skrycky, Erica del Pino y Santiago Rodríguez Tricot, el festival muestra signos de maduración sin conservadurismo. El FIDCU es un lindo ejemplo de cómo algo puede institucionalizarse sin cerrarse y entablando siempre nuevas y diferentes claves de cooperación, colaboración y sustentabilidad.

No es frecuente pensar en un festival como una obra en sí misma, sin embargo, proyectos independientes y creativos como este hacen plausible la comparación. FIDCU es producido desde el aprovechamiento de recursos disponibles, la potenciación de fuerzas colectivas en colaboración, la estética hermanada con la gestión, una curiosidad en movimiento sobre los discursos y relatos curatoriales que se tejen al juntar ciertas obras en un lugar, un estudio sobre mediación y públicos, y una preocupación política y estética por acercar las formas exhibidas a sus procesos de producción. El festival es un “estado de encuentro”, una oferta inusualmente rica, diversa y concentrada de danza contemporánea, la posibilidad de formarse en sus talleres gratuitos o obras para artistas locales, la posibilidad para artistas internacionales de actuar y crear en Montevideo, y el fruto de una constante negociación entre redes autónomas, tendencias estéticas, exigencias del mercado y políticas culturales. Todo esto y un gran equipo (no en tamaño pero sí en calidad) da forma y sostiene al FIDCU.

A la hora de invitar a ver danza, la contemporánea no es de las más fáciles pero no por eso diga no. A veces valen la pena las curvas lentas de aprendizaje. En la última década, la DC se ha desmarcado de las formas identificadas como “danza” mientras intenta problematizar - en algunos casos para desecharla y en otros casos para redefinirla - el concepto de coreografía. Como han observado diversos artistas e investigadores los coreógrafos están experimentando con nuevos modelos de producción, formatos alternativos, han extendido la comprensión de coreografía social considerablemente y están movilizando fronteras innovadoras respecto a auto-organización, empoderamiento y autonomía. La coreografía se redefine a sí misma para incluir artistas y otros que usan estrategias coreográficas sin necesariamente relacionarlas a la danza y al mismo tiempo busca continuar incluyendo a coreógrafos involucrados en prácticas como situaciones de ingeniería, organización, coreografía social y movimiento así como expandirse hacia estrategias cinematográficas y de documentación, repensando la publicación, exhibición, muestra, mediatization, producción y post-producción (Hildebrandt 2013).Como señala Hildebrant, la coreografía está experimentando una verdadera revolución. Este diagnóstico ha sido asociado al “fin de la coreografía” pero quizás este aparente fin sea en cambio su futuro. En esta línea, en su sexta edición el FIDCU apela a formatos bastante clásicos de obras escénicas pero también a experimentos que juegan en el borde del campo y del palco; obras menos preocupadas por la inscripción disciplinar o rigor formal que por producir nuevos pensamientos, relaciones y experiencias. No es casual que la primer actividad del cronograma de FIDCU ponga en la Hugo Balzo a “Hormigonera”, creación colectiva de Del Pino, Rodríguez Tricot, Rossi Giordano, Ruétalo Luccini y Skrycky que se propone trabajar en los lenguajes de espacio, materia, luz y sonido y “dejar hablar a las cosas para ponernos en relación con el lugar que se dispone”. A través de prácticas intermediales y la relación con colaboradores e interlocutores, el proyecto es escénico pero también tiene forma de archivo que funciona como mapa de y para su hacer (hormigonera.uy)

Si hubiera que hacer un mapa de las líneas curatoriales de este FIDCU 2017 tal vez sobresaldrían: el énfasis en obras que exploran la historia de danzas y cuerpos; obras interesadas por modos de discursividad y enunciación y por la relación entre danza y lenguajes; exploraciones sobre prácticas rituales y colectivas; e investigaciones sobre y desde la materialidad del cuerpo y sus formas de presencia.

El futuro es la historia

La historia o “giro historiográfico” viene siendo un eje clave de la creación en DC que no sólo pasa por un período de obsesión con su propio pasado en tanto campo artístico, sino que se dio cuenta de su capacidad para crear herramientas potentes para revertir el lugar de subalternidad de los cuerpos y sensibilidades en los relatos hegemónicos sobre procesos históricos.
“Proyecto continuado” del portugués João dos Santos Martins citará desde la sala principal del Solis una pieza icónica del surgimiento de la DC para continuarla recurriendo a una “idea” de coreografía que la piensa como tecnología que verifica, activa y transforma las relaciones entre individuos. La creación se propone pensar y operar sobre la forma en cómo la coreografía y la danza establecen patrones ideológicos que reafirman o discuten los regímenes éticos y estéticos dominantes.
En diálogo con las ciencias biológicos “Extinto” es una co creación de las uruguayas Luciana Bindritsch y Carolina Silveira y se consume en un solo que danza sobre el “concepto de extinción como un proceso necesario para la evolución”, aceptando que el fin y el inicio pueden encontrarse en un mismo punto.
Desde Suecia y Portugal, Dinis Machado presenta “Paradigma”, un intento de escapar del antropocentrismo y las esencias culturales, explorando en un “folklore de bricolaje para cuerpos con identidades borrosas” y en los modos de construcción y funcionamiento del cuerpo trabajador que “produce símbolos abstractos con materiales concretos y una compleja ingeniería casera”.
Por su parte, los jóvenes creadores chilenos Paula Baeza Pailamilla y Kevin Magne proponen en “Primitiva” una reflexión coreográfica sobre “el pensamiento de los cuerpos originarios en nuestro territorio local y continental”, indagando en los procesos de memoria e identidad de los cuerpos mestizos sujetos a violencias históricas desde la colonización hasta el presente.  
En la línea histórica “Sapucay” de Chroma Teatro y dirigida por Juan Pablo Miranda (España), propone conectarnos con “los restos de lo que fuimos un día” a través de un grito de guerra que nace de la conexión entre carne y memoria y entre tres mujeres que sobreviven en paisajes ásperos, míticos, distópicos.

Discursos y formas de enunciación
Al igual que es raro pero necesario presentar obras escénicas y coreográficas a través de palabras (como ahora), algunas obras reflexionan por la vía performativa sobre la tensión que parece irresoluble entre formas de bailar, de decir, de significar, de pensar, de enunciar. Este complejo universo de modos de enunciación es tratado en obras como “Overstatement/ Oversteinunn: Expresiones de expectativas” en la que la islandesa Steinunn Ketilsdóttir investiga en el género de las declaraciones y manifiestos, cuestionando las expectativas levantadas por performance, performer y público. “Si pudiera hablar de esto no haría esto” de la española Janet Novás explora por su parte las relaciones entre lo existente, lo visible, lo que es sin ser nombrable y lo innombrable, lo verdadero, lo (im)perceptible, lo que nace y muere en un instante. “GAG” del colectivo Brasilero-español Qualquer es una pieza en la que Luciana Chieregati se pregunta qué se produce en la sobredosis de significados que interrumpen una lógica de relaciones de superposición entre el cuerpo y las palabras. Por su parte en “Olympia” y “Lo que podemos decir de Pierre” la consagrada portuguesa Vera Mantero investiga intersticios, superposiciones y contrastes entre su cuerpo en escena y los textos escritos y orales de Jean Dubuffet y Gilles Deleuze respectivamente, así como la pintura “Olympia” de Manet. En este bloque también podríamos situar la obra de Dinis Machado (Portugal-Suecia) que titulada “Barco Dance Collection” convierte al rol de director en el de curador y al de coreógrafo en bailarín que pide ser coreografiado componiendo un collage escénico en su propio cuerpo y a partir del deseo de ser atravesado y movido por obras no propias  

El ritual de lo imposible y la materialidad del cuerpo

La búsqueda de la comunidad y las tensiones entre la materialidad del cuerpo y sus relaciones con lo imposible o utópico también aparecen en varias de las obras programadas. Ejemplos de ello son el estreno de “Bordeando lo imposible”, creada por Florencia Martinelli junto a un colectivo de artistas en un proceso que comenzó durante sus estudios en España; “Caravana Sísmica” dirigida por Carolina Guerra y creada desde un colectivo ritual deseoso de resistencia, de estar juntos, de cruzar arte y vida y lo formal y lo visceral; “Episodio III: una obra adolescente para todo público” (proyecto que coordiné) que pone en escena el trabajo de adolescentes de Rocha y Maldonado sobre la improvisación de consignas imposibles, la telepatía, el error y las decisiones colectivas; y de “Enigmas como ofrendas para el pozo” dirigida por la joven Julieta Malaneschii junto a un grupo que se adentra en la incertidumbre haciendo de su nosotros una ofrenda.
​​
“Tangible” de Adriana Belbussi Figueroa, “Permitirse estar” de Natalia Faria y la dirección de Lucía Bidegain, indagan en la materialidad del cuerpo, en su carácter tangible, finito y frágil, en referencias pasadas y actuales que afectan al cuerpo y en la singularidad de vidas y muertes”. También de Uruguay se presenta la creación “Un ataque de caspa” de las artistas de la performance María Noel Langone y Mariana Picart que se anuncia como “pura realización del movimiento que transforma alquímicamente el dolor en juego de sentidos” y la obra “Videoclip” de la pareja de uruguayos transeúntes Magdalena Leite y Aníbal Conde que expondrán en forma escénica la investigación que vienen desarrollando hace algunos años sobre el videoclip como medio para la diseminación de prácticas coreográficas relacionadas a la formación de gustos estéticos generacionales que forman lo que podríamos llamar “cultura pop contemporánea”.
Si les da el aliento para todo esto, el FIDCU desafía qué puede un espectador e invita además a participar de las “Tormentas temáticas” - charlas que se realizarán en Entre e INAE - con el objetivo de generar un marco de discusión e intercambio en torno a temas centrales que se desprenden de obras e intereses de artistas participantes de ésta edición; un diálogo entre diseñadores y técnicos de artes escénicas; el ya clásico “Encuentro de Artistas ETC” que reunirá en GEN a profesionales que combinan la práctica artística con la docencia, la investigación, la producción, la gestión y la curaduría, y pasa por una y otra sin encontrar incompatibilidades ni buscar la especialización; las aperturas de las residencias co-gestionadas por el Programa Artistas en Residencia (PAR) y Plataforma VA: “Tierras” de Rebeca Medina, Carly Czach, Cecilia Lussheimer; “90 supercluster de Virgo” del Colectivo Micro de Argentina y  “Pepo, la mirada es de Otros” del uruguayo Marcelo Marascio.
La invitación está hecha para la danza, este lenguaje hermano del acontecimiento, de eso que no es hasta que sucede, y que una vez realizado no se repite (al menos no sin diferencia) nunca más. En tan solo un rato comienza la función y dura siete días.



viernes, 21 de abril de 2017

Criatura que se busca. Sobre APTO Notas al Movimiento.





Disponible en: <https://ladiaria.com.uy/articulo/2017/4/sobre-apto-notas-al-movimiento-que-viaja-de-paula-giuria/>.

lunes, 13 de marzo de 2017

Nos toca luchar sin modelos. Entrevista a Diego Sztulwark x MAF para la diaria


 






En: <https://ladiaria.com.uy/articulo/2017/3/conversamos-con-el-argentino-diego-sztulwark-sobre-la-crisis-de-2001-y-la-actual-en-su-pais>. 

Entrevista completa pre-edición: 

Devenir Militante 
Entrevista a Diego Sztulwark por MAF*
Investigación militante y lucha social


Fundó junto con otros tantos compañeros el Colectivo Situaciones, es parte de la Editorial Tinta Limón y del Blog Lobo Suelto! Es autor, investigador, docente, militante. En pleno macrismo y a 16 años del del 2001, conversamos sobre investigación militante, tiempos de crisis, sujetos políticos emergentes, política en femenino, poder, contrapoder y lucha social en Argentina.

¿Cuál es la historia del Colectivo Situaciones y lo que llaman “investigación militante”?

En el año 2000 se forma el Colectivo Situaciones a partir de un grupo de personas que ya veníamos teniendo una militancia juntos. Comenzamos haciendo talleres con movimientos y organizaciones, es decir, con personas que estaban metidas en prácticas. Veníamos de una militancia fuerte en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) y teníamos la cabeza llena de preguntas y de una fuerte inclinación a lecturas teóricas, pero la pulsión dominante era la activista e investigadora. Lo que hacíamos era meternos todo lo que podíamos en una serie de conversaciones que planteaban las prácticas de insubordinación que recorrían la sociedad en ese momento: con el movimiento de trabajadores desocupados de Solano, que era un movimiento piquetero de la zona sur del conurbano o la Comunidad Educativa Crecer Juntos, de Moreno. Trabajamos con varios grupos. Intentamos hacer lo que llamamos “investigación militante”, es decir: un tipo de investigación definida por el deseo de entender la complejidad del mundo, y una militancia que renunciaba a tener una línea política por fuera de lo que se elaboraba en las diferentes situaciones. Lo de militante entonces tenía que ver con meterse un poco en las cosas y no hacer como hace la investigación académica que aspira a conquistar una “distancia” sobre su “objeto”. Esa fórmula, todo ese lenguaje nos resultaba insoportable. Queríamos revisar todo eso, radicalizar la crítica tanto de la academia como de las militancias de partido. Sentíamos que se investiga y se produce conocimiento metiéndose en las cosas, teniendo complicidad intensa con luchas sociales. El 2001 nos agarró en esa aventura. Y aceleró todo, porque de pronto se vio con mucha nitidez la fuerza de un nuevo protagonismo social que era capaz de innovar en el plano de lucha social y de problematizar seriamente aspectos hasta entonces incuestionados de la estructura social y política. El cuestionamiento llegó a los partidos políticos y hasta la propia institución presidencia. La consigna “que se vayan todos” es muy clara al respecto. Nosotros asumimos que ese mismo cuestionamiento debía ser dirigido a la figura del intelectual de la academia. Colectivo Situaciones no era un grupo dedicado al análisis de lo que pasaba sino que pretendía intervenir fuertemente por medio de una investigación entre personas metidas en prácticas, en territorios, en escuelas o en el movimiento piquetero, gente que estaba recreando el arte callejero, o la experiencia de los escraches contra los genocidas impunes. Fueron años de mucha experimentación micropolítica. La idea era producir un discurso radical, una teoría radical y alguna forma de organización que vehiculara todo eso pero partiendo de luchas muy concretas, sin centralizar nada. Nunca tuvimos la idea de partir de categorías sociológicas de análisis.
Más o menos en 2007-2008 se hizo visible que la situación en la que el Colectivo se había desarrollado había cambiado mucho. Apareció una nueva militancia, kirchnerista, y se produjo una conversión de los movimientos sociales y los territorios en un sentido muy diferente al que habíamos intentado darle durante la crisis. Como se sabe, terminó primando una idea de reposición muy fuerte de la centralidad del estado, una separación bien tradicional entre investigación y lucha social (de un lado están los investigadores, que ahora se acercan a los movimientos, del otro están los militantes que quieren sustituir a los movimientos). El espacio político se polarizó (entre peronismo y liberalismo) de una manera nueva y se redujo mucho la posibilidad de una imaginación autónoma. Esos años evidenciaron la sequía de movimientos sociales autónomos con capacidad de producir escenas propias. Siempre hubieron grupos y prácticas de todo tipo, y hoy más que nunca. Pero por muchos años no hubo capacidad de participar desde allí en el espacio público de manera determinante. Esos años se disolvió el Colectivo como tal, porque veíamos que nuestro trabajo ya no estaba sirviendo. Seguimos trabajando, pero tratando de inventar otras formas, como la editorial Tinta Limón (que habíamos creado en 2003). Pero cada quien empezó a interesarse por cuestiones diferentes, manteniendo siempre una especie de complicidad o de amistad.

¿Qué dirías que pasó en “la crisis” del 2001?

Para mi es un momento ejemplar porque se logra deslegitimar de manera muy contundente y duradera el discurso político neoliberal. En argentina fue claro: el gobierno de los Kirchner fue un gobierno que no habló de ajuste, ni de privatizaciones, ni de represión (aunque haya habido bastante). Y no lo hizo por los efectos de impugnación del 2001. Hasta que llega Macri tenemos unos largos años en que los políticos argentinos no pueden utilizar lenguaje neoliberal, incluso cuando siguieron desarrollándose políticas neoliberales, hubo que abandonar ese tipo de lenguaje que había sido completamente dominante durante largos años. La importancia de ese momento fue grande. Ahora el tiempo de la crisis es muy distinto al tiempo de la normalidad. Es un tiempo de apertura, cargado de una explosividad y por lo tanto de una capacidad de imaginar posibles mucho mayor. Tal vez nosotros pensamos que el tiempo de la crisis iba a ser más largo, que por sí mismo -si lograbamos prolongarlo- iba a garantizar transformaciones más radicales. El tiempo de la crisis no es solamente el tiempo de la angustia, de la represión y del hambre. Es también el de la proliferación de estrategias y la acción directa generalizada. En este sentido el tiempo de la crisis es el de unas subjetividades que ponen en acción otro tipo de de poder colectivo. No pudimos o no supimos (digo, ni nosotros ni nadie) determinar un tipo de funcionamiento de un contra poder capaz de actuar en tiempos de normalización, capaz de mantener una relación y una distancia con la nueva forma estatal. La imposibilidad de elaborar una posición como esta, que hacía falta, dio lugar a toda una dispersión, a una cantidad de divisiones dolorosas llenas de incomprensiones, hubo de nuestra parte seguramente una falta de madurez para entender los problemas que se venían. Quizás todas estas experiencias micropolíticas tienen la tentación de decir que lo macro político es una suerte de obstáculo. Y por ahí el desafío es pensar de otra manera: asumir que entre las macropolíticas no neoliberales y las instancias micropolíticas hay siempre una invención que hacer, una articulación que lograr puesto que no dejan de ser, ambas, dimensiones de una misma realidad.

¿Qué de los años de la crisis del 2001 te resulta aún fuerte?  

En argentina suele primar un relato del 2001 protagonizado por la clase media a la que los bancos expropiaron sus ahorros. Es una historia verdadera pero  contada desde la capital federal, desde el centro de las ciudades, desde las capas sociales que tienen la palabra. A nosotros nos tocó ser testigos de una experiencia muy diferente, que fue la insubordinación de las barriadas populares, clave para comprender lo que pasó en argentina. Digamos que esa crisis no empieza por la clase media, esa crisis empieza en el interior del país y después en la periferia de la ciudad. Es imposible comprender la radicalidad de aquella crisis sin prestar atención al levantamiento de la gente sin trabajo, despojada por las privatizaciones, por el cierre de ramales ferroviarios, por el cierre de empresas públicas y las industrias. Sin la aparición en los barrios. Es que había una organización comunitaria de gente sin trabajo que era también una experiencia de antagonismo con el peronismo y el estado.
Si te remontas a ese período ¿que decía la sociología? que los desocupados no iban a poder producir acciones colectivas porque las acciones colectivas pertenecían al mundo de los trabajadores ocupados, quienes podían actuar a través de sus sindicatos. Mientras que el desocupado era percibido como alguien aislado en el territorio, sin lazos de clase, culpabilizado, sin redes con otros. Acá pasó lo contrario! Se inventó una política desde la desocupación, desde la marginación, desde los desaparecidos del neoliberalismo (es el mismo esquema de conversión de las víctimas en luchadorzs que habíamos visto con las madres, abuelas e hijos de desaparecidos). O sea: contabamos con una tradición que permitía pensar una política desde las supuestas víctimas, las poblaciones a las que se daba por exterminadas y en las que nadie reparaba. En lugar de aceptar ese lugar pasivo e indigno los movimientos organizan un momento excepcional de lucha, de creación, de producción muy fuerte. Esta es la situación que nos conmovió a nosotros: un protagonismo popular de los barrios más pobres capaces un desafío inédito al pensamiento, incluso de las izquierdas. Un desafío que yo creo que nunca terminó de ser pensado. Eran desocupados que ponían en el centro la dignidad. Y la dignidad no es una demanda de inclusión en el futuro, sino una capacidad de lucha aquí y ahora (en cada asamblea, olla popular, corte de ruta, etc). Creo que ahí hubo una semilla de un contrapoder, un elemento comunitario muy subversivo, algo que la historia posterior tapó un poco con el objetivo de restaurar estructura laborales y sobre todo formas tradicionales de poder político. Un protagonismo directo y sostenido de la lucha social que no veíamos desde el cordobazo.

¿Qué formas de manifestación usaban este tipo de movimiento por esos años?

Y bueno, no podían hacer huelga, pero podían cortar la ruta. Y cortar la ruta es cortar la circulación de mercancías y discutir el mando político sobre el territorio. En la práctica se afectaban aspectos fundamentales la producción

¿Cómo se articulaba esta tensión entre lo micro y lo macro político que mencionabas con los colectivos con los que trabajaban?

En ese momento nosotros nos juntábamos más que nada con los movimientos que más tenían ganas de pensar estas cosas. Se trataba más de aprender que de venir con un discurso, era más tratar de elaborar. Me acuerdo de la experiencia de la escuela por ejemplo: ¿qué es una escuela cuando no hay ninguna clase de futuro para los pibes? ¿Qué es una escuela si no hay trabajo? ¿Qué hace una escuela en medio de saqueos de los vecinos a los supermercados? Había preguntas que la realidad ponía muy directamente. Por supuesto, circulaban todo tipo de interpretaciones sobre lo que estaba pasando. Hubo una confrontación teórico-política. Más claramente con la izquierda marxista tradicional que buscaba el protagonismo obrero más tradicional y se guiaba por estrategias de toma del poder. También con parte de los movimientos más nacional-populares que tenían esta idea inclusión social, que terminó convergiendo en el gobierno de los Kirchner, y que desproblematiza mucho lo que puede entenderse por inclusión porque al final ¿dónde te estás incluyendo? Y además, ¿quienes son los incluídos? Es decir: el excluido no es ya un tipo que está incluído de una cierta forma? Lo que en ese momento nosotros decíamos era que el llamado excluído ya estaba incluido, es decir, no es que el sistema se olvidó de estas personas, sino que las produjo en esas condiciones. Y cuando se hacen planes sociales, se los sigue produciendo en determinadas condiciones que no se cuestionan.Entonces la idea nuestra era que más que seguir pidiendo inclusión y un cierto mejoramiento en el modo de ser tratado (que claramente era necesario y urgente) lo que había que aprovechar era todo ese cuestionamiento amplio para pensar todo de nuevo y abandonar todas esas categorías de precarización de la fuerza de trabajo y de segmentación de los elementos comunitarios. Nosotros veíamos el cuestionamiento al trabajo de la gente más jóven: no era un deseo de incluirse en trabajos precarios, pésimos. Era más bien una experiencia de otro tipo y esa experiencia fue subestimada. Aún hoy no se puede entender lo que pasa con los pibes jóvenes que escapan del trabajo y entran en economías informales sin hacer esta genealogía. La cosa era: pensémos la lucha como una potencia política y no como un delito, como sucede hoy. No lo pensemos como un déficit de la realidad, pensémoslo como una posibilidad. ¿Qué pasa si en vez de conseguir el trabajo precario para todos se organizan las experiencias populares que puedan cuestionar quién tiene derecho a la riqueza y en nombre de qué?. Preguntas bastante profundas a la estructura social argentina. Evidentemente no dio, no dieron la relaciones de fuerza y así como esa experiencia se acabó ahora hay otras experiencias muy interesantes que también siguen trabajando los mismos temas con otros lenguajes, y por ahí no en un tiempo de crisis generalizada

¿Qué es y qué hace esta crisis, la actual?

Creo que la situación de crisis es bien complicada ahora porque durante esos años la crisis era algo que los movimientos sociales producían desde abajo. Los movimientos sociales empujaban en favor de la crisis. La gente no aceptaba subordinarse en favor sostener la estabilidad, simplemente porque ya no tenían vida posible en esas condiciones. Me parece que la crisis ahora funciona de modo opuesto. Es el poder quien agita la crisis. No es un impulso de los movimientos. Es a los movimientos a los que se les extorsiona con la idea de que va a haber una crisis. La crisis actúa hoy como una forma disciplinante: si ustedes se indisciplinan convocan a crisis entonces prepárense, porque se va a descargar aún más sobre salarios, planes ingresos populares. Se van a perder aún más puestos de trabajo. Esto es lo que viene pasando y en nombre de esta amenaza se bajan salarios, se cortan ingresos, se echa gente. En aquel momento, la crisis venía de abajo, la gente decía  sabemos vivir en la crisis, podemos crear estrategias -como fue el club del trueque- para surfar la crisis. Es lo que decíamos antes.  Ahora la crisis funciona al revés; pertenece por entero al discurso amenazante del orden. El poder negativiza siempre el tiempo de la crisis.

¿Qué sujetos o actores protagonizaron y protagonizan la crisis y las posibilidades de articulación de la lucha social?

No solo en la crisis, durante el kirchnerismo también hubo mucha movilización social y aparecieron figuras nuevas. Creo que se podría pensar así: el movimiento piquetero tiene la fuerza de mostrar la desindustrialización, el movimiento piquetero es la muestra que el movimiento obrero como sujeto clásico ya está fracturado. El piquetero es un proletario, plebeyo sin empleo estable. El problema de la fractura del mundo del trabajo sigue siendo el mismo. La cantidad de gente que sigue sin tener empleo formal es de 30-40%. entonces la normalización de una clase trabajadora integrada y de un empleo de calidad resultó impracticable para el kirchnerismo. Ahora esa realidad toma el nombre de economía popular y gira en torno a la legitimidad que brinda Bergoglio vuelto papa. El empleo masivo de calidad es una promesa que ni Macri ni Bergoglio tienen como realizar, porque demanda de un cambio radical de estructuras. El correlato de esta situación, por abajo, es un sujeto plural, heterogéneo, aquel que aparecía ya en 2001 y no ha abandonado la escena a pesar de todo. Es necesario hacer un balance duro de la frustración que fueron los gobiernos progresistas acá (pero ojo: un balance de izquierda, no la mentira organizada y mezquina de la derecha y las élites). La idea de que la crisis era temporaria y que el capitalismo podía volver a ofrecer una inclusión sostenida no funciona. Cuando hablamos hoy de la crisis tenemos que conectar con la multiplicación  de sujetos (migrante, feriante, formal-informal, la realidad de los pibes en los barrios, las mujeres, los movimientos campesino, etc) sobre el territorio me hoy es muy evidente. El discurso nacional-popular es totalmente insuficiente para dar cuenta de esta realidad. La propia presencia entre los trabajadores de una dinámica migrante y por tanto trasnacional es un elemento contundente que hay que tomar muy en cuenta. También es insuficiente por el hecho de que el estado no dispone más de una soberanía nacional completa -nunca la tuvo, pero si funcionó esa ilusión- es decir, depende de procesos globales y es muy difícil mantener este tipo de representación nacional si uno quiere interpelar a esos sujetos de manera más radical. Y finalmente es insuficiente porque su imaginario es completamente patriarcal. Y hoy vemos hasta qué punto el movimiento social se recompone no desde la organización sindical clásica sino desde el fenómeno de Ni una menos, y sobre todo el Paro de mujeres (el 8 la movilización de las mujeres fue espectacular!). El imaginario nacionalista es desbordado por la nueva composición popular. El paro de mujeres -que expresa con una claridad absoluta como la violencia sobre el cuerpo de las mujeres es constituye el paradigma de la violencia y la explotación de todo el campo social- es el movimiento más interesante cuestionador y dinámico, el que mejor retoma las cuestiones planteadas en 2001. Finalmente hay otro sujeto que desborda el imaginario nacional-popular que es la población de varones jóvenes de los barrios pobres, adolescentes y piel oscura. Se trata de una población ala que se le dirige una guerra sistemática desde el estado. Esa guerra viene de lejos y no ha cesado nunca, si bien se ha intensificado durante el gobierno actual de Macri. Entonces, no creo que haya un sujeto sino muchos sujetos populares. Y aunque a todos ellos conviene pensarlos desde la dimensión común del trabajo, eso no puede hacerse desde una imagen estrechamente laboralista. Un enfoque así sería tan errado como querer englobarlo todo en una visión estrechamente nacionalista. Economías populares, y violencia patriarcal, clasista y racional son dos enfoques que permiten comprender la estructura de la explotación, y del movimiento de lucha, al menos en las ciudades. Y luego, desde ya, existe una conflictividad creciente y yo creo que muy dinámica en el mundo productivo, y dentro del mundo sindical. Y hay un mundo de conflictos, algunos muy importantes, que tienen que ver con la tierra y con los llamados recursos naturales. Todos esos conflictos tienen en común el papel extractivo que el capital financiero ejerce sobre los bienes comunes. Ahí están todas las luchas a nivel regional contra la ocupación de la tierra por parte de empresas agroexportadoras. Y también en la ciudad; o sea, en la periferia la lucha por la tierra de forma de valorizar terrenos, luchas por el territorio, ocupación de tierras. Eso en algunos lugares de Buenos Aires es una cosa súper dinámica.
En otras palabras, me parece que la lucha social acá nunca dejó de ser fuerte, sino que permanentemente hay producción de subjetividad disidente, y lo que no logramos es construir un macro de interpretación que supere al estado nacional popular. Vuelvo a la idea anterior. Eso se intentó en 2001 y quedó interrumpido. Por eso digo que me parece hacer un balance crudo del kirchnerismo y volver a cuestionar problemas serios ligados al modo de pensar el estado, el problema de la conducción política, es decir, todo el problema de la toma de decisiones por parte de los muchos en lucha. En todo caso hay dos puntos que a mi me parece que están muy en discusión que son: cómo se pueden poner límites concretos a la avanzada a las políticas neoliberales, creo que eso es una pregunta del 2001 que hoy está intacta. Y la segunda creo que es ¿cómo se arman procesos de decisión colectiva? Como preguntas me parecen fundamentales. Se hicieron en el 2001 y hoy siguen planteadas.

¿Cómo han cambiado desde la crisis pasando por el Kirchnerismo hasta ahora las formas de manifestación política?

El kirchnerismo dejó una sociedad un poco diferente. Es que antes la crisis del poder político era muy grande. Ahora hubo una reposición del poder político por lo tanto la capacidad del poder político de dar pasos hacia adelante, pasos atrás, redistribuir recursos, es infinitamente mayor que en aquel momento en que entre el 20 de diciembre del 2001 y el 1ero de enero del 2002 hubieron 5 presidentes. Ahora tenemos un presidente de la derecha empresarial que sabe operar con movimientos sociales, con reclamos, con demandas. Y después los sindicatos crecieron muchísimo estos años, porque se produjo empleos, hoy tienen mucho poder de organización. Hay que ver que va a pasar con otra organización interesante que es la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular), la experiencia de creación de un sindicalismo social, un sindicalismo de trabajadores informales. Parece que se toman muy en serio el modelo de organización de la CGT y se alinean con el pensamiento de Francisco. Sin embargo este tipo de organizaciones colectivas tienen mucha discusión en su interior. Como sea, estas organizaciones son mucho más reconocibles, mucho más estructuradas, mejor organizadas que las del 2001.

¿Y sientes que junto a este agarrar fuerzas de los sindicatos también hubo un agarrar fuerza de los líderes y de las bases?

Explícitamente en los sindicatos yo creo que ahí hay una crisis brutal que viene por lo menos de los años 70 y que nunca se resolvió. Que es que la dirección de los sindicatos sigue siendo una burocracia sindical que ya no es más burocracia sindical, porque eso podía ser en los 70s, hoy es una dirección sindical empresarial. Son empresarios. Lo cual lo vuelve todo más conflictivo porque en las negociaciones con el estado muchas veces lo que ellos priorizan son soluciones económicas para su propia forma de acumulación empresarial, más que de la lógica sindical. Hay una fractura en relación a un activismo sindical más de base y los viejos dirigentes sindicales. En general en los sindicatos grandes eso es muy visible y esa es la cosa también más interesante del 2001. El hecho de que no para de producirse a nivel de conflictos una militancia o una dirigencia sindical jóven mucho más ligada a los reclamos y a la acción directa.

¿Cómo se puede evitar tanto en la sobre institucionalización y burocratización de los colectivos sin caer tampoco en una efemeridad tal que haga imposibles los procesos de decisión colectiva de los que hablabas?

Cuando aparecen movimientos sociales importantes se termina produciendo alguna clase de mixtura entre movimientos muy desorganizados y segmentos muy organizados, y esa mixtura me parece que hay que aceptarla, incluso como una riqueza. Claro que es también un riesgo, porque en esa mixtura pueden pasar cosas muy diferentes; que aparezcan los grandes sindicatos, o que aparezcan grandes partidos políticos o que aparezcan movimientos sociales más institucionalizados. Pero  junto con eso aparece a veces una dinámica totalmente diferente, mucho más horizontal, mucho más espontánea, mucho más fresca. Yo tendería a evitar pensar en términos de una oposición excluyente entre ambos componentes. Me parece que el encuentro entre ambos es inevitable y porque puede haber un conjunto de comunicaciones en términos de esas dos situaciones muy interesantes también. Puede ser que a veces que algunos sectores más organizados se vean permeados por una dinámica mucho más horizontal y también puede ser que la dinámica más horizontal necesite acudir a estructuras sólidas. Siempre y cuando haya alguna garantía de que lo que se está discutiendo en común es cómo poner límites al enemigo común. Si pensamos en la situación política argentina yo creo que es lo mejor que podría pasarnos. Que la lucha del Paro de mujeres, luchas de los pibes o luchas de los barrios, puedan converger en esas preguntas con organizaciones más grandes, más pesadas, que son recorridas por experiencias de base juveniles y combativas y que se ven presionadas a tomar posiciones que no siempre son la defensa del orden.
Por ejemplo el paro de mujeres o el sindicato de trabajadores informales son experiencias que saben interpelar a las estructuras sindicales; les plantean desafíos. ¿Qué significa un paro de mujeres en argentina? Significa muchas cosas. Por ejemplo que ya no hay un monopolio respecto de quien va definir cómo se mapea la producción. Ya no es solo el ministro de trabajo y la CGT. Aparece ahora una nueva capacidad de mapeo social; una investigación militante que las organizaciones sociales puede hacer respecto de quien produce y en qué condiciones. Es muy importante esta disputa por el conocimiento de quienes produce valor social. Y por otro lado, ¿no sería interesante que los grandes sindicatos en un momento pierden el monopolio de llamar al paro? El paro es de mujeres es una acción colectiva definida a través de nuevas formas colectivas de organización más adecuadas a la composición actual del trabajo. Lo que creo que hay que pensar ahí es el hecho de reconocer que es una sociedad que inventiva -que inventa sindicalismo donde no lo había, estrategias de paro donde no las había, inventa formas de mapeo social donde no los había- es una sociedad que está necesitando un modo de pensar su propia capacidad de organizar contrapoderes, que es un poco a nosotros lo que siempre nos interesó pensar.
La pregunta por la investigación militante se hace clara desde este ángulo: ¿cómo se hacen talleres en donde los nuevos sujetos puedan elaborar nuevas categorías? ¿cómo se arman estrategias que potencien esa imaginación colectiva? Me parece que esa es la pregunta de luchadores, militantes, artistas, intelectuales desde una pespectiva de contrapoder. Y es una pregunta muy desestructurante porque los artistas y los intelectuales queremos ser nosotros los que enseñamos! Y cuando aparecen sujetos de este tipo no hay lugar para diseños tan narcisistas como los que solemos imaginar. Lo que es muy interesante son estrategias más sucias, más frescas, más territoriales, que a nosotros mucho no nos gustan, que nos generan mucha sospecha, pero que sin embargo nos interpelan. ¿Ustedes que son tan imaginativos cuánto se pueden organizar con un grupo de contrapoder laboral, territorial?

¿Qué pasa con el cuerpo en estas nuevas luchas?

Hay mucho fetichismo con el cuerpo. Hay mucho discurso neoliberal con el cuerpo, es el lugar donde el neoliberalismo más disfruta; producite, cuidate, tu imagen, mostrate, glorificate. Y hay mucho del activismo contemporáneo que a mi me irrita un poco en ese punto. Se hace auto-celebración: acá estamos luchando, acá estamos, mucho facebook, mucho mostrarse. El cuerpo neoliberal aspira a ser imagen, placer y poder. Quiere mostrarse que por sí mismo como realización de la potencia. Y yo creo que el cuerpo de los contrapoderes es un poco diferente. Es un cuerpo constitutivamente afectivo, donde la dimensión sensual-comunitaria es más fuerte que la del individuo que realiza la potencia. Y después está la cuestión del cuerpo católico, que enfatiza en el cuerpo de la víctima y de la mujer, que promueve un tipo de comunidad sin sensualidad. El cuerpo católico recobra fuerza porque ayuda a poner límites al neoliberalismo al neoliberal, pero con un costo altísimo: el cuerpo católico es consubstancial con el neoliberal. ¿Es posible, en el caso argentino frenar la aspiración auna ley de aborto? A mi me gustan mucho las cosas que se vienen pensando por este lado de lo comunitario sensual; del cuerpo como afectividad. No tanto como imagen. Y eso supongo yo que implica algo que es muy complicado de hacer ahora que bancarse juntarse con otros. Es decir, más allá de nuestra conciencia, de nuestra buena voluntad, de nuestros discursos ¿qué capacidad tenemos de crear territorios existenciales? ¿De crear afectos? Sin luchas eso es imposible de pensar.

¿Dónde vislumbras destellos de esto?

Creo que más que ejemplos, nos toca luchar sin modelos. Tenemos que pensar más a fondo el Paro de mujeres Son marchas, son experiencias donde aparece algo de reconocimiento. Todas las chicas que están participando de esas experiencias es desde una fuerza parecida, desde un reconocimiento, de una variación con respecto al miedo. Esa experiencia me parece muy interesante. Con muchas preguntas también; a donde va a ir eso, va a durar o no va a durar? Hay muchísima gente que desconfía de ese tipo de movimiento, lo ve todo muy light, como muy de clase media. Las cosas que yo conozco muestran que eso no es cierto. Se trata de una experiencia que interpela mucho, que desestabiliza el campo social entero. Raquel Gutiérrez afirma que lo que está surgiendo es una “política en femenino” que desestabiliza todas las categorías, no es política para un grupo. Y la posibilidad misma de que el cuestionamiento a la violencia patriarcal pueda atravesar desde la vida en un barrio hasta la vida familiar, hasta la vida laboral, muestra que no se trata de algo acotado sino con un inmenso potencial. Esto es lo más interesante que yo veo dando vueltas. Y es una situación muy interesante también porque para muchos de nosotros, los varones que tenemos discursos sobre las cosas, se nos plantea una pregunta sobre qué actitud tomar ante un movimiento que se plantea como movimiento de mujeres. Porque queda la pregunta de ¿quién es el violento? ¿qué es lo que pasa a través nuestro? La imposibilidad de tener un discurso rápido sobre estas cuestiones es muy auspicioso, hace pensar que el movimiento es realmente muy eficaz y que está poniendo preguntas reales: está molestando!. Ahí hay algo. Esperemos que el movimiento no se recueste sobre una dimensión de sector, o específica y que pueda atravesar y recorrer todo el campo social. Tenemos que ayudar a que ocurra eso. No hay sitio que no esté estructurado por la llamada violencia patriarcal. Comencemos por comprender que violencia patriarcal es estructurante de la economía neoliberal. O sea, no podemos perdernos estos enlaces fundamentales.

¿Cuán capaz o no te parece la democracia de contener este tipo de transformaciones? ¿De escuchar este tipo de luchas como una lucha en femenino?

Yo creo que la democracia liberal no tiene ninguna capacidad. Solo trata de neutralizar y desactivar. La democracia liberal hace pases al patriarcalismo y al neoliberalismo. Ofrece posibles, e impide que creemos posibles nuevos, nuestros. No le veo ninguna chance a la democracia liberal de poder construirse en una especie de aliado de los movimientos. Otra cosa es cuando uno enfrenta la palabra democracia a secas. O sea, estamos obligados a imaginar cómo transformar la democracia liberal en otra cosa que sí sea una democracia en el sentido que le daba por ejemplo Spinoza: democracia es articulación libre de la potencia común. Pero para eso hay que cambiar de teoría política. Ni la liberal ni la populista. Hace falta una teoría política de lo contrapoderes. Es decir, una actividad concreta de limitar al liberalismo, al patriarcalismo, al racismo, a la explotación social; son todos movimientos convergentes. Cuando pensamos en procesos de toma colectiva de decisiones ya estamos discutiendo la democracia. Pienso que podríamos pensar la democracia en términos de un trabajo muy fuerte de combinar diferentes subjetivaciones del campo social en vistas a un cambio de estructuras. Me parece que eso destroza la idea de mayoría, minoría, de público y privado, del voto y del representante, y nos fuerza a pensar de otra manera los mecanismos colectivos. Me parece que ese es el programa de mínima de los procesos sociales. Salir de esta democracia liberal es dificilísimo; está super instalada y está en el corazón mismo del capitalismo.

Pensando en la diferencia entre movimientos de identidad grupal y movimientos más de subjetividad producida en común cómo ves a los sindicatos como actores de las luchas políticas?

La función sindical de defender los intereses de los trabajadores frente a la producción sigue siendo una tarea fundamental. Donde el capital va logra quebrar colectivos de trabajadores e intensificar la explotación profundiza más en la devaluación material de la vida. Al sindicalismo no me parece que podamos repudiarlo en los términos de una sensibilidad antiautoritaria. No me convence mucho esa situación de decir bueno nosotros más horizontales, más autónomos no queremos el sindicato. Mejor sería asumir que si no queremos esos sindicatos-mafia que también conocemos estamos obligados a concebir de alguna manera un nuevo sindicalismo social, es decir, hay que hacerse cargo de la necesidad de sostener demandas colectivas y de fijar límites a los avances del capital. Proteger salarios, ingresos, de proteger salud pública, me parece que cuestiones vitales. Ahora, hacer política es activar procesos que combinen esta defensa de lo público con momentos de alteración de la percepción sobre las categorías sociales. No creo que ese nivel de cuestionamiento vaya a surgir de las estructuras sindicales como tales. Esas cosas surgen como aquí, ahora, cuando el movimiento de mujeres, cuestiona la percepción que nosotros tenemos de lo que es un hombre, que es una mujer, de quién tiene derechos a hacer una cosa y quien tiene derecho a hacer la otra. Se trata de cuestionamientos profundos que alteran la percepción general. No veo contradicción en pensar las dos cosas, con todas las tensiones a veces violentas que conllevan. Los movimientos deberían permitir crecer la dimensión sindical, que la dimensión sindical también cambie sus percepciones. Ahí se podría ver un juego más interesante ahora no por supuesto con los sindicatos mafia o los que son directamente parte de las empresas. Ahí hace falta una ruptura.

La irrupción de algo que no se sabe.

Me parece que eso es muy importante para la investigación militante. Saber qué se está moviendo y saber si hay algo en uno que tenga la capacidad de moverse. Porque el diálogo que se mueve es inventivo. Por ejemplo el conflicto que hay en Bolivia entre las Mujeres creando y los sectores más identitarios y esencialistas de lo indígena desde un patriarcalismo absoluto. Hay un problema de lenguaje. Decimos “indígenas”, “mujeres”, “jóvenes”, “trabajadores”, pero hay que pensarlas como figuras de desplazamiento, no como identidades plenas (como las piensa el neoliberalismo). El indígena construido por el poder neoliberal es un indígena de decoración. Ahora, cuando lo que hay es un desplazamiento de esa situación y lo indio aparece como una pregunta que cuestiona es otra cosa. Es lo que hablamos de las subjetividades de la crisis aquí en 2001. Los movimientos sociales se vuelven interesantes cuando logran mover lo social, cuando hacen pensar! No se trata de articular demandas sino de articular cuestionamientos!.

Creímos que podíamos hackear la democracia desde adentro pero la cosa se dio vuelta y quedamos atrapados en ella. ¿Cómo pensas en esta necesidad de que aparezcan actores que descoordinen los lugares asignados para cada actor y sus demandas?

Pongamos el ejemplo de los derechos humanos en argentina. Por un lado se consiguieron cosas muy concretas en términos de condenas a genocidas; por otro lado la sociedad ya no tiene dos versiones sino una sola de lo que ocurrió con el terrorismo de estado. Se trata de una victoria absoluta de los organismos de derechos humanos como Madres de Plaza de Mayo. Y al mismo tiempo aquí hacen falta nuevos organismos, una nueva percepción de la violencia socio-territorial para cuestionar la violencia del estado y la violencia de las empresas y las bandas sobre los territorios. No pueden ser solo los familiares del terrorismo de estado. Se debe aprender mucho de ahí, hay toda una sensibilidad que viene de esas luchas que es nuestro mejor punto de partida, pero hacen falta nuevas experiencias y organizaciones. Hace falta relanzar la investigación política las formas de acción colectiva, las formas de narrar y de confrontar. Así como hace falta retomar de otro modo la función sindical es preciso retomar la acción comenzada hace décadas por los organismos. No creo que estas invenciones vayan a darse como una ruptura absoluta con organizaciones de otras generaciones, de otros años o con gente que tuvo una expectativa mayor en esta dialéctica de la integración. Por ejemplo las paritarias, son muy importantes, no se puede ser indiferente al hecho de que haya o no paritarias que es donde los sindicatos negocian los salarios. Pero no alcanza con eso. Entre micro y macro hay unas articulaciones tan complejas y hay temporalidades tan diferentes que hay que conjugar. Si ponemos otro ejemplo las luchas en argentina llamadas ecologistas por el agua, contra las mineras, no tienen prácticamente vinculación con las luchas por justicia social de los trabajadores. Han corrido en dimensiones totalmente desencontradas, como se inventan ahí puentes y encuentros? Porque no hay ninguna razón obvia, ninguna razón natural; lucha de género, lucha laborista, diferencia seual ,lucha socioecologica. Como se van a ir armando comunicaciones es un problema de invención. Hace falta ahí un trabajo de traducción, hace falta ahí trabajo de crear. Crear zonas comunes.


*Esta entrevista es parte de una investigación sobre movilización social y coreografía realizada por Nadia Lartigue, Juan Francisco Maldonado, Lucía Naser y Esthel Vogrig.